viernes, 15 de mayo de 2020
Recursos Literarios para Compartir en Familia
Unidad de Terapia Familiar con Niños y Adolescentes
Instituto Chileno de Terapia Familiar
Los invitamos a leer o releer en familia el libro “Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar” de Luis Sepúlveda, escritor chileno que lamentablemente acaba de fallecer en España producto del corona virus.
La novela, que fue escrita para jóvenes de 8 a 88 años, cuenta la historia de Zorbas, un gato que rescata a un huevo gaviota luego que su madre muere atrapada en petróleo que fue arrojado al mar. Zorbas promete cuidarla hasta que aprenda a volar y junto a sus amigos se dedican a criar a la gaviota, a la que bautizan como Afortunada.
¿Por qué nos gusta tanto esta historia?
-Porque trata sobre el amor incondicional: el gato que empolla a un bebe gaviota nos habla de que para ser y hacer familia no importa el género, la biología, las creencias, los colores ni las formas. Lo que importa y permanece son los vínculos significativos que desarrollamos con otros.
-Porque nos habla sobre el cuidado a los animales, a la Tierra. Nos recuerda que como parte de la Naturaleza somos todos iguales y dependemos unos de otros. Por eso respetarnos y cuidarnos es indispensable. ¿Han visto como las mascotas hoy día se han encargado de recobrar el placer de acariciar y ser acariciados? ¿O lengüeteados?. ¿Cómo no estarles agradecidos? Así es como, entre muchas otras maneras, parece que ellos nos estuvieran cuidando.
-Porque el libro trata acerca de la importancia de hacer comunidad, donde construir lazos y hacer conexión con otros es vital para cumplir nuestros sueños. El gato Zorbas pide ayuda a otros gatos, animales e incluso a un humano para enseñarle a volar a Afortunada. En estas semanas hemos sido testigos de muchos gestos de compasión y solidaridad que nos recuerdan que no estamos solos y que juntos somos más fuertes.
-Porque es una historia que nos recuerda la inocencia y curiosidad con que podemos vivir el momento presente. Zorbas se sorprende con cada momento del crecimiento del bebe gaviota. Hoy estamos todos asomados a un momento lleno de preguntas. Pero en vez de entristecernos o preocuparnos por no tener las respuestas, tal vez podemos aprender a convivir con esas preguntas y misterios que hacen la vida más compleja pero también más fecunda.
¡Que disfruten su lectura!
Carmen Paz Puentes
lunes, 11 de mayo de 2020
NUEVAS EXIGENCIAS PARA PAREJAS “PUERTAS AFUERA” DURANTE LA CUARENTENA
Reflexionando sobre las nuevas exigencias que han enfrentado las parejas que han tenido que adaptarse a la cuarentena debido a la pandemia del Covid-19, surgen preguntas sobre cómo viven este proceso las “parejas puertas afuera”, aquellas parejas estables, pero que viven separadas.
¿Será más fácil, más complejo o más bien tendrá dificultades distintas la adaptación de estas parejas debido a que no han tenido que compartir una cuarentena bajo el mismo techo? Y ¿Cómo vivirán el estar separados físicamente por razones ajenas a su voluntad?
Se ha hablado más de las parejas que viven juntas, pero menos de las que no. Y nos surgen algunas reflexiones al respecto ¿Acaso los miembros de estas parejas no han tenido que verse enfrentados, también, a traer cada uno el trabajo a sus respectivas casas, acompañar a sus hijos -cuando los hay- en su educación y hacerse cargo de las labores del hogar? Sus rutinas, al igual que para todos, se alteraron radicalmente en un plazo de tiempo insuficiente para llevar a cabo los cambios necesarios para reorganizar sus vidas. Cada miembro de estas parejas también se ha visto expuesto a un ambiente de incertidumbre, ansiedad, temor, generando, muy probablemente, tensiones al interior de la pareja. A esto se suma la adaptación y los desafíos de la relación en sí misma en este nuevo e inesperado contexto.
Entonces, nos preguntamos si, teniendo las mismas dificultades las parejas “puertas afuera” respecto a las que viven en el mismo hogar, ¿Será más complejo o en qué será distinto su proceso adaptativo si se suma la variable de la obligada separación física?
A partir de la reflexión sobre estas preguntas distinguimos tres principales desafíos para las “parejas puertas afuera” durante la cuarentena.
