jueves, 9 de marzo de 2017

Bienvenida Alumnos 2017 y Día Internacional de la Mujer

Quisiera darles la bienvenida en este inicio del año académico 2017 a todas y todos nuestr@s  terapeutas en formación de Viña, Talca, Valdivia y Santiago, aprovechando la conmemoración del día internacional de la mujer.

Este día nos permite como terapeutas de familias y parejas  poner al centro,  la importancia de incorporar una  perspectiva de género en el encuentro terapéutico, que nos permita estar atent@s   a nuetras ideologías, creencias, valores y actitudes  en relación al tema de género, para trabajar la diferencia no en función de un orden jerárquico , sino que ponga como fundamento la reciprocidad.

Como sabemos la situación clínica,  no es una situación neutral: miramos y  observamos  desde el propio género, por tanto como terapeutas necesitamos entrenarnos en hacer visibles para nosotr@s mism@s y para las familias y parejas que atendemos,   este contexto de género que cruza nuestras organizaciones sociales de un modo evidente  y que  simultáneamente negamos y excluimos.

Por tanto este día 8 de marzo, día internacional de la mujer  nos invita a visibilizar, la necesidad de construir relaciones de igualdad,  justicia y de aceptación de la diversidad en nuestra humanidad.

Este es un desafío más en este proceso de formación ….

Bienvenid@s

Cecilia Grez

lunes, 6 de marzo de 2017

Notas de Familias y Terapias 16 "Cómo Construir Ritos"

En este nuevo capitulo de Notas de Familias y Terapias, Alejandra Aspillaga, psicóloga y Terapeuta Familiar de nuestro instituto nos habla sobre la importancia de los rituales como una forma de ir construyendo una identidad familiar y un sentido de pertenencia.

Esperamos que les guste.



miércoles, 25 de enero de 2017

Reseña de Libro: ESOS PADRES QUE VIVEN A TRAVÉS DE MI

“Esos padres que viven a través de mí” es el sobrecogedor y también conmovedor título del libro de la psicoanalista argentina Yolanda Gampel.

En el texto, resultado de tres décadas de trabajo clínico con pacientes que fueron niños durante el Holocausto, y también con sus hijos y nietos, la autora reflexiona de modo ágil y amable sobre una de las tareas que considera insoslayables de la psicoterapia: ofrecer las vías más adecuadas para que las vivencias traumáticas alcancen la representación, es decir, la simbolización a través de palabras e imágenes. De lo contrario, sostiene, las secuelas no dejan de multiplicarse y los traumas pueden desencadenar nuevas formas de crueldad individual y colectiva. Para que esto no suceda, es imprescindible que el dolor congelado en síntomas, en algunos casos insoportables, pueda ser reconocido y aceptado, a fin de que las heridas psíquicas encuentren reparación y los sujetos que las padecen puedan reingresar a la corriente de la vida.

Resulta muy gráfico e interesante el planteamiento que hace Gampel del concepto de radioactividad como metáfora para referirse a las consecuencias que tiene la violencia social en los individuos, pero también en sus descendientes, es decir, en las siguientes generaciones. Señala que los efectos de la violencia se manifiestan a largo plazo y a través del tiempo como “restos radiactivos” en la intersección entre el presente y el pasado; en sus palabras:

“Los residuos radiactivos pueden transmitirse de la primera generación, la que vivió directamente la Shoah, a la segunda generación, que la vivió en forma fantasmática, y luego a la tercera. El concepto de transmisión radiactiva intenta dar forma a un fenómeno inconsciente, imprevisible.”

