jueves, 31 de julio de 2014

Palabras sobre el libro Sin Paréntesis

Agradezco en primer lugar a la familia de Carla, al editor de este libro -con doble militancia, por cierto-, y a Editorial Catalonia la posibilidad de decir algunas palabras a la hora del lanzamiento de Sin Paréntesis.

Nunca he sabido por qué los libros se “lanzan” en vez de entregarse, de lugar de ser acogidos, protegidos.
Quizá es que los libros son como los hijos, que se lanzan como una flecha sin destino claro al momento de nacer, sin que sepamos qué curso tomarán.
He leído este libro con atención y recogimiento, como quien escucha cierta música: primero, suena una breve obertura; luego un dúo, al que de inmediato le sigue un solo a capella;  después un trío y al final una coda, como la llama el propio editor. Curioso como texto musical, válido como metáfora. Al terminar la escucha-lectura, emerge una sensación de armonía espléndida. Este libro plural, polifónico y complejo en su arquitectura, ejecutado a varias manos, texturado a la vez que sencillo, es como la suma de Carla. Simple, inmediata y verdadera en su risa; compleja y profunda en su mirada, en su búsqueda. Carla fue vertical como su nombre, horizontal como su vida.
Admiro, amo y también temo, la capacidad y coraje de los padres de Carla. Fanny y Mario producen un texto que relata de manera sincera y profunda la evolución de esa hija enfrentada al último de los dilemas, pero además a su antesala: la enfermedad y el dolor; el tránsito vivido por ella, y también por ellos, aunque no lo digan por pudor o por prudencia. Pero que además dibuja en respetuosos y delicados trazos el proceso de encuentro con aquellas nuevas ideas, posibilidades, caminos y vidas por las que anduvo Carla en esos años finales. Estos padres componen un dúo –de cuerdas, imagino-. Y que, a través de sonoridades melancólicas  aunque vibrantes, intensas, nos hacen partícipes de cada paso vivido por Carla desde el diagnóstico hasta el fin.  
Cuando decía que también temo, no hablo de mi muerte. Temo a la sola posibilidad de experimentar lo mismo que ellos. Adhiero a ese temor de las madres y los padres cuyas propias muertes se retrasan ante la muerte de sus hijos. Cuántas veces vinieron ellos, Mario, Fanny, a despedir a este mismo lugar y a tantos otros lugares como este, a los hijos e hijas que exterminó de manera brutal el Terror  y el odio implacables. Pero entonces no quedaba más que pensar en la vida posible, en la futura vida. Intentábamos entonces vivir, amando y rescatando cada minuto, aferrándonos a los nuestros y a ciertos ideales.
Aunque no fueron mis profesores en la academia, la Fanny y el Mario fueron un ejemplo de consistencia y valor, siempre estaban en la primera línea de rechazo y de combate frente a la dictadura, literalmente. Andar cerca de ellos en la calle –algunas veces lo hice-, era siempre sinónimo de recibir al guanaco o al zorrillo en las calzadas de esta ciudad de entonces, amarga, sitiada, estrecha y fría.
Una risa conocida da comienzo a una sesión en que se afinan los instrumentos, el ambiente es distendido: puede ser jazz. Pero la consigna es clara: los instrumentos estarán en silencio. La voz ataca de una sola vez, sin lugar a calentar la garganta; se asemeja a una antigua cantante de blues, aunque a veces suene a una de fados. El silencio ahora es completo, excepto su voz. Carla emprenderá cuatro temas, uno por año de enfermedad, más un tema final de reflexión. Los entendidos intentarán descifrar el ritmo, el registro. Pero, Carla sigue teniendo un ritmo propio, indefinible, singular hasta siempre. Inventa temas ya tratados hasta el cansancio y los revierte, dejándolos como recién creados. Y es que ella está ahí, donde las papas queman, como siempre. Pero al mismo tiempo está pensando, creando, imaginando, creyendo. Y después, meditando. O antes, durante. Y después también.
Me recuerda la lectura de Carla a algunas que he hecho de Susan Sontag, una autora norteamericana ya fallecida hace años. Escritora lúcida y a contracorriente, necesitó dos cánceres para morir. La Sontag, ensayista y novelista espléndida, me enseñó más cosas que mis lecturas especializadas sobre la enfermedad y sobre el morir, y que me siguen siendo útiles para mi trabajo con pacientes, parejas y familias con miembros afectados de cáncer u otras enfermedades terminales. Estoy seguro que así me servirá este libro también, como no me cabe que servirá en mi vida. No se trata de una lucha; no es este un conflicto bélico, decía Sontag. Aquí no hay misiles, no hay tanques, no hay aviones de combate; tampoco hay lucha cuerpo a cuerpo. Hay un cuerpo afectado- eso sí-, latidos diferentes, crecimientos inesperados,  sistemas que se des-diferencian de modo inapropiado, que se tornan ajenos; alguna región de la comarca envía mensajes erroneos, y proliferan en un territorio indebido.  Tanto Carla como Sontag divulgan una manera similar de apropiarse de la enfermedad, marcando la diferencia con del saber habitual. La enfermedad, tanto como la muerte, nos es propia, parecen decir a coro. El tumor hace parte de nosotros y nos constituye. La enfermedad no es externa. Nos hace parte. Pero no somos capaces de eliminarla con la sola voluntad. Tampoco la producimos, eso no. Eso sí que no.                    
El tiempo es implacable, y me avisan que se agota. No alcanzaré a hablar in extenso de ese trío  hermoso que antecede a la coda. Tampoco de la coda. Pero bueno. Para eso está el libro.  Las palabras de los presentadores son arrastradas con el viento de este invierno, lentas, pero definitivas.
Queda el peso, la sustancia y ese maravilloso aroma a tinta fresca que acompaña a los libros liberados, recién lanzados a la vida. Vivos.
Gracias.     