1. La ausencia del cuerpo físico y el encuentro virtual.
¿Será más difícil vincularse para estas parejas por la falta de contacto físico? ¿Se puede mantener, o cómo se mantiene, una relación de pareja “sin cuerpo” presente? Y ¿Será distinta esta experiencia de la separación física en este contexto de emergencia sanitaria respecto a otros, como, por ejemplo, relaciones a distancia por motivos geográficos? ¿Lo que ocurre en la intimidad física podrá ocurrir en mayor o menor medida, también, en el espacio virtual?
Si bien la intimidad tiene distintas dimensiones y espacios en que ocurre, lo que más fácilmente se asocia a ésta son actividades que se realizan con cuerpo presente; conversar, cocinar, ver una película o bailar juntos, y también contactarse físicamente con caricias, besos y con el encuentro sexual.
La nueva condición de distancia física puede permitir a las parejas “puertas afuera” desarrollar su creatividad y abrirse a la posibilidad de realizar estas mismas actividades juntos, pero a distancia. El uso de las llamadas telefónicas y, especialmente de las plataformas digitales surgen como las alternativas de medios para ‘encontrarse’.
“Lo virtual”, para la mayoría, no logra reemplazar la experiencia con cuerpo presente, pero permite mantener un espacio de encuentro, que, no por ser distinto y/o insuficiente, deja de otorgar importantes satisfacciones. Hay algo en lo virtual, según señalan algunas personas, que, existiendo las condiciones y disposición necesarias, permite un acercamiento incluso ‘más conectado’ entre ambos. En este sentido, se podría pensar en una nueva -para muchos no tan nueva-, forma de intimidad, “la intimidad virtual”. Lo que hoy cambia es que lo virtual es el único espacio posible para la intimidad
La intimidad virtual, así como también la intimidad con el cuerpo presente, requiere de una inversión de tiempo y de buscar un lugar físico, mental y emocional para desarrollarla. En el caso de las “parejas puertas afuera”, es importante que reserven espacios y tiempos para conectarse virtualmente, intentando que no se haga una tediosa rutina, tratando de dar cabida tanto a compartir momentos de placer, como a conversaciones sobre dificultades, temores y ansiedades de cada uno.
Sin embargo, generar los tipos de encuentros señalados no siempre es fácil, ya que muchas veces los integrantes de la pareja viven con otras personas (amigos, familia, hijos, etc.) por lo que puede costar encontrar un momento y un espacio físico con la privacidad necesaria para conversaciones románticas o para practicar distintas formas de actividad sexual (sexting; conversaciones eróticas, masturbación simultánea, etc.), así como todo tipo de conversaciones y actividades compartidas. Entonces, resulta nuevamente necesario utilizar la creatividad. Muchas personas se encierran en el baño, en la sala de reuniones del edificio donde habitan o en el auto en el estacionamiento.
2. Acomodar las formas de cuidado de la relación en el nuevo contexto.
Muchos de los miembros de estas parejas se ven enfrentados al teletrabajo, al estrés por la pérdida -o la amenaza de pérdida- del trabajo y/o a la reducción de sus ingresos, a los temores por la propia salud y de los seres queridos, especialmente si algunos son adultos mayores, a acompañar a sus hijos -cuando los hay- en su educación y a hacerse cargo de las labores del hogar.
En el nuevo escenario, cuidar la relación y el clima emocional en la pareja se hace más complejo. Una herramienta de cuidado para ese espacio emocional virtual es ser muy claros en explicitar al otro el estado anímico en que se está en el momento, porque la virtualidad hace que se pierdan ciertas señales y parte del lenguaje no verbal, lo que facilita los malos entendidos. Es necesario que la pareja en conjunto pueda dilucidar en qué momentos necesitan espacios de conversación de distintos temas, como, por ejemplo, cuándo es que necesitan hablar de los temas difíciles. También poder identificar y comunicar cuándo necesitan sentirse más cerca y cuándo necesitan tomar un poco de distancia, o cuándo simplemente quieren compartir juntos espacios de distracción y de humor. Para esto, una herramienta muy útil es fijar citas temáticas, como una forma de complementar aquellas más espontáneas.