Análogamente a como la radioactividad tiene efectos físicos inmediatos en las personas y un tiempo después, la violencia social tiene un impacto en la subjetividad al momento de los hechos, pero además puede tener efectos a largo plazo, especialmente debido a lo no dicho y no simbolizado por la generación que vivió directamente en el cuerpo la violencia. El dolor físico, que se transforma en dolor psíquico, no hablado y no simbolizado por ser demasiado doloroso, es lo que “oye” y recibe la generación siguiente. En palaras de Gampel:

“Para los que sufrieron en persona los horrores de los campos de concentración, las escenas son reales, concretas, fueron vividas en el cuerpo. Las imágenes que conservaron, el trauma producido por los campos, tienen que ver con una experiencia física, con una percepción sensorial. Esas escenas traumáticas, transmitidas inconscientemente por los sobrevivientes, se inscriben en el imaginario de sus hijos de un modo lacerante y perturbador. El trauma vivido en forma directa por los padres se transforma en una realidad traumática fantasmatizada por la siguiente generación.”

La autora enfatiza que en los contextos en los que las funciones de la familia giran fundamentalmente en torno a la sobrevivencia, los niños tienen poca centralidad habiendo escaso lugar para que sus necesidades sean escuchadas, convirtiéndose más bien en expertos en el cuidado de sus padres y desarrollando un fuerte sentimiento de omnipotencia. En este sentimiento de omnipotencia hay una desconexión con la propia vulnerabilidad. Y es aquí, en este giro de desconexión donde se puede traspasar el “hacerse cargo” a la segunda o tercera generación. Así, los niños -“al hacerse cargo”- le dan voz a las necesidades de sus padres, que previamente fueron silenciadas para el cuidado de sus abuelos.

Gampel apunta que en los sobrevivientes, el nacimiento de un hijo es una afirmación de la vida y una prueba de que la vida no se ha agotado y que el poder del horror no es todopoderoso. Cada hijo de un sobreviviente de la violencia se convierte en un bebé-milagro que alivia el dolor y la pérdida, pero una madre atravesada por un duelo en suspenso, habitada por muertos-vivos, no puede ni recibir ni transformar la angustia de muerte del niño a causa de su propia vivencia traumática, y no puede proteger a sus hijos de sus propias angustias existenciales, por lo que éstas quedan despojadas de todo significado siendo interiorizada por el niño como un “terror sin nombre”. En palabras de Gampel:

“Cuando los padres son incapaces de cumplir esa función reflexiva y transformadora, el niño no puede reunir ni ordenar los datos perceptivos y cognitivos para enfrentar el mundo. Entonces su conciencia rudimentaria lo lleva a tomar sobre sí la tarea que sus padres no pueden asumir, se ve impulsado a hacerse cargo del sufrimiento de sus padres, viviéndolo en forma fantasmática. En efecto, frente al vacío psíquico y la ausencia de palabras significativas sobre el sufrimiento, crea por sí mismo contenidos parcelados, fragmentarios, y se los apropia. De este modo, se introduce en la constelación traumática de los padres.”

Es decir, los padres, al no poder hablar de su infancia por el dolor que les causa, no se encuentran del todo presentes psíquicamente, y “sus hijos, con mucha creatividad mezclada con mucha angustia y mucho sufrimiento, van entonces en busca del tiempo perdido de sus padres para traerlos aquí y ahora, vivos, completamente presentes.”

El libro organiza las reflexiones-y-viñetas clínicas en torno a diez capítulos de decidores títulos: (1) Las “ausencias” de Michal y lo no-dicho de su padre; (2) Éramos niños durante la Shoah; (3) Hemos sobrevivido a la Shoah; (4) “Se lo contarás a tus hijos” (Éxodo 13,8); (5) “Abuelo, abuela, quiero conocer su historia”; (6) “Papá, ¿me escuchas?”; (7) El nombre del héroe; (8) “Abuelo, abuela, estamos con ustedes, aunque papá no quiera saber nada”; (9) Las heridas de la Shoah y los sobresaltos de la historia; y (10) La sombra de los objetos perdidos cae sobre el “nosotros”.

Dado que los efectos de la violencia social no terminan con el fin del contexto en el que se originan, sino que mantienen su vigencia en el tiempo y se transmiten a las generaciones siguientes impactando en los procesos de diferenciación y formación de identidad de las nuevas generaciones, y debido a que en nuestro trabajo como terapeutas familiares la transmisión transgeneracional está siempre presente, es que quisimos compartir la lectura de este libro y dejarlos invitados a pasar.