Rodrigo Erazo (Julio de 2014)                                                                                                                        

martes, 1 de julio de 2014

Abuso y Trauma Relacional; a propósito del seminario Ackerman de mayo 2014:


Este mayo nos acaba de visitar Fiona True, quien nos habló y ante todo compartió un modo de estar en terapia esperanzador frente a situaciones de trauma relacional severos, como es el caso de situaciones de abuso sexual intrafamiliar.  Mostrándonos didáctica y amorosamente que  es posible estar allí para el otro, para las familias que consultan y/o son derivadas, de un modo generoso, protector, dignificando y honrando la vida y la complejidad de las relaciones humanas.

Fiona compartió con nosotros su quehacer, señalando como trauma, toda aquella experiencia en que un  niño/ niña (cualquier persona),  siente que su seguridad emocional ha sido rota por la ausencia de cuidado de quienes se espera lo protejan, en que se traicionan la confianzas y/o se rompen las conexiones familiares seguras. Nos plantea desde el inicio de la jornada uno de los dilemas y desafíos de la terapia en este contexto: generar conexiones y re conectar, a través de una mirada comprensiva.

Respecto de situaciones de abuso sexual, Fiona nos plantea diversos dilemas: las familias viven una intensa vergüenza por lo sucedido,  por la perpetración del abuso, se preguntan qué ocurrió, por qué no se pudo cuidar a los más vulnerables, generando como defensa la negación y una tendencia al silencio. El desafío es hacer emerger historias de dignidad en estas familias, integrar historias de orgullo, en que puedan verse y reconocerse no solo a través del abuso sexual, sino a través de  diversos otros lentes, otras perspectivas, sin dejar de considerar la situación traumática. Como terapeutas  señala “le préstamos lenguaje a las familias...”  para lo cual les  ha sido muy útil la mirada narrativa, que implica salirse del paradigma víctima / perpetrador, ver los diversos aspectos del otro, ver en el perpetrador al otro con toda su historia de vida, conocerlo más allá del abuso, conocer aquello señalado como  “portarse bien” en el relato de los niños y sostener la complejidad de que se puede sentir afecto y odio a la vez.

En el espacio terapéutico propone el uso de diálogo de decisiones, desarrollado en el Instituto Ackerman de  NY junto a M. Sheinberg y su equipo. En el proceso terapéutico se integran sesiones individuales con sesiones familiares, dentro del marco sistémico. Desarrollaron esta modalidad al advertir que si bien los niños tenían un espacio privado, no querían hablar; mientras más preguntas se les formulaban, más riesgo  de que  se sintieran bajo coerción. Por tanto, se plantearon cómo generar espacios de integración sin ser coercitivos, generando diálogos de decisiones en que se definía con el niño-niña qué era pertinente compartir con la familia y qué no, cómo y cuándo hacerlo. Conversar de lo que era posible hablar, que  preocuparía de hacerlo, de contarlo a la familia y de llevarlo a cabo, honrando así el espacio familiar y  el apego.

En este proceso terapéutico de diálogo de decisiones, el objetivo de la terapias con  los niños es que tengan voz, un espacio que de cabida a sus voces sin que se sientan presionados, que sean escuchados e invitados a hablar desde una polifonía, donde  no sólo este presente la voz del trauma, promoviendo  de esta manera, el sentido de agencia.

Con los padres, el objetivo es procesar la situación traumática y generar narrativas para aquello, de modo que puedan acoger al niño.  Suele ocurrir que aquella madre que no supo o no pudo proteger, está en su propio estado de shock sin una narrativa coherente, por lo que también necesita tener un tiempo y espacio para elaborarlo.

Otro dilema que nos contó, fue el que implicaba salirse del esquema terapéutico que incorporaba el tema del perdón como un hecho constitutivo del proceso y/o instalado prematuramente, donde el niño debía perdonar, lo que resultaba un tanto incongruente. Plantea la cautela y paciencia inicial frente al perpetrador, al que hay que conocer, en espacios diferidos del niño/a,  entrevistándolo con empatía, para abordar lo que pensaron y  sintieron, para luego  intentar que logren hacerlo desde la perspectiva del niño o niña, de cómo lo vivió, considerando esto, como un proceso lento.

Compartió con nosotros  diversas viñetas clínicas (videos) que ilustraban el  proceso de terapia. Conmovedor fue el uso de diálogo de decisiones en un caso clínico de abuso sexual,  una historia dolorosa, con escenas muy emotivas, en que el foco estaba, a través de diálogos diversos, en la contención y reconexión de la relación materno filial, por cuanto la transgresión de la sexualidad se filtró en la relación madre e hija. Rescatando además desde el relato de la niña y a través de sus ojos, al padrastro, más allá del trauma, destacando lo positivo que recordaba de éste. Escenas terapéuticas en que nos enseñó a  abordar lo sucedido mas allá de los contenidos, a hablar sobre lo difícil que esto se hace, a respetar el ritmo, aclarar que en el proceso de terapia no se está tras la evidencia, que procura conectar lo sucedido y lo que piensan, con la emoción asociada,  abordando los dilemas  del secreto, los entramados de la culpa, los temores y  la depreciación, integrando lo construido en el  espacio individual de la niña y de la madre en un espacio común.