Citando a Luis Tapia-Villanueva y María Elisa Molina (2014), la intimidad emocional requiere de un ambiente seguro y de confianza donde el Sí Mismo de cada miembro de la pareja sea
aceptado como legítimo, permitiendo la aparición de sus sentimientos y fragilidades. El proceso de construir esta intimidad suele no ser fácil para las parejas, entonces, pensamos que crear y cuidar de ese espacio puede ser mucho más difícil cuando el encuentro no es físico, sino virtual.
3. Funcionamiento en “modo de sobrevivencia”.
No podemos olvidar que estamos en una situación de emergencia mundial y nacional, que nos puede hacer funcionar en un modo que podríamos llamar “de sobrevivencia”. Hoy se activan las reacciones de alarma en cada uno, la necesidad de tramitar nuestras emociones difíciles ante este contexto de incertidumbre, temor y de gran estrés, así como de gestionar abastecimiento, finanzas, conductas de cuidado sanitario y un sin fin de coordinaciones a la vez.
En momentos de crisis colectiva y/o individual, es cuando más se activan nuestros mecanismos de defensa como reacción ‘adaptativa’ a dichas crisis. Y es en las relaciones más cercanas, especialmente en las de pareja, donde aparecen de forma más intensa o extrema.
Cada miembro de la relación hace uso de las propias herramientas que ha aprendido a lo largo de su vida para adaptarse y ‘sobrevivir’ emocionalmente a las crisis, protegiéndose, con ellas, de temores, dolores y del sufrimiento en general.
Los mecanismos defensivos que se despliegan pueden ser muy diferentes según la historia personal de cada quién, y también con relación al contexto actual. Algunos se pueden desconectar de las emociones difíciles, otros tienden a actuar de modos que pudieran parecer irracionales o infantiles, otros pueden mostrarse más fríos y distantes, o todo lo contrario, algunos pueden estar más sensibles y necesitados del otro.
La manifestación en cada miembro de la pareja de sus particulares mecanismos de defensa puede conducir a un impasse en la relación, el que es vivido con mucha intensidad emocional, ya sea de rabia, temor o dolor, por parte de ambos, con la sensación de no poder avanzar en la resolución de este estancamiento. Pueden surgir ideas respecto al otro, como, por ejemplo, que el otro no lo ama, no lo cuida, no lo tolera como antes o lo agrede, lo maltrata, lo critica, entre otras. Estas atribuciones llevan a que cada miembro de la pareja tienda a reaccionar ante el otro de un modo que suele conectar a cada uno nuevamente con sus fragilidades, generando una pauta de la que les cuesta mucho salir.
En este sentido, es muy importante, primero, identificar si es que como pareja se está funcionando en este modo y cuáles son los mecanismos que cada uno está desplegando, haciéndose conscientes de las emociones y acciones que van surgiendo en cada uno y en la relación. En la medida que cada uno identifica su responsabilidad en el conflicto y se conecta con el amor al otro, es más fácil buscar cómo cuidar a ese otro y a la relación.
En segundo lugar, no hay que olvidar que los impasses pueden resolverse, a veces aceptando los desacuerdos, manteniendo la flexibilidad y siendo compasivos con nosotros mismos y con el otro, pues ambos sufrimos durante estas crisis. No hay que perder la
perspectiva de que esta situación es transitoria, muy cargada de tensiones y angustias y que todo puede volver a la calma.
Por último, cuando las parejas se encuentran con este tipo de dificultades, sobrepasadas por la situación, es recomendable y beneficioso poder tener un apoyo profesional.
Instituto Chileno de Terapia Familiar
Unidad de Terapia de Pareja Relacional en Múltiples Niveles
María Alejandra Escala Z.
Christiane Krämer K.
Gabriela Valls B.
Christiane Krämer K.
Gabriela Valls B.
Patricia González E.
Paulina Pemjean C.
Daniela Vío G.
Paulina Pemjean C.
Daniela Vío G.
domingo, 10 de mayo de 2020
Madres (padres) y familias suficientemente buenas.