Para finalizar, tomo prestada la frase del programa que conduce Héctor Soto en Radio Beethoven: “las letras están en el aire…, y no se las lleva el viento”.

Pamela Cáceres
Unidad de Familia sede San José








Título: Esos padres que viven a través de mí. La violencia de Estado y sus secuelas. 
Autor: Yolanda Gampel 
Año: 2006
Páginas: 176 
Editorial Paidós, Buenos Aires, Argentina


Nacida en argentina, Yolanda Gampel es psicoanalista y profesora en Israel. Sus principales áreas de trabajo e investigación han sido el psicoanálisis de niños psicóticos y autistas, el lugar de la violencia social en la psique y la problemática de la transmisión transgeneracional, en especial sobre el Holocausto. Ha estado a la vanguardia de la integración de la teoría y la práctica, haciendo hincapié en la centralidad de la comprensión del trauma en todas las culturas y países. A través de su historia personal y de su trabajo profesional, ha sido capaz de establecer conexiones significativas entre las diversas tradiciones culturales, lingüísticas y geográficas. Es reconocida por su participación profundamente significativa -como ser humano y psicoanalista- en las reflexiones sobre y con las víctimas de la guerra, el terror, y el Holocausto. Desde el estallido de la primera Intifada participa en un proyecto que hizo posible el acercamiento entre profesionales de la salud mental israelíes y palestinos.

martes, 20 de diciembre de 2016

El desafío de criar dos hijos pequeños: Ahora somos cuatro

 Según cifras nacionales actualmente el número de hijos por mujer ha descendido a 1,9; si bien esta cifra da cuenta que hoy muchas familias tienen un solo hijo , aún permanece la realidad de otras, que tienen dos o más niños.

Considerando esta realidad y a partir de nuestra experiencia clínica con familias de hijos en el período de infancia temprana, nos parece necesario observar y reflexionar detenidamente qué ocurre en las familias enfrentadas al desafío de la llegada de un segundo hijo, especialmente cuando esta incorporación sucede en momentos en que el hijo mayor todavía es un bebé o es apenas un preescolar.

Usualmente la llegada del primer hijo es vivida por los padres como una experiencia nueva, cargada de temores y/o fantasías idealizadas, siendo muchas veces experimentada con cierta ingenuidad. A diferencia de esto, al momento de ser padres por segunda vez, éstos ya han comprendido el desafío al que se enfrentan. Saben así que los hijos, junto con traer generalmente una inmensa alegría, también implican una alta exigencia y demanda en todos los sentidos. Esto es más claro aun cuando los padres han vivido experiencias difíciles alrededor de la llegada del primer hijo, como partos prematuros, depresión post parto, dificultades médicas, conflictos de pareja, u otros.

Con el arribo del primer hijo, la familia se reorganiza y la pareja suma al rol conyugal, el rol parental. La llegada de un segundo niño si bien pudiera parecer un cambio menos drástico, también implica desafíos significativos, algunos de los cuales son comentados en el entorno social y familiar y parecen ser anticipados por los padres, como enfrentar los eventuales celos del hijo mayor, o encarar la agotadora misión de cuidar a dos niños pequeños. Nuevamente se trata de una crisis normativa, es decir esperable, pero crisis al fin y al cabo que requiere de una nueva reorganización familiar.

El modo cómo se reorganiza la familia frente a la llegada del segundo hijo, es decisivo para la evolución de la misma y especialmente para el desarrollo de los pequeños, que ahora ya son dos y agregan un nuevo subsistema: la fratría (subsistema de hermanos). Si la transformación familiar es bien resuelta, los padres podrán satisfacer las necesidades emocionales y físicas de sus hijos y todos los miembros del sistema, incluido el bebé, podrán adaptarse a la nueva realidad.