Nos mostró cómo esta madre estaba muy confusa, avergonzada de no haberse percatado, de no ser protectora, y cómo la ayudó a procesar el impacto de reconocer que se ha vivido con  alguien que creía conocer y que hizo algo inimaginable a una hija. Nos planteó como intervenir con el agresor, entender qué es lo que evita, qué impide que tome la responsabilidad de los hechos. A veces es tan avergonzaste asumirlo, que lo niegan recursivamente. Recordar que el abuso sexual  es el peor tabú, es lo que no queremos ver a pesar de lo frecuente (una de cada cinco mujeres ha  sido agredida sexualmente), nos induce a no estar  alerta, a minimizar.

Quienes asistimos al taller, tuvimos la oportunidad de verla trabajar en una consultoría en vivo con una familia que presentó generosa y amorosamente la terapeuta a cargo y su equipo. Una familia con cuatro hijos, al momento de la sesión a cargo de la madre, que han sufrido en los últimos años diversos traumas, entre ellos la pérdida reciente del padre. Fiona, tras escuchar la historia, curiosea los motivos de supervisión señalado por la terapeuta, toca sutilmente la persona del terapeuta consultándole si puede decirle qué le sucede con la familia… Fiona escucha “la fantasía salvadora”, del deseo de llevarse a los niños a casa y nos cuenta que cuando se topa con esta sensación, con este deseo, se plantea para si la hipótesis de una parentalidad vulnerable, a la que hay que estar atenta.  Dice percibir un sentimiento de caos y deseos de rescatar a los niños, tal vez de estar a cargo, o de que alguien esté a cargo.

Antes de ver a la familia quiso saber cómo eran antes de las vivencia traumáticas,  saber de sus fortalezas, de qué era posible hablar, de las relaciones entre ellos, las redes familiares, qué sentimientos evocan las vivencias vividas, cuanto ha sido o no compartido. Nos comenta que advierte que es una familia muy limitada en esto de hablar, que actúan mucho y donde la hija pequeña ha sido protegida al no ponerla al corriente de ciertos hitos dolorosos, aunque la pregunta es si está protegida o no... Los contenidos son dolorosos… propone la técnica de hablar acerca de “qué hablar”, “quién sería bueno para hablar”, “para quién sería más fácil”, “qué podría ocurrir”, “qué significa para ellos comenzar a hablar”, “Si esta familia hablara abiertamente de lo que sucede, quién se preocuparía más”, “a quién le ayudaría  aquello”. Así sacar fuera poco a poco algunos de los temores. Consulta con la terapeuta como estructurar la sesión, le interesa cuidar la alianza terapéutica, sabiéndose ella una visitante, la invita a desarrollar en sesión diálogo colaborativo, recordando a Tom Andersen.

En sesión la observamos presentarse, transparentar con la familia la información que ha recibido y el deseo de conocer otros aspectos, como por ejemplo, aspectos de la familia de los cuales están o se sientan orgullosos, consulta a la madre y a cada uno de los hijos, a través de preguntas relacionales, incorporando y honrando la figura del padre, llegando al diálogo respecto a qué es posible hablar, que temores albergan , que supuestos manejan, cuales comparten, emergiendo el temor del hijo de perder a su madre, valida los temores por cuanto frente a la vivencia de traumas  el temor es muy presente, uno procura que la vida sea predecible les señala Fiona, lo que a veces acentúa el control. Invita amorosamente a la madre a ayudar a sus hijos a que acudan a ella, que conozcan su fortaleza y no sólo su vulnerabilidad. Aborda la parentalización de una manera delicada connotando la preocupación recíproca entre los hermanos. Les devuelve a la familia su visión, un mensaje de esperanza comunicándoles su deseo: que pudieran hablar más abiertamente de lo doloroso y que igualmente es posible estar de pie y que eso no los hará colapsar,  pues los advierte preocupados unos de otros, orgullosos, agradeciéndoles la valentía de estar allí. La madre recoge la invitación a hablar, consulta cómo y se la invita a la sesión siguiente para hablar de temores así como posibilidades  de liberación y luego traer nuevamente al grupo. Plantea con la familia que al parecer el dilema actual, el desafío  como grupo, es el de seguir conversando acerca de si mismo y sus relaciones.

Las reflexiones con el equipo tras el espejo fueron diversas, Fiona compartió en qué estaban sus pensamientos en sesión con la terapeuta y el equipo, recibiendo su vez diversos comentarios que enriquecieron y complejizaron la mirada de la familia y el  proceso terapéutico. Como terapeuta  vimos en acción aquello que nos comentó el día anterior:  facilitar la conexión respetando y considerando la experiencia de la familia, sosteniendo una actitud cálida, empática y auténtica, características que señala necesarias para el terapeuta.

Y a mi parecer  fue así como la vi, atenta, cercana, respetuosa, curiosa del otro, procurando enriquecer perspectivas, que estas perspectivas dialoguen entre si generando nuevos emergentes relacionales, invitando a todos los integrantes de la familia a participar de las decisiones de su vida y a mejorar sus vínculos… , fue una hermosa experiencia, y agradezco a todos quienes en el IChTF hacen posible cada encuentro/seminario Ackerman .