Desde hace algunos meses cada uno de nosotros se ha visto enfrentado a una crisis que va más allá de las esperadas por la familia en el curso de su existencia, como suelen ser la llegada de los hijos, la adolescencia o la partida de ellos cuando son adultos. Esa situación inesperada ha sido la pandemia CoVID 19 que nos ha obligado a la distancia social y el confinamiento obligado o voluntario y con eso a vivir simultáneamente y en un solo lugar el rol de pareja, padres e hijos. En este contexto, el miedo, la angustia y la incertidumbre están presentes en cada miembro del grupo familiar y se pueden manifestar de diferentes maneras. En los hijos en edad preescolar probablemente surgen conductas que resultan difíciles contener, ya que el estado emocional de los padres es de alta demanada y la incertidumbre económica y sanitaria es parte del escenario de muchos. Tal vez muchas madres se han visto más exigidas en este contexto, uniendo crianza y trabajo, porque están solas o bien porque ese es el acuerdo implícito de la pareja, aunque como cultura y sociedad hemos avanzado en esta distribución de roles, aún existe la doble jornada para la mujer. Lo cierto es que el contexto actual nos obliga a lidiar de manera diferente con todo esto. ¿Cómo convertirnos en proveedores de cuidado y satisfacer las propias necesidades de cuidado? Quizá es una pregunta pertinente cuando se trata de estar a cargo de niños pequeños. Tal vez nos acercamos a una respuesta si consideramos el concepto de madre suficientemente buena (que también podemos aplicar a los padres) desarrollado por Donald Winicott, psicoanalista que ha realizado un gran aporte en la comprensión de la mente de los niños. De manera sencilla, este concepto alude al hecho de proveer a los niños de un hogar nutrido de afecto, cuidado y satisfacción de necesidades físicas y emocionales, de manera imperfecta, es decir con errores que luego se reparan y reconocen. A partir de esto, frente a la realidad en la que estamos expuestos, la flexibilidad, la necesidad de establecer lo importante para cada madre y padre y equilibrar los cuidados de otros y de sí mismos, cobran gran importancia y se relevan en el contexto. Las conversaciones pendientes, las emociones y sentimientos que se ocultaban en el quehacer cotidiano y las exigencias del entorno, hoy se hacen presentes y se reflejan en un espejo que inevitablemente nos muestra cómo estamos y lo que está ocurriendo a nuestro alrededor. ¿Cómo sería si consideramos este concepto, cómo sería si logramos definir qué es lo importante para una madre/padre y los hijos en este momento, cómo sería si nos atrevemos a ser sólo madres y padres suficientemente buenos? Todas preguntas que vale la pena considerar.
Equipo de Familia y Vínculos Tempranos
Psicólogas Sara Aberg, Ana María Olivares y Teresita Vicuña.
Instituto Chileno de Terapia Familiar.
miércoles, 29 de abril de 2020
PAREJAS EN CUARENTENA: CINCO DESAFÍOS EN TIEMPOS DE CONFINAMIENTO
Desde que se instauró la cuarentena, como una de las medidas para frenar la rapidez de contagio del COVID-19, nuestras rutinas han cambiado drásticamente, adaptándonos a estar encerrados en casa, conviviendo 24/7 con nuestras parejas e hijos. Y hemos tenido que ajustarnos a estos cambios sobre la marcha, sin tener tiempo para planificar ni pensar cómo reorganizar la vida.
En este contexto que estamos viviendo hay más incertidumbre, ansiedad y miedo, lo que puede generar un sentimiento de mayor vulnerabilidad en cada integrante de la pareja y dificultades en su funcionamiento.
1. La Familia tiene que reorganizarse: Nuevas reglas del juego.
Para muchos el trabajo continúa en la modalidad de teletrabajo desde la casa. Muchas personas reportan estar trabajando más horas que antes, porque es más difícil marcar el límite entre el espacio laboral y el personal/familiar y con más estrés por no estar rindiendo como antes.
Los hijos permanecen en casa, con exigencias escolares que, sobre todo en el caso de niños pequeños, deben ser supervisadas por los padres.
Muchas familias han asumido las labores domésticas, lo que ha implicado hacerse cargo y dividirse dichas tareas.
Son muchos frentes a los que hay que atender, lo que puede generar desgaste y tensión en la convivencia cotidiana. ¿Cómo ponerse de acuerdo sobre las nuevas reglas del juego mientras dura el confinamiento?
Es importante que en la familia se hable explícitamente sobre la necesidad de una nueva organización. Es imperioso definir reglas mínimas de funcionamiento familiar, construir un nuevo “rayado de cancha” para este período de excepción. Esto requiere flexibilidad, para acomodarse al nuevo escenario, ajustar las expectativas sobre lo que es posible y real de hacer en cuarentena y aceptar que en el proceso de negociación hay que estar dispuesto a ceder para llegar al mejor acuerdo posible.