Lo complejo es que un número no menor de familias, transita esta crisis de una manera en que los subsistemas y cada uno de sus miembros no logra integrar esta realidad de un modo en que todos salgan beneficiados y el grupo avance efectivamente hacia la nueva etapa del ciclo vital que les toca vivir. En estas situaciones, los padres tienden a enfrentar de manera poco flexible la nueva situación, no siendo de extrañar que se “repartan” rígidamente el cuidado de los hijos, casi como quien se distribuye tareas domésticas, más centrados en la repartición del trabajo de criar que en las necesidades emocionales de los niños.

La consecuencia más habitual en esta manera de resolver es que se desarrollen alianzas rígidas entre los miembros de la familia, lo que atenta contra la necesidad de una integración sólida y fluida entre sus miembros. Específicamente suele ocurrir que con la intención de que la madre no se sobrecargue, el padre se hace cargo del hijo mayor, dejando espacio y tiempo para que la madre se dedique al recién nacido. Si bien esto puede tener sentido y cierta utilidad práctica los primeros días, el problema es que esta situación puede cronificarse, con el consiguiente costo para la relación de pareja, para el desarrollo de la naciente fratría, y para el fortalecimiento del vínculo de cada niño con su padre y su madre.

En estos casos se aprecia que los padres, pese a querer mucho a sus hijos, pierden de vista las necesidades emocionales de éstos, y no contemplan que aún son pequeños y necesitan la compañía y contención de ambos adultos, así como requieren de espacios para compartir con el hermano o la hermana. Además, dejan de visualizarlos como “sujetos”, tendiendo a verlos como “objetos”. Por ello no es de sorprender que a veces consideren a los bebés y niños pequeños como miembros que no se ven afectados por las dinámicas del medio familiar, y que, por lo tanto, no requieren de explicaciones ni de una especial contención frente al cambio que implica, por ejemplo, la incorporación de un cuarto miembro a la familia. Así señalan “para qué le vamos a contar lo que ocurre, si es guagua y no entiende, no se da cuenta”.

El trabajo clínico que se realiza en INICIA en torno a estas dificultades se centra en ayudar a las familias a transitar por esta etapa logrando un nuevo equilibrio donde cada uno sea reconocido en sus necesidades.

Un primer punto, que nos proponemos con las familias que nos consultan es que los padres reconozcan que la llegada de un hijo comienza mucho antes del nacimiento o la adopción de este bebé y que el sistema familiar y cada uno de sus integrantes se verán afectados con esta experiencia.

Además comunicamos a los padres la importancia de considerar a los hijos, por muy pequeños que sean, como sujetos, es decir como personas capaces de sentir y registrar la experiencia del mundo que los rodea (especialmente en relación a sus seres significativos) y capaces de actuar sobre la realidad. Esto implica poder “mentalizar” a los hijos, es decir poder reconocer en ellos estados mentales. El objetivo es que puedan visibilizar, cotidianamente, que los pequeños son sujetos con necesidades y procesos psíquicos y físicos, es decir con emociones, sensaciones, ritmos, etc. Tener presente esto, le permite a los padres, considerar a los hijos, calmarlos y enseñarles a calmarse, lo que en lenguaje psicológico equivale a regularlos y ayudarles a autoregularse. Esto es muy importante, ya que cuando no ocurre, muchas veces madres y padres pueden terminar considerando a sus pequeños como un “bebé cartera”, un ente al que uno sienta, para, acuesta, traslada, perdiendo de vista su subjetividad

Coherentemente con esta postura, trabajamos en ayudar a los padres a identificar qué siente y piensa el primer hijo con la llegada de su hermano y compartir con él la llegada de este nuevo miembro. Este compartir implica conversar con él respecto del hermanito que se apronta y hacerlo participe de las actividades asociadas a su arribo. Del mismo modo buscamos que los padres puedan mentalizar a su segundo hijo, aun antes de llegar, y puedan comprender qué siente y piensa el bebé, al sumarse a esta familia.