Tamara Rivera Rei,
UNA IChTF,
junio 2014.



viernes, 6 de junio de 2014

Mirando al sudeste (en el ICHTF)

- “Dr., a mi lo que me duele es  alma, la gente me habla y me dice lo que tengo que hacer, pero a mi me cuesta mucho.... no sé cómo salir de este cascarón.  
-“Yo no sabía lo que me pasaba hasta que el Dr. me dijo que yo era bipolar. En mi familia saben de mi historial  clínico y se dieron cuenta que no me podían exigir mucho porque me puedo descompensar.

Este relato no solo no da cuenta de un dolor psíquico intenso. También nos habla de las implicancias en las relaciones familiares y de cómo un diagnóstico mental puede organizar, aliviar y al mismo tiempo puede entrampar a las personas.

Hace 60 años los precursores de la terapia familiar comenzaron a  observar y reflexionar en torno a personas y familias en que a uno de los miembros se le había diagnosticado un trastorno psiquiátrico grave. En parte, por allí se construyen  los conceptos de doble vínculo y madre esquizofrenógena que aunque no tiene la misma validez etiológica inicial, dieron el fuerte puntapié a la terapia familiar en Estado Unidos. También con enfermedades psiquiátricas lo hicieron Wynne, Bowen, Stierling, Selvini Palazzoli, Leff y tantos otros importantes en el desarrollo de teorías y prácticas de la terapia familiar.

Y no es que queramos seguir esa brillante trayectoria de tan destacados pensadores o clínico,  sino que nos conmovimos con estos relatos que se nos vuelven frecuentes, por trabajar en instituciones psiquiátricas o en el ejercicio de la psiquiatría convencional.

Aquello que llamamos “enfermedad psiquiátrica” afecta también a otros miembros de la familia en múltiples dimensiones intensidades y tiempos. Puede ser muy devastador pues interrumpe la continuidad biográfica de la persona afectada y genera  mucha incertidumbre, especialmente aquellas en que la conducta es disruptiva o incomprensible. Por esta última razón, a veces el diagnóstico realizado por un médico,  puede resultar aparentemente aliviador pues disminuye esa incertidumbre. Puede tener algunas ventajas porque puede liberar de responsabilidades por las conductas que dañan a otros. Puede tener desventajas porque se mantiene en control y restringe la libertad y autonomía de la persona.

Siguiendo los modelos para una enfermedad crónica en la familia, hay consenso  acerca de la función que cumple la familia en cuanto a la mejor adaptación a la enfermedad. La familia puede llegar a ser mantenedora de síntomas o por otro lado ser excesivamente protectora alterando más de lo necesario el desarrollo del proceso de individuación de sus distintos miembros.

¿Qué es lo que sugerimos tomar en cuenta a la hora de atender a estas familias?

Considerar que es común un extenso tratamiento previo a la derivación: Algunas veces las familias tienen un largo trayecto de tratamientos e intervenciones terapéuticas del más diverso tipo. Esto se traduce en un agotamiento y desesperanza. Otras veces puede traducirse en agresión debido a las repetidas experiencias de fracaso anteriores. Algunas veces la agresión puede tocar a los terapeutas, ya sea por tener expectativas demasiado altas para ese proceso terapéutico, o porque en la terapia se demanda un cambio que la familia no puede realizar.

Considerar que son familias con una fuerte homeóstasis en las relaciones familiares: Asociado al párrafo anterior, las familias han logrado una estabilidad luego de muchos pasajes y dificultades. Una estabilidad que es mayormente incomoda, por eso solicitan ayuda. Pero esa estabilidad la cuidan mucho por el temor a volver a estados anteriores de mayor sufrimiento. Puede ser que por esta razón diversos autores las describan como familias resistentes, familias difíciles o familias rígidas.

Considerar que frecuentemente se dan interacciones negativas o criticas: El criticismo, la hostilidad y el sobreinvolucramiento ,  forman parte del constructo EE (Expresed Emotion) del Británico Jullian Leff. Esta variable ha mostrado ser de la mayor importancia en la evolución de la enfermedad mental. Ha de tenerse en cuenta en el lenguaje y las formas de decir las intervenciones, pues los miembros de la familia suelen ser muy sensibles a percibir crítica y hostilidad. También sugerimos buscar formas, en el dialogo familiar, para que sea posible expresar distintas emociones en la familia, reduciendo lo más posible la crítica o la hostilidad.   

Considerar, en el dialogo con la familia, poder diferenciar conductas NO asociadas a la enfermedad, de aquéllas propias de la enfermedad. Este es un gran capítulo en muchas familias. Algunos miembros de la familia tienden a interpretar todas las conductas como derivadas de enfermedad y otros,  en la misma familia,  pueden  hacerlo  a la inversa y rechazar toda conducta en referencia a ella, muchas veces definiéndolas como manipulación o exageración de los síntomas. Si se incluyen demasiadas conductas dentro la enfermedad, la persona puede quedar con liberación de responsabilidad o de funciones en las interacciones. Si se incluyen demasiadas conductas como manipulativas, tiende a invalidarse aspectos que pueden generar gran reactividad emocional y aumento de la hostilidad.

Considerar “darle un lugar a la enfermedad y colocar la enfermedad en su lugar”. Esta frase muy común y muy valiosa, resume bastante los puntos anteriores. Es necesario que la familia no quede organizada por la enfermedad sino que deberá buscar un equilibrio entre los requerimientos de la enfermedad y los requerimientos de los distintos miembros de la familia. Nuestra mejor tarea de terapeutas será participar con la familia  en identificar mejor estos dos aspectos: Por un lado reconocer en donde puedo influir por lo tanto ser más efectivo v/s reconocer aquéllo que no se puede cambiar y aceptarlo.