2. Perdemos estabilidad económica: Nuevos reajustes.
Para muchos, esta pandemia ha generado inestabilidad laboral y cesantía, lo que ha aumentado la ansiedad e incertidumbre sobre su futuro económico. En muchas parejas se ha producido un cambio en el acuerdo (implícito o explícito), que tenían sobre la organización del dinero, debido a los bruscos cambios que se han generado en los ingresos. Esto puede afectar el equilibrio de poder entre la pareja, ya que el miembro con mayores ingresos puede sentirse con más atribuciones respecto del otro, mientras que el miembro que ha disminuido sus ingresos o está cesante puede sentirse en mayor desventaja.
Es importante intencionar conversaciones con la pareja sobre este tema, compartir los temores o preocupaciones, contenerse mutuamente. Que no se vuelva un tema tabú del que no se puede hablar, eso sólo agudiza las tensiones.
Definir un plan a corto y mediano plazo que sea realista ayuda a bajar la ansiedad y aumenta la sensación de control. En estos momentos pensar juntos en alternativas para generar dinero es
una buena idea. Así como pedir ayuda y recurrir a sus redes de apoyo para buscar caminos de salida a la situación. Aislarse con el problema puede aumentar la angustia y hace más difícil ver opciones.
3. Nos desregulamos en lo emocional: Démosle espacio a la emoción.
En estos tiempos de confinamiento se genera mayor irritabilidad, intolerancia, reactividad, ensimismamiento o estados depresivos en y entre los miembros de la pareja. Tendemos a estar más agresivos, sensibles y vulnerables. Se puede contestar de manera más impulsiva, generando mayores conflictos y, en algunos casos, violencia intrafamiliar (las denuncias de mujeres a Carabineros por violencia física en el país crecieron un 19%; La Tercera ,15 abril 2020). Pero, también se puede dar un mayor distanciamiento, para evitar el conflicto o, simplemente, para alejarse del tedio de estar con el otro.
Ambas modalidades repercuten en la pareja y, si hay hijos, estos últimos absorben toda la tensión, agresividad o distancia de los padres, quedando a la deriva emocional.
Es importante no olvidar que en este contexto de gran estrés la desregulación emocional será altamente frecuente y esperable. Entonces:
Es necesario que cada miembro de la pareja se comprometa a no insistir en conversar sobre las diferencias o problemas cuando se sientan desregulados, esto probablemente “no llegue a buen puerto”. Por el contrario, sería bueno darse un espacio individual para bajar la intensidad, reconocer lo que cada uno está sintiendo, buscar estrategias para calmarse y luego volver a retomar la conversación con el otro.
Distinguir entre problemas que se pueden resolver y aquellos que podrían poner en juego la relación; no sería el momento de abordar estos últimos.
No habría que olvidar que los padres, en la medida que estén regulados emocionalmente podrán acompañar mejor a los hijos, para que expresen sus emociones en un contexto familiar seguro y contenedor.
4. No damos abasto: La necesidad de espacios para la pareja.
Antes de la cuarentena, para muchas parejas ya era difícil conciliar tiempos y espacios separados y exclusivos para los distintos roles: lo laboral, la crianza, lo escolar, lo doméstico y su intimidad. Hoy, producto del confinamiento, estas dificultades han aumentado ya que el espacio es más acotado y el tiempo debe dividirse. Todo esto sobre un contexto de incertidumbre, ansiedad, miedo y angustia sobre el futuro.
¿Cómo podría la pareja abarcar todos estos aspectos desde un abordaje menos exigente y más contenedor?
¿Cómo poder redefinir los espacios para que la pareja no quede relegada al último lugar de la lista, llegando ambos extenuados al final del día y sin energía para la intimidad?
¿Cómo construir un espacio y un tiempo para que, al alimentar la intimidad emocional con el otro, la familia en su conjunto se vea sostenida en estos tiempos de tensión?
¿Cómo potenciar la comunicación, la tolerancia y la contención?
Es importante usar la creatividad para crear momentos de conexión emocional con la pareja. Ver una película juntos, preparar una comida especial, hacer un alto en la vorágine del día a día para saber cómo va el día del otro, buscar un espacio para el encuentro sexual. Es probable que cueste, por el cansancio, el ánimo más bajo, pero trabajar mentalmente la disponibilidad a este encuentro es importantísimo, ya que al final nos puede dejar la sensación, no sólo de gratificación, sino también de acompañamiento y conexión emocional con el otro.
