viernes, 10 de julio de 2020

La vida de las familias en tiempos de pandemia. Parte III: Reflexiones acerca del retorno a partir de la voz de los niños y niñas.




La vida de las familias en tiempos de pandemia.

Parte III:  Reflexiones acerca del retorno a partir de la voz de los niños y niñas.

 

¿Por qué preguntar a los niños qué quieren hacer cuando termine la cuarentena?

 

El tan ansiado retorno a la vida normal será un desafío enorme para todos, para adultos, jóvenes, niños y niñas. Anticipar lo más realistamente posible lo que se viene es un imperativo que, de no hacerlo, hará que el desconfinamiento se constituya en una nueva crisis que enfrentar. El desconfinamiento no es un momento, sino un proceso que debe ser anticipado y preparado. La pregunta por lo que esperan cuando esto termine, nos da luces de aquello que necesitan ahora los niños y niñas, así como de lo que en este tiempo les ha hecho falta.

 

El cansancio, el desgaste y el agotamiento de las rutinas, que todos quienes hemos estado en cuarentena hemos vivido por meses, contribuyen a idealizar el desconfinamiento como la posibilidad de recuperar la vida que quedó paralizada, que se suspendió en el espacio virtual y que, cual película, se puso inesperadamente en una pausa de duración incierta.

 

Idealización peligrosa, pues, en cualquier circunstancia, el regreso va a ser lento, gradual y con medidas de protección para evitar el contagio, probablemente hasta que haya una vacuna o, al menos, algún tratamiento eficaz para la enfermedad.  Como cualquier situación difícil, mientras mejor la anticipemos y nos preparemos, mejores posibilidades tenemos de que resulte bien. Soltaremos la pausa, pero el video correrá en modo cámara lenta y tenemos que estar preparados para eso y preparar también a nuestros niños, niñas y jóvenes, quienes, entusiasmados con recuperar aquello que quedó pausado, pueden perder de vista este retorno en cámara lenta y hacerse expectativas irreales.

 

Los niños y niñas quieren volver al colegio. No quieren “ver” a sus compañeros  (la mayoría los “ve” a través de las plataformas virtuales). Quieren “estar” con ellos. Quieren jugar fútbol, porque jugar FIFA en sus consolas no sustituye los abrazos colectivos cuando celebran el gol.  Quieren encontrarse con sus profesores, pues extrañan la palmada en la espalda de su profesor para alentarlo cuando el desafío se les hizo difícil o tuvieron un logro inesperado. Las niñas quieren volver a reunirse con sus compañeras, no solo quieren conversar o ver una película, quieren invitarse a “alojar”, no importa dormir incómodas, en el suelo, compartiendo camas, porque lo que importa es “estar juntas” en una reunión en 3 dimensiones, donde el contacto entre ellas sea posible.

 

Es verdad que los niños y niñas han disfrutado nuevos y más tiempos en familia, almorzar y comer juntos, que han disfrutado de hacer cosas que no hacían antes con sus padres, madres y hermanos. Que algunos han ganado la posibilidad de compartir con sus papás actividades de la vida diaria, que antes solo hacían con la mamá o solos.  Sin embargo, necesitan recuperar los espacios sociales con sus amigos/as, abuelos/as, tíos/as y primos/as. El núcleo familiar lo han tenido y lo valoran, pero extrañan los vínculos de la familia ampliada, otros brazos, otros cariños.  Quienes no viven con sus dos padres, necesitan recuperar las rutinas de encuentros con el padre o madre con quien el encuentro físico se pausó.

