
Dra. Ximena Fuentes M.
Médico Psiquiatra
Servicio de Psiquiatría Clínica UC-San CarlosTerapeuta familiar y de Parejas del Instituto Chileno de Terapia familiar


Leer este artículo es una buena posibilidad de dejarse interpelar y cuestionar, así como fortalecer la postura reflexiva crítica de nuestros supuestos y práctica terapéutica. Para mí, fue inevitable.
Cuando leí este artículo, estaban resonando en mí las noticias del conflicto de Aysén en Chile y las dificultades de establecer EL DIÁLOGO, así como mis sentimientos de impotencia y desconcierto -y confieso también de desesperanza- que “no será posible el acuerdo”. Como si diálogo y acuerdo fuesen lo mismo y la solución fuese un discurso homogéneo o monológico. Gran error.
Por eso cuando leí el párrafo que copio a continuación, sentí que este texto podía ser relevante para mi hoy: “… somos testigos de una fuerte y creciente demanda por democracia, justicia social y derechos humanos. Las personas desean participar, contribuir y compartir la propiedad. Demandan una escucha respetuosa, receptividad a las necesidades que expresan y tomar decisiones con respecto a sus vidas. Se rehúsan a que se las deje de lado como si fueran números y categorías (…) demandas nos obligan a reevaluar cómo experimentamos y comprendemos el mundo, a nuestros clientes, a nosotros mismos(as) y nuestros roles como profesionales”. De ahí que la afirmación de Harlene sobre ser una profesional más sensible a lo relacional y buscar conversaciones y relaciones que nos permitan ajustar nuestra práctica a las circunstancias de cada persona y que sean transformadoras en sí misma, vuelve a desafiarme.
Creo que el desarrollo del artículo aporta un sólido cuerpo de ideas que pueden ayudar a dar sentido y significados nuevos e impulso para facilitar conversaciones y diálogos, desde el reconocimiento y respeto de la experticia del otro en su vida.
El artículo presenta una síntesis acabada del pensamiento actual de H. Anderson y de su modo de entender las relaciones que favorecen el cambio: relaciones de colaboración y dialógicas. Permite vislumbrar la evolución de sus planteamientos y las conversaciones con los autores que hoy están presentes en sus ideas.
Quiénes trabajamos en clínica, compartimos la pregunta sobre ¿cómo puede nuestra práctica clínica ser relevante y útil para quiénes nos consultan? Es muy aliviador conocer que esta pregunta sigue siendo el norte para una terapeuta de la trayectoria de Harlene. Su respuesta parte valorando la sensibilidad a lo relacional, la singularidad de las circunstancias de cada persona y el valor transformador de las conversaciones. Desde este punto comienza a profundizar recorriendo un camino desde la reflexión teórica hacia la práctica clínica, en que el eje es la filosofía del terapeuta que se traduce en una forma de ser en relación con.
El cuestionamiento reflexivo y crítico es facilitado por la explicitación de que todo conocimiento debiera estar sujeto a duda, en cuanto a su afirmación de ser verdadero, ya que las verdades universales pueden ser atractivas y peligrosas. Invita a considerar a las personas como desconocidos y excepcionales, para que nuestros conocimientos parciales no inhiban la apertura a la novedad de cada persona o grupo.
La consideración de conocimiento y lenguaje como procesos sociales relacionales y generativos, es una idea troncal en la terapia que focaliza en las relaciones. Los planteamientos del artículo nutren y actualizan la mirada terapéutica y van más allá al eliminar la dicotomía de “el que sabe” y “el que no sabe”. El cambio se genera en el lenguaje, entendido éste como algo relacional. La concepción de diálogo, conocimiento y lenguaje como procesos sociales interactivos que evolucionan, destacan su naturaleza mutuamente transformadora.
Asimismo las ideas sobre la construcción dialógica del self, integran planteamientos de K. Gergen y también de teóricos del desarrollo como Vygotsky y Trevarthen que plantearon la naturaleza interdependiente e intersubjetiva del desarrollo.
Luego de plantear supuestos que orientan a la reflexión continua, autocritica y apertura a la crítica de los demás (práctica ética), se refiere a un modo de ser terapeuta que se desprende de éstos. El o la terapeuta despliega un modo de ser en terapia que da posibilidad de que emerjan posibilidades nuevas en la relación. Se refiere a la relación colaborativa facilitada por un modo de ser terapeuta, como un “medio fértil” para “fines creativos”.