5. Juntos 24/7 en casa: Equilibremos los espacios.
Las parejas tienen, en general, una forma de administrar la cercanía y la distancia, en cuanto al espacio propio y el que comparten juntos. Este tiempo de confinamiento ha alterado la forma en la que este aspecto es vivido por las parejas.
¿Cómo combinar los espacios de pareja y los necesarios espacios individuales de cada uno?
Es importante explicitar y respetar los tiempos en casa: por un lado, fomentar el encuentro y diálogo en la pareja; por otro, darse espacios propios (silencio, estar solo, conectarse con los amigos o familia de origen, leer, etc.), ya que esto permite volver con mayor disposición a estar juntos.
Tanto la cercanía como la distancia son esenciales para sostener este tiempo de confinamiento, que aún no sabemos cuánto durará.
Instituto Chileno de Terapia Familiar
Unidad de Pareja Relacional en Múltiples Niveles
María Alejandra Escala
Christiane Kramer
Gabriela Valls
Christiane Kramer
Gabriela Valls
Patricia Gonzalez
Paulina Pemjean
Daniela Vío
Paulina Pemjean
Daniela Vío
viernes, 10 de abril de 2020
“ Régimen de visitas a niños de padres separados quedarán suspendidos en comunas con cuarentena total”
Ayer, en medio de la cuarentena total de la comuna en que vivo (que más que cuidarnos a nosotros - quienes con alta probabilidad solo contraeremos una fuerte y desagradable gripe en caso de contagiarnos -permite hacernos responsables y cuidar a quienes son más vulnerables) vi la película “Historia de un matrimonio” de Bambauch, el mismo director de “Historias de Familia” (The squid and the whale). La película que bien podría llamarse “historia de un divorcio”, muestra la crisis de una pareja, su historia de relación, cómo a partir de esta historia se comprenden los nudos de su quiebre actual y el modo en que se desenvuelve la separación, el divorcio y la organización familiar post-divorcio. La película muestra la influencia en el curso de la relación de la pareja y de ellos, en tanto padres, de los terceros que intervienen, fundamentalmente del sistema legal, representado a través de los abogados, que resulta crucial para comprender los caminos que ellos pudieron haber elegido y los que finalmente eligieron.
Así de central es el contexto que rodea a las parejas que ya no tienen un vínculo conyugal y que se esfuerzan por mantener el vínculo parental. Siempre es así. Somos en contexto. Pero es probable que en la vulnerabilidad – cualquiera que sea- la relación ser y contexto se haga más crucial. Al menos, más evidente.
Lo mismo que el contexto, el lenguaje es crucial porque, demás está decirlo, “crea realidades” y, como dice Heidegger, “El hombre vive en la casa del lenguaje, que es la casa del ser”.
Contexto y lenguaje son las ideas que se mezclan en mis pensamientos de cuarentena y aislamiento físico, luego de ver una película que más allá de hacerme pasar un rato en estos días de encierro, me conectó con el valor de los padres y madres que quieren y buscan el bienestar de sus hijos y que a menudo ven limitados o condicionados sus esfuerzos a decisiones e influencias que poco ayudan al desarrollo de vínculos colaborativos entre ellos.
En ese cruce de contexto y lenguaje se vuelve a aparecer la noticia con que encabezo esta reflexión: “Régimen de visitas a niños de padres separados quedarán suspendidos en comunas con cuarentena total”…..
A propósito de lenguaje y creación de realidades:
Visita: acción de cortesía que se realiza yendo a casa de un familiar, amigo o conocido por amistad, atención, conversación o consuelo por periodos de tiempo cortos. …permanencia, estadía y/o duración en un lugar específico por periodos cortos. Es decir, lo que caracteriza a la visita como tal es el tiempo de permanencia en un sitio ajeno a nuestro lugar de convivencia diaria.
¿qué realidad construimos y qué realidad develamos cuando se habla de “visita” o “régimen de visitas” en referencia al encuentro de un padre con sus hijos e hijas o de una madre con sus hijos e hijas si la pareja ya no vive junta y ha disuelto su vínculo de pareja?