 

Porque la voz de los niños y niñas deja en evidencia que, por más avanzadas que sean las tecnologías que nos han permitido vernos durante este tiempo … necesitan CON-TACTO. La interacción sin contacto físico tiene a los niños cansados, desgastados.  Cumplen lo que pueden con los deberes escolares, pero se les hace aburrido y una exigencia que ya poco los motiva. Van a ser casi 4 meses desde que el confinamiento intermitente los tiene pegados a una pantalla y haciendo tareas que hoy les hacen poco sentido. Porque el aprendizaje no es solo adquisición de contenidos, sino, especialmente en los más pequeños, desarrollo de habilidades.  El aprendizaje tiene una base emocional, sobre la que se despliegan los aprendizajes cognitivos. Un niño ansioso, asustado, estresado y aburrido, aprende poco. Pasada la etapa de novedad y cuando la pausa ya no fue acotada, ni breve, empezaron a sentir la ajenidad del encuentro SIN-TACTO, la falta de piel que resentimos, pues, en tanto mamíferos, sigue siendo una de nuestras necesidades más básicas. Niños y niñas que acostumbraban a encuentros con otros seres significativos llenos de vida, energía y afecto táctil, han tenido que aceptar que hoy día el encuentro con ellos es a través de unapantalla. Solo imagen y voz.  La compañía y el consuelo necesitan piel.  El apego seguro necesita piel.

 

Va a ser difícil volver a encontrarse físicamente sin ese abrazo colectivo, sin la palmada en la espalda, sin compartir el piso convertido en un improvisado y “apretujado” camping de amigas.

 

Las familias tienen que acompañar desde ya el proceso de desconfinamiento y preparar a sus hijos e hijas para una transición. Encuentros reales, no virtuales, pero sin contacto o con contacto mediado por las medidas de protección, de las que los niños y niñas ya están también un poco cansados. Para que cueste menos, mejor hablardesde ya de ello.

 

El intenso deseo de volver a retomar la vida fuera del encierro puede hacer invisible lo que muchas familias perderán con el desconfinamiento. Salir del espacio seguro, del refugio que para muchos ha significado el encierro y que ha permitido mantener a raya el miedo y cobijarse en la sensación de protección del hogar. Salir de la seguridad de las casas, del apego intenso con los padres, madres y cuidadores significativos. Alejarse del contacto de piel con unos pocos y salir al mundo de nuevo, siempre con la amenaza latente del rebrote y del contagio. ¿sabrán cuidarse?, ¿seguirán las instrucciones de distancia física? Los padres y madres tienen que promover desde ya autonomía en el autocuidado y prepararse para ir gradualmente confiando en que sus hijos e hijas sabrán protegerse solos. En el caso de los más pequeños, construir la confianza en que el sistema escolar sabrá hacerse cargo de su responsabilidad de educar en el autocuidado y cuidar.

 

Por supuesto, para quienes el encierro ha significado maltrato, dolor y abusos, el término de las cuarentenas obligatorias será un alivio. Pero ese es otro tema que merece atención especial y aparte por su relevancia. Porque el desconfinamiento también permitirá que salga a la luz lo que ha sido para algunos niños, niñas, jóvenes y mujeres estar encerrados en situaciones de malos tratos y vulneración de derechos.

 

Será esencial, para la etapa que sigue, que cada familia se haga la pregunta: ¿qué queremos conservar de lo que ha sido la experiencia de cuarentena? y, por supuesto, ¿qué tendremos que hacer para que podamos conservarlo? Porque si no nos preguntamos esto, perderemos la oportunidad de que esta pausa indeseada, dolorosa y extenuante, tenga, además de los costos, aprendizajes y algunas ganancias no menos importantes.

 

Conversar en familia de lo que será el desconfinamiento progresivo. Ayudar a los hijos a hacerse protagonistas del propio cuidado que hoy ha estado monitoreado y definido por los adultos. Hacerlos conscientes, de acuerdo con sus edades, de la responsabilidad que tienen consigo mismos y con los demás. Padres e hijos transitarán del apego estrecho y permanente del confinamiento al apego de la vida diaria, confiados en que en este tiempo habrán reforzado los vínculos y serán una base más segura para la exploración del mundo abierto de un modo cuidadoso y sereno.  