Anderson habla de una filosofía de la terapia, para enfatizar una forma de ser con, versus un sistema de hacer por. Con es la palabra clave, lo distintivo es el proceso de estar–con (withness) la otra persona orientándose hacia ella y conocer y actuar “dese dentro” del momento. Se trata de una actitud de estar preparada para responder espontáneamente a la situación presente , es un estado, no algo que uno hace.
Harlene en este texto logra describir, clara y profundamente, el momento de estar con otro, integrando los aportes de J. Shotter, la acción conjunta y saber desde dentro, y D. Stern, momentos de encuentro y ahora. Perspectivas que aportan y dan palabras a la compleja experiencia relacional. Es novedoso y sorprendente, en relación a sus otros textos, la descripción que hace de los momentos de cambio y, por otra parte, tremendamente sintónica con los planteamientos que hace Eduardo Carrasco, en el Instituto Chileno de Terapia Familiar en sus escritos respecto a estos temas.
La autora plantea que el quehacer terapéutico es establecer una relación colaborativa que favorezca conversaciones dialógicas, entendidas como indagación mutua a través de las cuales emerge novedad. Plantea cómo facilitar las condiciones y el espacio metafórico para el diálogo entendido como colaboración conversacional.
La postura filosófica, es decir la sensibilidad que orienta la acción terapéutica, se caracteriza entre otros por: indagación mutua, es decir estar juntos en esto; expertise relacional, que se refiere a favorecer un espacio de construcción de conocimiento en conjunto una forma de saber compartido intersubjetivamente; no-saber previo, sino la construcción de saber-con creado momento a momento de la terapia; ser abierto; vivir con incertidumbre; conciencia de transformación mutua; y orientación hacia la vida cotidiana.
Espero que muchos lean este artículo y podamos tener ocasión de intercambiar reflexiones, dudas, y diálogos, que nos transformen mutuamente. Necesitamos aprender a dialogar, y seguir desafiando los monólogos que se sustentan en “verdades universales”, sin esperar acuerdos o sometimientos a la verdades de otros. Pienso que las conversaciones dialógicas entre colegas y con nuestros pacientes y familias y amigos, pueden ayudar a ir transformando nuestros espacios relacionales e ir un poco más allá. Los planteamientos de H. Anderson, contribuyen a sostener la complejidad y a encontrar en ella nuevas posibilidades y recursos.
Loreto Céspedes P.
18 de marzo de 2012

Cada año que termina es un nuevo comienzo: Hay grupos de formación que se despiden luego de dos años de intenso trabajo y simultáneamente nos abocamos a recibir las postulaciones de los nuevos psicólogos y psiquiatras que quieren formarse como terapeutas de familias y parejas. Cada año es un desafío mayor, pues el escenario de la oferta académica de Post-titulo es muy diferente a aquella de 1983 cuando había sólo una institución, además de la nuestra, que se aventuraban en formar terapeutas en el modelo sistémico.
Este es mi testimonio, la experiencia de vivir con una enfermedad, y también es la sistematización de las reflexiones que he procesado en este tiempo. Hacerlo ha sido profundamente útil para mí, y tengo el deseo que también lo sea para otros, ya sean enfermos, quienes trabajan con ellos, sus familiares y amigos, o cualquier persona que quiera pensar sobre la propia vida y su sentido.
Carla Vidal Pollarolo.
Para leer el texto de “Testimonio de una experiencia de vivir con cáncer”, descargar documento en la barra lateral derecha “documentos” o ir directamente al link http://ichtf.blogspot.com/p/testimonio-de-una-experiencia-de-vivir.html
Si quiere conocer detalles del taller: La Práctica de Mindfulness en la Experiencia de Vivir con Cáncer, que realizará Carla junto a la Psicóloga Verónica Guzmán, puede visitar la página http://www.institutomindfulness.cl/2011/08/taller-mindfulness-experiencia-de-vivir-con-cancer/

Como diría la abuela, me acuerdo como si fuera ayer cuando Sergio Bernales soñaba esta revista que ya cumplió 18 años y 29 números, de la
Al cabo de 6 años de dar atención a familias vulnerables ligadas a programas institucionales y de capacitar a agencias sociales vinculadas a actores sociales cuya ligazón con sus familias ha sido conflictiva, UNICEF nos ha recomendado, como institución experta en temas de familia y pobreza, para hacer un diplomado con las personas que trabajan directamente con familias del programa Puente.