¿cuáles son los derechos y los deberes de un padre o una madre cuya relación se remite a “visitar” a sus hijos e hijas”?.
¿qué vinculos se pueden construir en una visita de cortesía, por un tiempo breve en un lugar que les es ajeno?
¿cuál es la influencia que puede tener en la vida de sus hijos e hijas un padre o una madre visitante en sus hijos e hijas?
¿cuáles son los costos para los hijos e hijas de tener padres o madres visitantes o ser ellos mismos visitas en las casas de sus padres y/o madres?
El título de este texto, extraído de la noticia publicada en los medios al decretar la cuarentena para 7 comunas, usa también la expresión: “Padres separados”. Es verdad, lamentablemente hay veces en que la pareja no solo disuelve el vínculo conyugal, sino que también el parental. Se divorcia la pareja y se divorcian los padres. Cuando esto ocurre surge la destructividad en las relaciones familiares y con ello, la guerra y el daño a los hijos e hijas. Pero, así no son la mayoría de las separaciones y divorcios. La mayoría de los padres y madres logran, muchas veces pese a la interferencia de terceros como en la película, llegar a acuerdos más o menos razonables, a tener coordinaciones parentales más o menos eficientes y a mantener relaciones de colaboración suficientemente amorosas, por el bien de sus hijos. (anque también les haga muy bien a cada uno de ellos)
Estos padres, madres y sus hijos e hijas, sobre todo los más pequeños, están sufriendo en esta cuarentena. No solo por el encierro, justificable por la necesidad imperiosa de impedir la expansión descontrolada del contagio y con ello evitar el riesgo grave a que están expuestos los más vulnerables, sino por el impedimento de mantener las rutinas de encuentro a las que estaban acostumbrados y que son imprescindibles para la construcción de los vínculos que alimentan su desarrollo. Si pensamos en “visitas”, se entiende. Las visitas se hacen cuando las condiciones son favorables y si no, se postergan o simplemente no se hacen. Si bien una o dos semanas es un tiempo acotado, no sabemos cuánto realemente se extenderán las restricciones, pero no se trata de un tema de tiempo, sino de principios.
La pandemia nos ha hecho concientes de nuestras pertenencias. La pertenencia a una familia, a una comunidad que apoya con el cuidado propio y el de otros, nuestra pertenencia al país, a la región y al mundo. Nos ha hecho concientes de la dependencia del otro. No basta con que yo me cuide o cuide a los mios. Dependo de que otros se cuiden. Pero, ¿qué pasa con las pertenencias de niños y niñas que pertenecen a una familia cuyos padres no viven juntos?, que tienen pertenencias compartidas y viven en dos casas, aunque no pasen el mismo tiempo en cada una de ellas.
Tal vez si no pensaramos que son visitas en las casas de uno de sus padres o que sus padres los visitan, sino que su pertenencia está con cada uno de ellos en sus respectivas casas .. ¿seria pensable que en condiciones de seguridad los padres que quisieran y pudieran, tuvieran un salvoconducto para que sus hijos e hijas pudieran mantener el contacto con ellos durante estos tiempos que ya son muy difíciles por la tensión, la discontinuidad que significa dejar el colegio, los jardines infantiles, las actividades extraprogramáticas, los amigos del barrio, los abuelos y abuelas, los primos y primas?
Ser en contexto significa considerar que son tiempos excepcionales y que, por supuesto, se requieren ajustes excepcionales también, del mismo modo que considerar que asi como es posible surtirse de víveres en condiciones de seguridad, pasear a las mascotas o ir al banco o a la farmacia, los niños y niñas cuyos padres no viven juntos puedan disponer de una opción de rotación o turnos para mantener la continuidad del vínculo con ambos padres y permitirles a estos hacerse cargo de la corresponsabilidad que hoy consagra nuestra legislación de modo que esos hijos puedan ser cuidados, contenidos y acompañados por ambos padres en tiempos de excepción, tal vez cuando más se ponen en juego las necesidades de cuidado y apego.