También nos proponemos que los padres puedan considerar la unicidad de cada uno de sus dos hijos, el mayor y el por nacer o recién nacido. En este sentido es importante que se abran a considerar que son niños distintos y que lo que fue útil con uno, no es necesariamente con el otro.

Finalmente, para que no ocurra que cada padre se dedique exclusivamente a uno de sus hijos, procuramos apoyarlos en la valoración del espacio familiar, en favorecer los espacios de a cuatro y en flexibilizar sus roles y cuidados en relación a los niños.




*Para facilitar la lectura, hemos usado el término hijo, niño o algún equivalente, en masculino, sin embargo buscamos aludir tanto a los hijos y niños como las hijas y niñas. 


Equipo Unidad de Vínculos Tempranos INICIA



viernes, 2 de diciembre de 2016

¡A jugar se ha dicho!

Durante este año, la Unidad de Niños y Adolescentes del ICHTF ha realizado en dos oportunidades la jornada clínica “Juego en terapia familiar”. 
Si bien, el eje de la jornada fue el uso del juego con un sentido relacional en terapia familiar, nos vimos en la necesidad de armar un texto con posibles técnicas de juego. Esto en respuesta a la petición que hicieron algunos asistentes de la jornada, donde solicitaban que se hablara más de los juegos expuestos en las viñetas de casos clínicos y que se les informara de técnicas específicas para algunos problemas en particular o para las diferentes etapas de la terapia.

Así nació la idea de hacer un material concreto que pudiera ser entregado. Tradujimos algunas actividades que nos parecieron interesantes, fáciles de aplicar e innovadoras*. Soy un animal, Juego con pelota de playa, Yenga familiar, Control remoto de la conducta, Escudo familiar, Animales sanados, Celebración , Pintura de dedos, Genograma Familiar con Miniaturas, Bandeja de arena Familiar, La madeja de lana, Arte co-construido, son algunas de las técnicas de juego que escogimos. 



La creación de este material nos dio la oportunidad de encontramos con una amplia variedad de entretenidos e ingeniosos juegos que pueden ser útiles para las familias con que trabajamos, en distintos momentos del proceso terapéutico. 