 

Este año ya no fue lo que pensamos. Probablemente, nuestros hijos e hijas no tuvieron todos los aprendizajes formales que estaban programados.  Estamos en junio y sus caras y palabras denotan cansancio de fin de año. Las vacaciones de invierno se perdieron entre encierros y acomodos a duras penas organizados en colegios y casas. Ya no hubo interescolar preparatorio, la gira de la selección del colegio se canceló, algunos no tendrán su viaje de estudios, otros no tendrán la graduación ni el baile que soñaban. Muchos años se cumplieron sin fiesta, ni celebración con besos y abrazos. Algunos no pudieron despedir a sus abuelos.

 

Mirar para adelante aceptando las pérdidas que todos hemos tenido en este tiempo, conectarnos con lo esencial, pues ya sabemos que podemos prescindir de mucho y arreglárnosla con menos y valorar lo que sí tenemos y queremos conservar. Esa sería nuestra propuesta de desafíos de cuarentena que nos surge de escuchar a las voces de los niños y niñas en la pandemia.

 

Ps. Claudia Cáceres P.

Ps. Berta Carvajal A.

Ps. Isabel Fernández S.

Ps. Carolina Gana V.

Unidad de Terapia Familiar en Procesos de Separación y Familias Ensambladas

Instituto Chileno de Terapia Familiar

viernes, 12 de junio de 2020

Desafíos en la terapia familiar en contexto de diversidad sexual.




Desafíos en la terapia familiar en contexto de diversidad sexual.

 

En el trabajo terapéutico con diversidad sexual surgen algunas interrogantes que nos ayudan a reflexionar sobre las particularidades que conlleva el trabajo con la comunidad LGTBIQ+, como por ejemplo, cuáles son los principales desafíos terapéuticos que implica trabajar con la  diversidad sexual, cuáles son  las principales amenazas o aprensiones que presenta las familias a la hora de consultar por terapia familiar en esta temática y también cómo es que el terapeuta revisa y reflexiona sobre sus propios prejuicios.

 

Cuando abrimos el tema de la diversidad sexual en el contexto de la terapia familiar estamos interpelando a una persona a trabajar y compartir una parte de sí mismo que en muchas ocasiones la ha experimentado con incomodidad, miedo, vergüenza y vivencias de vulnerabilidad. El reconocimiento de estas vivencias  es vital en la terapia familiar con un paciente de la diversidad sexual, ya que este sufre especialmente por ser discriminado, y vivir en un mundo hostil frente a aspectos relevantes de su identidad. Parece difícil tomar el peso a lo que implica haber estado expuesto a una historia repetida de vulneraciones y vivirlas en silencio, ya que no se trata de un hecho aislado, sino de constantes situaciones donde la sociedad, a veces las familias e incluso los terapeutas han negado la legitimidad de aspectos relevantes de su vida. Asumir la  complejidad de esta historia es importante, esto no implica victimizar a las personas que nos consultan, sino acoger su dolor.

 

Es importante no mirar a los pacientes de diversidad sexual como homogéneos, sino  recoger su heterogeneidad, acceder a su subjetividad e idiosincrasia y no asumir que la historia que nos presentan es igual para todos/as. En este sentido parece un importante desafío para el terapeuta que trabaja con la diversidad sexual presentar una escucha activa que permita asumir y sostener el dolor de cada persona en particular. En esta línea, el  concepto de Interseccionalidad  cobra sentido, ya que permite mirar las distinciones que hay en la historia de una persona de acuerdo a los diversos contextos donde se desarrolla, lo que facilita miradas comprensivas y específicas en relación al género, la clase socio cultural, las diferencias étnicas, entre otros. Esta perspectiva nos permite  mirar y pensar las diferencias en toda su complejidad.

 

Es relevante que la postura del terapeuta sea de curiosidad y que los diálogos que se establecen con la familia se originen desde sus perspectivas y no exclusivamente  del terapeuta, para que se de un encuentro.

En este sentido cobra relevancia la metáfora de Harlen Anderson sobre comprender relación terapéutica como la que existe entre un invitado y un anfitrión. Los dos están entrando en la vida del otro/a y esto implica un  proceso de construir confianzas, de generar  espacios de diálogos cuidadoso con el otro/a.