Una vez que pase la crisis sanitaria y la pandemia se retire, muchas cosas habrán cambiado y muchos de los recursos que personas, familias e instituciones han desplegado para hacer frente a la crisis, se quedarán y se convertirán en recursos permanentes. La pandemia no solo dejará dolor y pérdidas, sino también ganacias y aprendizajes. Ojalá para las niños y niñas de las familias cuyos padres no viven juntos también haya una ganancia y avancemos en el reconocimiento del contexto: que en Chile la mayoría de los niños y niñas no vive en familias nucleares (padre y madre con vinculos biológicos con sus hijos y que viven juntos). Y, en que las decisiones personales e institucionales den cuenta y fortalezcan, partiendo por el lenguaje, el principio de la corresponsabilidad parental para el mejor desarrollo de nuestros hijos e hijas.
Ps. Claudia Cáceres Pérez
Equipo Terapia Familiar en Procesos de Separación y Familias Ensambladas.
Instituto Chileno de Terapia Familiar
viernes, 31 de enero de 2020
Familia y enfermedad crónica. Reflexiones desde la mirada sistémico-relacional
El aumento en las expectativas de vida de la población
mundial y los avances de la tecnología y la medicina, ha traído como
consecuencia el incremento de las enfermedades crónicas. Esto constituye un
enorme desafío para los profesionales de la Salud en general y muy
especialmente de la Salud Mental.
La Psicóloga Claudia Ferreira, quien ha trabajado por largo
tiempo en la terapia con Familias, Parejas y personas con enfermedades
crónicas, comparte algunas reflexiones que permiten comprender lo que ocurre en
las relaciones familiares cuando deben enfrentar la enfermedad crónica de uno
de sus miembros.
Si Ud. quiere ver este video en alta definición, puede hacerlo en el
link: https://www.youtube.com/watch?v=Vck8zSi_2X4&t=95s
link: https://www.youtube.com/watch?v=Vck8zSi_2X4&t=95s
Si Ud. quiere ver este video en alta definición, puede hacerlo en el
link: https://www.youtube.com/watch?v=Bvt4phK7m_M&t=10s
miércoles, 27 de noviembre de 2019
Titulación Terapeutas Familiares y de Pareja 2019
Con enorme alegría celebramos la obtención de su título
de Terapeutas Familiares y de Parejas de 37 psicólogos y psiquiatras que se formaron
con nosotros en los diferentes programas que impartimos a lo largo de nuestro
país. Desde Valdivia, Coyhaique, Talca, Viña del Mar y Santiago recibimos a
quienes recibían su título este año. Agradecemos a quienes estuvieron-
docentes, terapeutas y sus familiares - y recordamos a quienes no pudieron venir
dadas las circunstancias por las que atraviesa nuestro país.
Felicidades a cada uno de ellas y ellos, nuevos
embajadores del Instituto Chileno de Terapia Familiar en sus regiones y lugares
de trabajo.
Los terapeutas titulados fueron:
Psq. Cristóbal Adriasola Barroilhet.
Ps. Catalina Bañados Andrade.
Ps. Alejandra Barros Puertas.
Ps. Cindy Bernucci Guarda.
Ps. Katherinne Cid Martínez.
Ps. Rodrigo Cordero Brevis.
Ps. Diego Errázuriz Jory.
Ps. Paulina Flores Wobbe.
Ps. Paulina Flores
Valenzuela.
Ps. Natalia Galáz Abarzúa.
Ps. Tamara Gallyas Sanhueza.
Ps. Macarena Gore González.
Ps. Francisca Gubbins Foxley.
Ps. Carmen Paz Ilabaca
Jara.
Ps. María del Pilar Jaramillo González.
Ps. Ximena Karmy
Saieg.
Ps. Marie
Jeanette Lasserre Fishman.
Ps. Catalina López Fluxa.
Ps. Trinidad López
Radrigán.
Ps. Elisa Loyola Marín.
Ps. Valentina Melnick Saint Marie.
Ps. Verónica Montero Prieto.
Ps. Loreto Opazo Oyarce.
Psq. Paulina Osorio Silva.
Ps. Valentina Otaegui Van Der Schraft.
Ps. Sandra Pacheco Nicklas.
Ps. Paz Paredes Sandoval.
Ps. Francisca Pérez Cortés.
Ps. Alejandra Ramírez Nieto.
Ps. Trinidad Romero Fernández.
Ps. Víctor Ruiz Maldonado.
Psq. Laura Terán Peña.
Ps. Valentina Valdés Kufferath.
Ps. Tania Vallejos Moreno.
Ps. Evelyn Velásquez Toledo.
Ps. María Beatriz Villavicencio Salas.
Ps. Marianne Wentzel Vietheer.
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