Rodrigo Rivera G.
Unidad de terapia Familiar y Enfermedad Psiquiátrica UFEP.
Instituto Chileno de Terapia Familiar


martes, 6 de mayo de 2014

Las pérdidas públicas y privadas

En tiempos de catástrofe, como los que hemos presenciado en el último período en Chile por el terremoto en el Norte y el incendio en Valparaíso, nos vemos expuestos al horror crudo de la tragedia masiva, sea ésta causada por obra de la naturaleza o por la mano del hombre. Y frente a la cobertura mediática, miramos escandalizados las imágenes escalofriantes de una realidad social que apela a nuestras conciencias y a nuestro sentido más profundo de solidaridad.  De manera genuina e intuitiva, multitudes de jóvenes parten a remover escombros y a otras tareas de emergencia; se movilizan en camiones repletos de enseres y vestimentas y organizan albergues desorganizados. Surgen de forma espontánea ¨animadores¨ que con sus músicas, risas y alegría buscan dar aliento a los que perdieron todo.  Las instituciones nacionales se ponen en alerta y generan recursos; las internacionales envían cooperación.  Los ¨temas sociales¨ abren debate en los medios escritos, radiales y televisivos sobre qué medidas debieran tomarse para mitigar o erradicar la pobreza de los cerros: no importa si en el Norte, en el Centro o en el Sur.

La prensa, en su afán por cumplir con el objetivo de informar, ingresa a la intimidad de los hogares y a la vida de los que perdieron todo y sin el menor pudor, escudriña el dolor ajeno, que termina por perder su calidad de ¨rostro sufriente¨, haciendo alusión a Levinas (en Orange, 2010), y se cosifica la imagen de la tragedia.

En una especie de ¨festín frenético¨, todos nos sentimos interpelados a participar de alguna u otra manera en la reconstrucción y reparación del desastre causado por la naturaleza y amplificado por una sociedad tan desigual como la nuestra. Pero esta respuesta solidaria, conmovedora, frenética en un primer momento, que como espectadores, nos alivia de la culpa y responde a una necesidad imperiosa y urgente de aplacar las carencias más básicas de los afectados por las catástrofes, esconde otros matices.  O al menos, no logra abarcar la complejidad del fenómeno que se vivencia tras esa experiencia de pérdida. Desde el lugar en que nos toca presenciar estos acontecimientos y desde lo que somos - o soy, prefiero arriesgarme y asumir mis palabras - me pregunto: ¿el ¨festín frenético¨ de estos días es sólo una respuesta solidaria, altruista y honesta o es una manera de alejarnos del dolor, de la vulnerabilidad, de la angustia que nos provoca la fragilidad humana, nuestra propia fragilidad? Quizá se trate de una mezcla de los dos.  Pienso que al tratar de reemplazar rápidamente la angustia y la tristeza por manifestaciones de entusiasmo desbordante y esperanza en un mejor porvenir, estamos evitando contactarnos con sentimientos dolorosos, abrumadores,  angustiantes y opresores, propios de situaciones de pérdidas.  Los que han vivido pérdidas devastadoras, saben que el mundo se divide en dos: los normales y los traumatizados, como tan bien lo describe Stolorow en su libro, Los Contextos del Ser (2004).  

Las familias damnificadas perdieron mucho: perdieron la casa, local de trabajo, las pertenencia atesoradas a través de años de esfuerzos, las entrañables fotografías de sus seres queridos, sus fieles mascotas, algunos perdieron amigos, vecinos o incluso a un familiar. Esas familias están en duelo.  Esas familias necesitan del frenesí pragmático para levantar sus viviendas, conseguir nuevos puestos de trabajo, reconstruir escuelas, carreteras, centros de salud emplazados en mejores sitios. Pero también necesitan tiempo y recogimiento para masticar y digerir el horror que sufrieron.   El duelo implica un trabajo de elaboración psíquica, desde el impacto emocional causado por la tragedia -en estos casos abrupta, inesperada y carente de sentido- hasta la aceptación e integración de la realidad de la pérdida sufrida. Pero ese trabajo de duelo, en el mejor de los casos, facilitado por colegas,  no se puede apurar.  No es compatible con el ímpetu de los jóvenes ni con la furia de los medios de prensa.  La elaboración del duelo tiene su tiempo, su ritmo, su propio devenir y nos demanda respeto, compasión y disponibilidad emocional para ser testigos de la inmensa tragedia que viven.  La literatura al respecto nos da pautas, nos habla de tareas e incluso algunos autores se arriesgan dando plazos normativos respecto del tiempo que debe transcurrir para que el duelo no se transforme en patológico.  ¿Habrá un tiempo correcto, apropiado, aséptico y oportuno para llorar hasta las entrañas, enrabiarse con Dios y con el diablo, sentir envidia del que no fue tocado por ¨nuestra desgracia¨, creer que no hay justicia en el mundo y ser incitado a pensar, sentir y hablar días, meses y años del ser amado, con tal que su rostro no se desdibuje en la memoria?