Pensamos que lo fundamental es atender al proceso terapéutico y utilizar el juego en un sentido relacional, es decir, que permita a los distintos miembros de la familia relacionarse de maneras distintas a las que acostumbran, generando nuevas posibilidades de encuentro. Y a la vez, que nos permita como terapeutas relacionarnos con los distintos miembros de la familia en un lenguaje que tanto niños como adolescentes y adultos podamos entender.
Creemos también que revisar, conocer y practicar distintas técnicas de juego, es un recurso que nos abre posibilidades terapéuticas y nos ayuda a dar novedad a nuestra práctica. Por ejemplo, nos parecen muy útiles para trabajar con:
- Familias con miembros de distintos grupos etarios ya que permite un “lenguaje” común.
- Familias que tienden a ser caóticas, ya que muchas veces la estructura externa que brinda un juego específico los ayuda a regularse durante la sesión. 
- Familias que tienden a evitar hablar de temas difíciles, ya que hablarlo en contexto de juego puede ser menos amenazante. 
- Familias con miembros con distinto nivel de desarrollo del lenguaje (alguno(s) que hablan mucho y otro(s) que tienden a callar) ya que el juego generalmente exige un sistema de turnos donde todos tienen tiempo de hablar. 
- Familias que están centradas en la queja o la crítica, o que están pasando por momentos de mucha dificultad y sufrimiento, ya que el juego permite que vivan una experiencia familiar distinta y positiva.
Además, pensamos que como terapeutas también puede ser beneficioso contar con estas herramientas concretas, por ejemplo para quienes están en formación o recién empezando a atender familias (donde muchas veces hay niños), como varios asistentes a la jornada nos manifestaron. Creemos que conocer técnicas específicas ayuda a dar seguridad y quizás permite atreverse a realizar terapia familiar incorporando a niños de todas las edades a las sesiones, que es parte de lo que queremos transmitir como modelo de trabajo de la UNA.  
Quisiéramos compartir también nuestro proceso personal, ya que para nosotros fue un aporte hacer esta Jornada. Mientras la planificábamos y realizábamos, nos sorprendimos a nosotros mismos comentando los diferentes usos que dábamos a los mismos materiales de juego, cómo adecuábamos ciertas consignas, cómo cada uno usaba preferentemente tal o cual material, o cómo nos resultaba más fácil un juego con niños de cierta edad o con familias de cierto tipo. 
Sentimos también que ahora estamos más atentas al uso del juego en terapia familiar. Es así como en el reciente Seminario Ackerman** pudimos conocer tanto nuevas técnicas, como nuevos usos de juegos que ya conocíamos, en este caso, aplicados a la terapia familiar en la reparación de quiebres vinculares. 
Tal como expuso Andrea Blumenthal, los “juegos” sirven como facilitadores para hablar de temas más difíciles, y son especialmente útiles para trabajar con niños y adolescentes que han experimentado algún trauma, ya que para ellos, suele ser más fácil hablar de esto en la medida que se encuentran ocupados en una actividad de participación (engagement) social. Al parecer, el juego bajaría el sistema de alarma, logrando que el cuerpo pueda salir del modo “luchar, escapar o paralizarse” (“fight, fly or freeze”) y profundizar en la vivencia, lo que permitirá ir elaborando el trauma.
Además, destacamos el valor que A. Blumenthal da a la técnica del rol playing, sustentando su utilidad en la importancia de la memoria corporal. En los casos que ella describía, señalaba que no basta hablar de lo sucedido o de lo que se espera que suceda, sino que es necesario amplificarlo, utilizando otros modos de expresión como pueden ser el dibujo, el juego o el cuerpo (por ejemplo, ensayar determinada escena “reparadora” entre padres e hijos).
Si bien los ejemplos antes mencionados se refieren al trabajo con familias con niños, creemos que el juego puede usarse también en familias con adolescentes o sólo de adultos y que generalmente es un aporte, al permitir relacionarse en el “como sí”, ese espacio intermedio entre realidad y fantasía donde se pueden explorar nuevas formas de interacción, lo que abre posibilidades de cambio. 
Finalmente, y considerando los beneficios del juego en familia que hemos comentado, quisiéramos invitarlos a jugar más, empezando con nuestras propias familias.   

*Creative Family Therapy Techniques. Play, art, and expressive therapies to engage children in family sessions. Editado por Liana Lowenstein. (2010); “Creative Interventions for troubled children and youth”. Liana Lowenstein (1999); “The therapist´s notebook for children and adolescents. Homework, handouts and activities for use in psychotherapy”. Catherine Ford Sori, Lorna L. Hecker and Associates (2003).

**Seminario Ackerman Octubre 2016 "Reconstruyendo vínculos: Una mirada contextual relacional para la reparación de quiebres familiares". Andrea Blumenthal, LCSW.


Valerie Jeanneret
Psiquiatra Infanto juvenil- Terapeuta Familiar

Alejandra Rivera

Psicóloga – Terapeuta Familia


Miembros Unidad de Niños y Adolescentes ICHTF

lunes, 7 de noviembre de 2016

Notas de Familias y Terapias 14: "La Hermandad"

Les compartimos el capitulo Nº14 de nuestro vídeos de Familias y Terapia, en donde Claudia Cáceres, terapeuta familiar del instituto nos invita a reflexionar sobre la relación entre los hermanos, la importancia de construir una hermandad y de cómo aprendemos a socializar dentro de ésta y a vivir en la diferencia.