Reseña de Sergio Bernales
(Enero 2014)
Una cita de entrada:
“El amor me dio la bienvenida, pero mi alma se espantó.
Culpable del polvo y el deseo.
Pero el amor de ojos raudos, al observarme se aflojó
Desde mi primera entrada,
Se acercó hasta mí y, con dulzura, preguntó
Si algo me hacía falta.
(George Hervert)”
Este poema nos entrega la clave de la breve novela que quiero recomendar.
La historia es simple, transcurre en Nueva York, su comienzo es en el bar de un hotel. Allí un hombre solo le relata su historia a una joven parcialmente interesada en escucharle. Invirtiendo a Hemingway, transcurre en un lugar “no limpio ni bien iluminado”, recordando uno de sus más famosos cuentos.
¿De qué va el relato?
De la ambivalencia de ciertos hombres frente al amor, de la ilusión romántica y de seguridad de una gama de mujeres, del hombre derrotado que se refugia en el dinero (“billetera mata galán”) para conquistar una mujer como trofeo y terminar derrotado por el amor, es decir, del viejo triángulo amoroso.
La gracia, sin embargo, es la manera como Hayes teje la novela, lo tenue del discurso que señala un saber del amor disecado mediante diálogos breves lleno de excedentes para interpretar, y a través de una prosa exquisita, donde lo sutil y preciso del equívoco lenguaje del amor y la pasión son una constante.
Las cosas empiezan para el relator como suelen comenzar, una tarde sucede algo, nada del otro mundo, nada realmente importante, la búsqueda de un poco de placer sin siquiera una pizca de culpa. Después de conocerla la escuchó decir: “ojalá fuera más inteligente, ojalá fuera más sabia (así fantaseaba que podía controlar mejor el mundo), tengo pocos amigos, me canso, la vida me lleva”. Y continúa con la descripción de la manera como él se fue quedando sin prometerle nada, pues la vida para él se reducía a observar, a vivir en un modesto cuarto de hotel y a trabajar por encargo. Lo que tenía en mente era un romance cómodo, fijo e invariable, una mera secuencia de placeres que no le alterara su vida ni se interpusiera con su trabajo de escritor, y combatiera sus momentos de soledad, en otras palabras, que le proveyera de la diversión más agradable del parque de diversiones: el placer del amor.
Pero tal como sucede en aquella película francesa, “Una relación pornográfica” con Sergi Lopez y Nathalie Baye, las cosas se tuercen, se produce un intervalo “entre el acorde del deseo, que ya fue tocado, y el acorde de la satisfacción del deseo, que todavía no lo ha sido”, algo que ocurre cuando todo promete y permanece suspendido. La relación entre ellos toma un curso que ya no saben controlar desde el momento en que él la lleva a un hotel y después a pensar que ninguna noche es como esa primera noche, como ese primer gesto, esa primera desnudez, esos modales titubeantes, inseguros, intensos, que nunca vuelven a ser lo que fueron porque nada de lo que desea transcurre tal cual como lo desea y tanto la esperanza como la negación, la expectativa y la renuncia, lo lleva a pensar en el error de desear con una intensidad que termina hiriéndolo.
¿Y ella?
Había estado dispuesta a hacer lo que su primer amor le hubiera pedido, ahora lo recordaba con amargura y burlándose de sí misma, dispuesta a escandalizar a su familia, indignar al mundo, en suma, a sacrificarse por amor. A los 17 años tuvo a su hija y no pudo hacerse cargo de ella. Un motivo más que suficiente para centrar un futuro que considere a esa pequeña en sus próximas elecciones. Lo suyo era cargar con los demás. Primer marido, familia de origen, ahora una hija.
¿Cómo todo eso le condiciona su futuro?
Me refiero a haberse casado la primera vez por amor. Es lo que sus conductas despliegan y que él no puede comprender desde su ambivalencia amorosa, situación que la deja a ella preguntándose por la motivación de él cuando le hablaba de una libertad vaga, informe, sin substancia, pero sobretodo, al no escuchar ni declarar que la amaba.
Un trozo de la novela lo grafica:
“Me decía que aunque estuviera desconsolado por un tiempo, incluso genuinamente triste, al fin y al cabo sobreviviría.
¿No quería que sobreviviera?
Sospecho que no, mejor que quedara incapacitado por completo”
Es cierto que él odiaba la violenta supresión de sí mismo que le causaba el amor y deseaba estar en otra parte, pero al fin y al cabo, no eran más que decisiones pasajeras tomadas en la oscuridad, hasta que en la soledad impuesta, empezaba a extrañarla de nuevo.