¿Estaremos dispuestos, como sociedad, a escuchar el lamento de los que sufren? ¿Por cuánto tiempo y de qué forma, antes de clasificarlo como complicado, exagerado, crónico, patológico? Creo que es tarea nuestra, como ¨expertos¨ en el sufrimiento humano, especialistas o no en duelo, decir a la comunidad y a los que están en la tarea de acompañar el sufrimiento humano, que el incendio en Valparaíso tiene rostro, nombre y apellido. En esas familias se instaló la incertidumbre el día 12 de abril.  Y eso significa la rutina interrumpida, pautas de interacción familiar rotas por días, semanas, meses,  proyectos aplazados por las necesidades inmediatas de sobrevivencia, lazos afectivos amenazados por los sentimientos paranoicos, niños sin colegio, dueñas de casa sin sus casas. La seguridad del cotidiano volatilizada en algunas horas, hace aún más penoso el dolor de la pérdida y obliga a esas familias a reorganizarse emocionalmente para enfrentar desafíos que se presentarán. Y no me refiero al desafío práctico; esa es tarea del Estado y del ciudadano consciente y solidario.  Me refiero al que tenemos los que nos dedicamos a ayudar a los que sufren.  

Hay pérdidas públicas que todos podemos ayudar a mitigar y a reconstruir.  Y privadas, a las cuales los medios no tienen acceso, que sólo se viven y comparten en la intimidad, en el interior de vínculos afectivos que son capaces de sostener el dolor, la humillación, la ignominia de haber perdido todo inesperadamente. Estos sentimientos abrumadores estarán presentes aún después de reconstruidas sus casas, reunidas sus familias y organizadas en nuevas rutinas de vida.  Debemos dar cabida y tolerar que se expresen, a que se duelan y se desgarren o que se recojan y se callen. Nuestro trabajo como especialistas, es acompañar y validar la realidad de la pérdida y de los distintos procesos de duelo, dentro de una misma familia y de la sociedad. Es ayudar a colocar palabras en la experiencia traumática, conmovernos con el sufrimiento del que somos testigos, sin dejar de identificar los mecanismos protectores individuales, familiares y grupales  que promueven la búsqueda de recursos sanadores.

En cualquier proceso de duelo, permitirnos quedarnos en el dolor, en la desesperanza, en el sin sentido y en el vacío por un rato, no es sinónimo de paralizarnos o inmovilizarnos. Más bien es necesario. Seamos capaces de tolerar el malestar y sostener la angustia y el horror en nosotros mismos, antes de dar vuelta a la hoja y pretender que otros lo hagan.   El proceso de duelo, es como preparar la masa del pan.  Hay que amasarla, mezclarla, manosearla hasta que esté lista; y sólo el panadero conoce el punto en que está lista para el horno. Como terapeutas, podemos acompañar y guiar a amasar la mezcla a quienes están en proceso de elaborar el dolor, pero no podemos incitarlos a que la metan al horno antes del tiempo. 

Ps. Claudia Ferreira Da Cunha

jueves, 27 de marzo de 2014

Magíster en Estudios Sistémicos Relacionales de la Familia y la Pareja

Muy contentos con la alianza IChTF-UAH para el Magíster Estudios Sistémicos Relacionales de la Familia y la Pareja que se encuentra en los últimos días de postulación para esta nueva y remozada versión. Compartimos una pequeña entrevista en que la Directora del programa, la Psicóloga Soledad Larraín contesta algunas de las preguntas más frecuentes acerca de nuestro Magíster.


¿Cuál es la particularidad de este Magíster respecto de otros en el área de la psicología?


La organización familiar y los modelos de familia han sufrido importantes cambios en las últimas décadas. Estos cambios deben permear el análisis teórico sobre el tema, como también las políticas sociales que se implementan en el país, las que están basadas en un concepto de familia, muchas veces ajena a su realidad actual. El Magister y Diplomado en Estudios Sistémicos Relacionales de la Familia y la Pareja, tiene por finalidad desarrollar una reflexión crítica respecto del desarrollo teórico de los estudios relativos a la Familia y la Pareja; desarrollar habilidades metodológicas para llevar a cabo investigación en las políticas sociales que hoy se están implementado en los temas relacionados con familia y las parejas y, por último, generar conocimiento que refleje la realidad de las estructuras familiares en Chile. 


¿Cuál es la relación que tiene el Magíster con el Post-Título de Terapia Sistémica de Familias y parejas del IChTF?
El Magíster es un proyecto conjunto entre el Instituto Chileno de Terapia Familiar (IChTF) y la Facultad de Psicología de la Universidad Alberto Hurtado (UAH). En este proyecto se pretende rescatar la amplia experiencia del ICHTF en la formación de terapeutas y la UAH aporta su experiencia y conocimientos en metodologías de la investigación social. Entre ambas instituciones se ha formado un espacio académico que profundiza el estudio de las temáticas vinculadas a la familia y la pareja actual. 

¿Qué aporta a los profesionales que ya se formaron como terapeutas familiares?
Les aporta un espacio de reflexión sobre la realidad familiar actual, como también habilidades metodológicas para generar conocimiento que se origine en la realidad familiar de nuestro país y en la propia práctica de los terapeutas. 

¿Y a los terapeutas familiares formados en el IChTF?
El Instituto Chileno de Terapia Familiar ha tomado la opción de diferenciar la formación terapéutica y dirigirla a través de su Post-Titulo de Terapia Sistémica de Familias y Parejas, a quienes están esencialmente interesados en el desarrollo de la psicoterapia y de habilidades clínicas. El Título de terapeuta del IChTF conduce a la acreditación como Especialista en Psicoterapia. Con la alianza con la UAH, los terapeutas ya formados, o en formación en el ICHTF, pueden complementar su formación ampliándola al campo de las políticas sociales, la evaluación de proyectos y la adquisición de herramientas de investigación. Con esto, pueden enriquecer sus conocimientos y prácticas y aportar en el campo de las políticas públicas y 
obtener el grado académico de Magíster.