Si Ud. quiere ver este video en alta definición, puede hacerlo en el link: https://www.youtube.com/watch?v=rWhxiPG1xds


miércoles, 26 de octubre de 2016

Reflexiónes equipo pareja situacional

Desde dónde y cómo surge este grupo? Obviamente desde la inquietud intelectual y desde el quehacer diario que coincide con restructuraciones internas del Instituto; es así como Sergio convoca a un grupo de amigos colegas y pares a pensar la pareja.
El grupo ha tenido una evolución desde lo teórico hacia lo práctico en un modo de ver y hacer terapia particular. En un primer momento el grupo revisó y estudió a distintos teóricos de la terapia de pareja (Gottman, Johnson, Sapir, Safran, Murran entre otros). Largas discusiones teórico filosóficas donde Lucho fue un gran aporte con los resultados de las últimas investigaciones, Ximena y Rodrigo más de una vez fueron los mediadores de extensas conversaciones. Ires y venires varios fueron aportando una conceptualización propia; la mirada al “microproceso” y desde la observación atenta surgen conceptos antiguos, redefiniciones de los mismos y hacemos propios conceptos de otros ámbitos, sobre todo aquellos que aporta la literatura, el cine y el teatro. De este modo nos empezamos a mover entre coreografías, pies, escena dramática, todo lo cual viene a constituirse en lo que hoy llamamos Modelo Situacional.
Podemos grupalmente mirar desde el modelo? Recoger una escena y reconocer en ella los conceptos desde los que nos movemos? Ese ha sido nuestro quehacer los últimos años. Observación atenta, intensa y minuciosa de registros audiovisuales de las sesiones para, desde lo observado, realizar preguntas sobre lo que observamos que dan cuenta del proceso donde la pauta se repite una y otra vez.
Nuestro grupo es fundamentalmente un grupo de supervisión donde el énfasis está puesto en la situación observada más que en lo que le sucede al terapeuta con lo observado. El desafío que aparece una y otra vez es cómo salir de lo cognitivo, de nuestros conceptos y presupuestos de los que nos vemos atrapados para entregarnos a la experiencia de la pareja allí presente. Introducirnos en los climas emocionales para facilitar la emergencia de la pareja e intencionar lo procesal en ella. Surge el desafío constante del aprendizaje y desaprendizaje, de deshacerse del rótulo, de sostener un mirar curioso y cuidadoso para junto a ellos participar de la danza.
Cómo introducirse en la legitimidad del otro es uno de los constantes desafíos, la legitimidad del otro en tanto su diferencia para poder entender la pareja, no hay escena dramática si no hay legitimidad. Entonces el proceso camina por distintas rutas pero en la misma dirección, lo interaccional se va tejiendo con el terapeuta, entre la pareja y entre ambos. Vernos y supervisarnos con video ha permitido ver nuestros recursos y entrampes una y otra vez como otra pauta. Se dan así dos escenas dramáticas simultaneas; la de la pareja y la del espacio de supervisión, donde como en el video, aparecen conceptos recurrentes del modelo; emplazamiento, pauta interaccional, motivación/sintonía, poder y cuidado, expresión, comunicación y organización danzan en espacios simultáneos que constituyen la Situación.
La supervisión de video nos ha permitido recuperar el “dato”, un botón de muestra de lo ocurrido, el hecho que no podemos negar y que está al servicio de mostrar majaderamente lo procesal y nos ayuda a dejar nuestros pre conceptos, ideas y prejuicios a un lado, al menos por un rato, para enriquecernos de lo observado. Cómo se mueve el patrón más que lo que uno teoriza sobre el patrón.
Mirar el “dato”, el fenómeno hasta agotarlo, estrujarlo y ver cuánto da de sí. Entonces la persona del terapeuta está al servicio del proceso. Para qué uno está ahí? Para hacerlo mejor y eso es, hacerlo mejor con ellos. Ver el fenómeno incluye la pregunta por el curso de vida. Lo situacional no es opuesto a lo histórico. El ver lo procesal resulta coherente con lo que es lo terapéutico.