Lo peor es que ambos sabían que las palabras que les salían con tanta facilidad o con balbuceos no eran las verdaderas.
¿Qué ocurre al llegar a este momento de la trama? En general, y habitualmente eso que pasa lo hace en la noche, pasa algo que es una curiosidad……y después una pauta que conecta la historia de los dos en el tiempo. Pauta de la que no pueden escapar y que es gatillada por la particular forma en que irrumpe el tercero.
Si me valgo de Roland Barthes cuando escribe Fragmentos del discurso amoroso, la historia se va llenando de abrazo, angustia, ausencia, celos, encuentro, llanto, mortificación, rapto, recuerdo…y un final dramático o trágico.
Como suele decirse en la jerga literaria: las historias de amor que merecen ser contadas no son las que tiene un final feliz. Baste citar Abelardo y Eloísa, Tristán e Isolda y Romeo y Julieta para darnos cuenta.
Y de eso trata esta magistral novela que en apretadas 150 páginas nos brinda una lección de cómo escribir una historia universal.
En lo personal, me ha cautivado la capacidad de Hayes para construir el clima emocional de los distintos lugares que habitan sus personajes, sus ambigüedades, sus flaquezas, el modo en que maneja los tiempos, la exaltación de lo detenido que se convierte en conducta desesperada, los vanos y equivocados intentos de reparación. La tristeza inconmensurable que rodea la vida de los tres personajes cuando somos capaces de no enjuiciarlos y verlos en lo propio de sus limitaciones, todo lo cual es señalado con una melancolía narrativa que atrapa. Lo mismo ocurre con la voz del narrador: la frialdad con que se describe adquiere ribetes de comedia, pero a la página siguiente conmueve y luego enoja, para volver al comienzo.
Para terminar un par de frases que resumen la derrota: “me habitaba un terrible vacío. Pensé que había hecho lo que, para mí era un gran esfuerzo hacia el amor y había fracasado, y no sería capaz de hacer aquel esfuerzo nuevamente”.
“El problema de ella era que lo quería todo: el matrimonio decente y el amor indecente; el living ordenado y el dormitorio desordenado; el regador en el césped y la cita en algún momento entre las dos y las cuatro. Le sonreí”.
Sobre el autor:
Alfred Hayes (18 April 1911 – 14 August 1985): nació en Londres y creció en Nueva York. Fue periodista, incursionó como guionista con Roberto Rosellini y Vitorio De Sica. Escribió cuatro novelas y fue elogiado en la década de los 50, después pasó al olvido. Este es un homenaje a alguien que es capaz de sufrir y observar el sufrimiento con el tono apropiado para conmovernos 60 y tantos años después.
Sobre la poesía del comienzo:
George Herbert (3 de abril de 1593 – 1 de marzo de 1633): poeta y sacerdote inglés.
En su verso “Amor” señala. “El amor tomó mi mano, y sonriente replicó - ¿Quién hizo los ojos, sino yo? - Verdad, Señor, pero los he echado a perder: que mi vergüenza – vaya donde es debido”
Comenta: Dr. Sergio Bernales
¿Cuál es la gracia de este conjunto de 16 cuentos?
Todos ellos nos capturan desde sus primeras páginas y nos invita a acompañar la sensación de angustia culposa del o la protagonista, nos enreda en su situación vital y nos convoca. Todos ellos terminan de un modo donde lo inconcluso cumple con lo propuesto por Bajtín como valor del relato breve.
Su variedad temática nos habla de un autor lúcido, tanto en sus observaciones situacionales, como en las descripciones vitales y psicológicas, es entretenido, cuidadoso del lenguaje y capaz de sorprendernos con agudos giros en la resolución de la trama.
Estamos frente a un gran cuentista, un innovador temático que teje los distintos relatos a través del hilo que lleva al dolor y un denominador común que va de la frustración al miedo y la ansiedad.
Una recomendación que me atrevo a hacer es leer un cuento por día para saborear los matices que nos deja lo escrito cuando no todo queda dicho.
Comentaré algunos. El primero es el de una pareja con una hija que es invitada por unos vecinos de veraneo a los que no conocen, la hija desaparece y al padre le sobreviene la idea angustiosa de un rapto, dejando entrever las diferencias entre los cónyuges en su modo de enfrentar la vida como padres, en un trasfondo de inversiones de capital de riesgo innecesarias.