¿Qué profesionales pueden optar a esta formación de post-grado?
Pueden optar todos los profesionales vinculados al trabajo con familias y parejas, como psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales, abogados, etc. Todos los profesionales que quieren incorporar o profundizar en sus miradas y prácticas el modelo sistémico relacional. 






Preguntas al correo magisterfamilia@uahurtado.cl dirigidos a la Coordinadora Académica Ps. Francisca Puga.

martes, 7 de enero de 2014

“Patrimonio histórico y emocional del Instituto Chileno de Terapia Familiar: La Historia después de la primera década"

2013 fue el año de la celebración de los 30 años del Instituto Chileno de Terapia Familiar y aún cuando vamos dejando atrás lo vivido como parte de los festejos, quedarán en nuestros recuerdos los momentos especiales de cada una de las actividades.
Queremos terminar esta etapa compartiendo la historia narrada por la Presidenta del Instituto en el encuentro Institucional de La Leonera. Porque toda institución que crece y se renueva necesita conocer y hacer suya la historia que funda el presente. La historia a partir de los 10  años de fundación del IChTF, vivida y contada en primera persona, para que cada uno recuerde su propia historia institucional y para que sea conocida por quienes se han unido más tarde.

A los amigos y amigas que han estado cerca o por momentos han sido parte de esta historia, nuestro abrazo fraterno y gratitud.



lunes, 2 de diciembre de 2013

Ceremonia Titulación Terapeutas Familiares y de Pareja 2013

Terapeutas Familiares y de Pareja IChTF 2013
32 nuevos psicólogos y psiquiatras recibieron su título de Terapeutas Familiares y de Parejas del IChTF. La ceremonia de titulación 2013 permitió celebrar el enorme esfuerzo que este grupo de profesionales realizó tanto en Santiago como en las diferentes regiones en las que hemos formado terapeutas. Los felicitamos de corazón por llegar hasta este momento tan esperado. Sabemos que serán grandes embajadores del Instituto Chileno de Terapia Familiar.

Se titularon el 22 de Noviembre:

Antofagasta:

Carolina Alday M.; Ingrid Alfaro M.; Susana Díaz A.; Mariela Flores B.; Karla Gaete T.; Mónica Guzmán G.; Norma Molina M.; Patricio Ramírez N.;
Talca:
Gicela Cáceres A.; Cecilia Cisternas I.; Carolina Mora R.; María Ignacia Sepúlveda R.;
Valparaíso:
Loreto Lillo A. 
La Serena
Hugo Rojas J.; Claudia Valladares V.
Santiago:
Paulina Álvarez Z.; Cristián Anuch J.; Álvaro Campos M.; Alejandra Cobos, S.; Constanza Contreras N.; Cristián Dacaret Z.; María José García R.; Ester Hasson C.; Isabel Jarpa M.; Valerie Jeanneret M.; Alejandra Kuthe F.; María de la Luz Mesa M.; Paulina Peña F.; Alejandra Pérez S.; M. Alejandra Rivera S.; Cecilia Sostín R.; M. Gabriela S.

Compartimos con Ustedes el discurso con que la Presidenta del IChTF recibió a los terapeutas titulados y sus familias.

Estamos llegando al fin de un ciclo y con él, al comienzo de otro, para cada uno de quienes se titulan hoy  como terapeutas familiares y de pareja del Instituto Chileno de Terapia Familiar. También es un final para sus familias, que inevitablemente ven interferidas durante algo más de dos años sus rutinas y sus vidas. También es el fin de un nuevo ciclo para nosotros.