Cuál es el lugar que ocupa el poder ver una sesión filmada? que es tan única como el acto mismo de hacer terapia. Cuando se ve un video, cualquier cosa que uno haga pudo haber sido distinto y no hay una crítica a eso. El video permite dejar bien preservado a los pacientes y terapeuta. Es aprovechar la oportunidad como decía anteriormente, estrujar la oportunidad que brinda el fenómeno.
¿Cuál es el aporte de observar grabaciones y no sesiones detrás del espejo? Es un énfasis en un método de trabajo: el modelo situacional se aplica trabajando desde el microproceso, desmenuzando la sesión, repasando una y otra vez los mismos minutos, volviendo atrás … podemos ver una y otra vez cómo “cuadros” de la misma obra que se van sucediendo. Se hace trabajando un largo rato con cinco o diez minutos de sesión, en una reflexión que abarca un preguntar se sobre alternativas de preguntas, desafíos, comentarios que se podrían hacer o haber hecho y que tiene por objeto ampliar el repertorio del terapeuta en futuras sesiones. Esta observación nos lleva a trabajar simultáneamente en dos niveles que se retroalimentan permanentemente, por una parte desde el modelo intentamos construir una comprensión de lo que está ocurriendo con la pareja, identificar la danza… ¿Qué se están jugando en el conflicto? ¿A qué terreno pertenece? Por otra parte, miramos el modo de estar del terapeuta en sesión, ¿qué preguntas hace? ¿En qué se detiene? Como en el teatro, ¿toma los pies que la pareja le da para intervenir? ¿Los identifica? La mirada es desde el fenómeno, miramos lo que la pareja despliega en sesión para descubrir junto a ellos cuáles son las dinámicas en que están entrampados... el desafío es dejarse sorprender con lo que va apareciendo en lugar de poner la hipótesis por delante, es una guía y también una mirada paradójicamente ingenua de lo que sucede frente a nosotros para que no nos impida ver lo que pasa ante nosotros…  tratamos de tener siempre en cuenta que al mirar la pauta hacemos una descripción que es de un observador que dice algo de lo observado de un modo arbitrario  hasta que en escenas siguientes se ve confirmado, o no,  por algo que hacen los pacientes.
Intentamos identificar la danza de la pareja y bailar con ellos un rato, lo que dure la terapia, tratamos de ayudarlos a bailar de manera más cuidadosa, más fluida, más entretenida y también a veces preguntarse honestamente si la mejor danza es dejar de danzar juntos. Nuestro modelo nos interpela a posicionarnos desde la mirada del asombro frente a la pareja que desde su dolor le pide al terapeuta una mirada compasiva y no critica, pero que provoque el cambio, para dar paso al respeto por el sentir del otro (legitimidad) y el propio, generándose espacios de encuentros y de desencuentros, pero que permiten la reflexión que puede ayudar a salir del estancamiento y del dolor que eso causa.
Además, en el devenir de la supervisión surge espontáneamente la actuación de una escena dramática, este juego es una invitación a pensar en alternativas de intervención y en los diferentes cursos que podría tomar la sesión a partir de éstas, pero teniendo siempre en cuenta que no hay una pretensión de objetividad en esas escenas imaginadas ni en los pacientes actuados, se trata de explorar posibilidades.
Hoy nuestra estructura ha evolucionado gracias a un clima cuidadoso, exigente y directo que nos ha permitido crecer en lo grupal. Este grupo y su particular forma de trabajo, ha mantenido en nosotros el deseo de ser mejores terapeutas, es un estímulo para seguir conociendo del pensar del otro e intentando incorporar la novedad y el respeto por la forma de trabajar de cada uno.
No es fácil ser terapeuta de parejas y la mirada de todos enriquece el propio desarrollo y ayuda a diferenciar, lo de los consultantes y la propia historia.
Intentamos trabajar como un artesano sofisticado que no elude la pregunta y siempre piensa en el “cómo hacer” y ensaya modos de hacer. Tal vez por ello los artesanos tiene dificultades para hablar de lo que hacen, que los teóricos no tienen. En ese sentido, es difícil ocupar un lenguaje y la escena dramática es la acción del terapeuta para hablar del fenómeno. Ahí hay un mapa.