El segundo es el viaje de dos amigos donde uno le enseña infructuosamente técnicas de seducción al otro develando los matices de la soledad, bien o mal acompañada.
El tercero cuenta la historia de un hombre que se ve enfrentado a un posible diagnóstico de linfoma, las vicisitudes del moribundo, las ganas de reparar con personas cercanas, pero indeseables, y la imposibilidad de articular puentes de entendimiento cuando los códigos de la comunicación transitan en paralelo.
Es interesante leer estos cuentos desde la óptica de las fronteras del discurso, en el sentido de ser lectores situados desde un lugar en el que recibimos y entendemos un significado por el que tomamos partido, lo completamos y lo aplicamos en el contexto de nuestra propia vida mediante un proceso de escucha y comprensión que nos invita, desde las primeras frases del protagonista, a convertirnos en acompañantes involucrados. La manera de hacerlo fluye desde un estilo coloquial y envolvente.
El cuento que da el título al libro es el más breve. La historia es sencilla y cuenta como en el amor, el acto fallido es lo corriente, en especial si se mezcla el dolor y lo prohibido. La anécdota la usa el autor en otra de sus novelas (Psique) por lo chabacana que puede parecer, y que en este caso, revela el olvido de un pescado que se podrirá debido al recuerdo doloroso de un amor prohibido en la hora de su funeral, el recuerdo de una frase de la difunta que puso término a una relación erótica por lo peligroso de enamorarse.
Hay además guiños a otros autores, como el Hemingway de Colinas como elefantes blancos cuando el viejo profesor de astronomía le dice a su antigua alumna y amante: “Bueno ya sabes. Siempre te lo he dicho, cualquier cosa que hagas, me parecerá bien”, esta vez, a diferencia del relato de Hemingway, para acompañar el dolor de ella, cuando el hecho ya ocurrió, en vez de presionarla a abortar, como ocurre en aquel.
Para terminar, me parece que Lasdun, recorre los intersticios de lo humano que permanecen menos accesibles a la mirada corriente, y si bien describe mezquindades y ansiedades de la vida acomodada, aparece lo universal de la vulnerabilidad individual de un modo que nos permite apiadarnos de los personajes, y muchas veces, si nuestra autocrítica es alta, a reconocernos en algunos de ellos.
Comenta Dr. Cristián Chaparro C.
En realidad no hay un marido en ciernes ni un amanecer concreto. Es más bien un cúmulo de pequeños relatos donde se adivina apenas alguna relación. El amanecer es sólo una más de las historias de este libro.
Fue recomendado por una querida paciente que se había sorprendido con el libro y que se había sentido interpelada con varias aseveraciones que había leído en él. De hecho, pensó que yo tenía que leerlo y me lo prestó.
Héctor Abad Faciolince, el autor, es un colombiano que conoce de cerca la violencia, la migración y el dogmatismo. No conozco el resto de sus libros y me parece que esta colección de historias breves tienen en común sólo la humanidad de sus situaciones
Los relatos, que en ocasiones suenan autobiográficos, están frecuentemente llevados por diálogos internos de disímiles personajes en situaciones particulares. Se leen rápido, bien rápido. Son ágiles y despiertan curiosidad.
Me atrevo a recomendarlo por lo amplio de las descripciones de las emociones y reflexiones de los personajes, de sus motivaciones y sus anhelos (o la falta de ellos). La ira, el miedo, el despecho, el agobio, la sorpresa, los celos, son expuestos para comprenderlos en una coherencia interna. ¿Qué siente el marido que descubre el goce de su mujer con otro?, ¿qué puede ocurrir en ella ante su agresor o al asomarse al abandono?
Al leerlo me sorprendí también. Me sorprendo de lo que se me abre a los ojos y me sorprendo de mí, de mi ignorancia y/o mi simpleza al asomarme al otro "... también están dejando de ser niños, y adquieren un poder, el nuestro, que consiste en desconfiar, por un lado, y en engañar, por el otro. Y cuando los adultos creen en mentiras, o las dicen torpemente, nos parecen pueriles, infantilizados...", "...cada mujer piensa que en ella el ciclo termina, que en ella al fin su nuevo amor llegó al puerto que era. Y no es así, siempre estarás dispuesto a zarpar otra vez. Sólo la última, la que enviude, podrá decir que lo tuvo hasta el final; pero esa ingenua no sabrá que te tuvo hasta el final sólo por falta de tiempo..."
Lo recomiendo a los novatos, como yo, en ver la riqueza de la condición humana, para que se sorprendan.