Están reunidos acá terapeutas que se formaron en distintos momentos, algunos hace muchos años ya,  que con perseverancia han logrado que el esfuerzo se materialice en el título que hoy recibirán. Otros, recién hasta hace pocos  meses   eran alumnos regulares de nuestro programa. También hay terapeutas que se formaron y viven  en diferentes ciudades de nuestro país –Valparaíso, Talca, La Serena  y Antofagasta- Psicólogos y psiquiatras, que  se desempeñan laboralmente en diferentes ámbitos, pero todos con la experiencia común de haber vivido un proceso de formación como terapeutas de familias y parejas en nuestro instituto.
Todos ustedes, algunos desde hace algún tiempo y otros, a partir de hoy, recorrerán  diferentes caminos y llevarán lo que han aprendido y vivido con nosotros a los lugares por lo que pasen, a los lugares a los que lleguen, y por supuesto, a los lugares en que se queden.
Esos lugares que habitarán con lo adquirido acá, no son sólo sus lugares de trabajo y, aquello que se llevan, no son sólo herramientas profesionales. Al menos, eso es lo que esperamos. Hemos pensado y nos involucramos en el programa de formación pensando en que persona y terapeuta son una unidad indisoluble y confiamos en que se llevan una particular manera de entender y participar de las relaciones humanas, más allá de la relación terapeuta- paciente y más allá de la práctica clínica.
Confiamos en que les hemos logrado transmitir una ética de las relaciones que los invita a ver el modo en que participan en ellas y no sólo lo que los otros hacen en ellas. Una ética que los - y nos -hace responsables de lo que aportamos a las relaciones tanto en sus dificultades y sufrimiento como en el crecimiento y en los aspectos amorosos de ellas. Una ética que surge de mirarnos como participantes y no sólo como observadores de realidades que ocurren independientemente de nosotros.
Desde esta perspectiva, aquello que se llevan, lo construimos juntos. Aquello que se llevan, fue posible porque estábamos nosotros y estaban ustedes en un tiempo y en un lugar que nos acogió. La formación que tuvieron fue el resultado de la danza que danzamos juntos. Danza que como la vida, tuvo momentos de encuentro, felicidad, satisfacción, armonía y gratitud y otros de desencuentro, de frustraciones, de penas y de más de algún tropezón por ahí. Alguien podría decir “a pesar de eso, construimos”. A nosotros nos gusta pensar: Con todo eso construimos”. “A partir de eso construimos”.
Con lo construido, todos aprendimos. Crecieron ustedes y crecimos nosotros. Ustedes aprendieron modos de mirar, modos de hacer, modos de estar en las relaciones. Nosotros también, pero además, aprendimos cómo construir aprendizajes para los tiempos actuales y una vez más nos sentimos  interpelados a repensarnos y a ir ajustando nuestra formación y nuestra acción como docentes y supervisores a las necesidades formativas de los terapeutas de hoy. Ustedes, no son los terapeutas de antes. Como dijo Neruda….”nosotros los de entonces, ya no somos los mismos”
Sin duda, también aprendimos para nuestras propias prácticas como terapeutas y como supervisores. Aprendimos de las familias y parejas que supervisamos y también de los terapeutas que las atendieron. Aprendimos de sus aciertos y desaciertos. Incorporamos ideas nuevas y prácticas que sin duda enriquecieron el bagaje con que llegamos cada año a encontrarnos con los nuevos grupos.
Es impresionante como cada año es un nuevo desafío. Desde hace  tres décadas  formamos terapeutas familiares y de pareja. Durante todo este año hemos celebrado los 30 años desde la fundación de esta institución. Por eso esta ceremonia es especial,  es la ceremonia de titulación de los 30 años y eso los hace a ustedes también titulados especiales.
Durante estos 30 años muchas cosas han cambiado en el Instituto, pero  la esencia, sigue siendo la misma. Cada año se incorporan 20 terapeutas en formación en Santiago y más o menos la misma cantidad en regiones. El equipo de docentes y supervisores tiene una gran estabilidad y quienes se incorporan a él comparten el sello de los que ya estamos. Cada año los programas tienen variaciones, pero la esencia es la misma.  Entonces, es lo mismo, pero nunca es lo mismo. Como Marguerite Yourcenar  dice en  Una vuelta por mi cárcel, "No vemos dos veces el mismo cerezo ni la misma luna sobre la que se recorta un pino. Todo momento es el último porque es único”.
Así es, cada grupo que pasa por este instituto es único, cada uno de ustedes es único y con ustedes hemos establecido una relación que no se repetirá. No al menos de la manera que fue con ustedes. Yo, y creo que cada uno de los docentes y supervisores involucrados en su formación, atesoramos momentos y recuerdos que son parte constitutiva de lo que vamos siendo como supervisoras y supervisores. Mi ser supervisora se ha ido constituyendo en la relación con cada uno de mis supervisados. Así creo, ha sido para todos nosotros.
Esto  está al centro de nuestro modelo formativo, y se expresa en distintos planos: por una parte, en el modelo de supervisión centrado en la persona del terapeuta, y, a la vez, en la idea que el profesor y el supervisor también están incluidos como personas en el trabajo formativo.”

Pensamos que el encuentro docente-alumno, supervisor-alumno es antes que nada un encuentro humano, luego, un encuentro profesional. Lo mismo pensamos de la relación terapeuta-consultante. Antes que nada, un  encuentro humano, un encuentro de personas que entran en una conexión que es emocional y racional. Que se conectan como cada uno de ustedes se conectó en los grupos de los cuales formaron parte y con los supervisores que guiaron su formación.

Nos gusta la idea de partes interconectadas formando un todo que a su vez, es más que la suma de las partes. Idea tan antigua como fresca cuando la llevamos a la realidad de las relaciones y de la comprensión del mundo y de sus acontecimientos como eventos todos interconectados. Queremos que sigan sus caminos con conciencia de esta conexión infinita, con la idea de  que somos parte del mundo en que vivimos y que lo que logren hacer en sus espacios de trabajo va a influir mucho más allá del espacio de sus consultas u oficinas.
En esta especie de “envío”…los despedimos para que salgan a contribuir a  través de sus trabajos y a poner sus esfuerzos en la construcción de relaciones más fraternas, más solidarias, más responsables con los otros. A hacer esto con cada persona, con cada pareja, con cada familia, con cada grupo con los que tengan la oportunidad de encontrarse. Porque de este modo, nuestro trabajo y nuestro esfuerzo también tiene sentido.
Estamos en ustedes y ustedes en nosotros
Muchas gracias por la confianza en que podríamos aportarles a ser mejores profesionales y mejores personas.
Me despido con la frase del increíble pintor uruguayo Carlos Páez Vilaró, cuya vida y obra son tan hermosas como emocionantes y con quien tuve un encuentro de esos que nos conectan con el sentido profundo de estar en este mundo: “ La vida es una excusa para encontrar la manera de vivirla.”
Ojalá cada uno de ustedes encuentre cada día una mejor manera de vivir  sus vidas. Ojalá en su paso por el Instituto Chileno de Terapia Familiar hayan encontrado ideas, personas, valores, reflexiones y otros  que los ayuden en ese camino.

Gracias por ser parte de esta historia y mucho éxito en sus vidas.

Ps. Claudia Cáceres Pérez
Presidenta
Instituto Chileno de Terapia Familiar