 

Considerando esta metáfora nos surge la inquietud de qué tan especifico tiene que ser el terapeuta que trabaja con la diversidad sexual y que tanta especificidad implica este tipo de terapia ¿Los pacientes de la diversidad sexual son un invitado “común y corriente” o es un invitado “especial”? Sin duda parece relevante considerar que en el trabajo terapéutico con la diversidad sexual se deben tener en cuenta  variables que afectan la calidad de vida de las personas de la comunidad LGTBQ+   como el  estrés de la minoría, la discriminación heteronormativa, la  mirada binaria.

El Diagrama de Venn de la intersección de los conjunto nos muestra como los círculos no son cerrados sino intermitente, esto ocurre de cierta manera en la relación entre el terapeuta y el paciente. La importancia es que en esos círculos exista un flujo de información constante.

El paciente con diversidad sexual es un invitado especial, hay  variables que hay que mirar que uno no considera con pacientes de la comunidad heterosexual o binario, el terapeuta debe manejar conocimientos específicos, un marco teórico particular que ayuda en el  encuentro con  este invitado especial.

Con la situación de Pandemia y confinamiento y la emergencia de la terapia on line  donde el terapeuta realiza la terapia desde su casa, ha quedado en evidencia que el terapeuta también comparte su mundo con el paciente, no está en un lugar de jerarquía, es importante desrigidizar  el mundo del terapeuta para poder encontrarse con el otro/a.

 

Respecto de las principales aprensiones que tienen las familias a la hora de consultar por terapia familiar en contexto de diversidad sexual, los temores mas habituales que se presentan en alguno o todos los miembros de la familia es si la diversidad sexual  es permanente,  temporal o real. También se preguntan cuánto tiempo va a  durar. Por otro lado se presentan los cuestionamientos de los padres sobre “¿qué podemos transformar?”  o “¿qué hemos hecho como papás para que este hijo manifieste esta actitud?”,  “¿le habrá pasado algo malo, alguna  una experiencia traumática?”

Conjuntamente  hemos podido apreciar algunos temores hacia el terapeuta donde surgen cuestionamiento sobre quién  es esta persona que le vengo a mostrar mi hijo, compartirá mis ideas,  religión. Otro temor presente   es que el terapeuta puede  inducir o potenciar la orientación sexual de los hijos/as y se cuestionan si  hablar sobre el tema de la diversidad sexual promueve una cierta orientación sexual.

Las familia que consultan no deben ser entendidas como  un todo. Los padres pueden entrar en ciertas polarizaciones, en ocasiones uno acompaña y el otro se muestra más  resistente o con miedos, observándose distintas voces dentro del grupo familiar.

 

En este sentido la postura del terapeuta es de acogida a las aprensiones de la familia pero presenta una clara postura terapéutica afirmativa respecto de la diversidad.

En la familia cuando se generan alianzas o coaliciones tiene que ver con los temores de alguno de los padres por experiencias propias que han vivido,  en este caso hemos trabajado con padres en forma independiente para  ir indagando de dónde viene el temor y la angustia y aparecen episodios que  hacen comprender la resistencia. Cuando esto  emerge es un descubrimiento para el hijo/a por el que se consulta, ya que logra   entender que la posición de uno o ambos padres  no es antojadiza. Las  sesiones vinculares ayudan mucho en este sentido.

 

Por ultimo en relación al trabajo de la persona del terapeuta y como trabaja los prejuicios es importante  asumir que los prejuicios  son  inherente a la naturaleza humana,  están presentes en el terapeuta y paciente y la forma de abordarlos  es a través del diálogo, del lenguaje y la pregunta. No tenemos por que entender si es trans va a adherirse a un modelo fluido y no es así puede adherirse a lo binario. No debemos dar nada por sentado, esto nos ayuda como terapeuta. No pararnos desde la postura del experto, sino postura de la curiosidad, tratar de entender la significación  de lo que están viviendo nuestro paciente en particular y acompañarlo y sostenerlo en sus preguntas aún cuando no hayan respuesta. 



Vivian Díaz

Astrid Castro

Tatiana Castillo

Loreto Forno

Maritza Tellez

Marcela García-Huidobro


Unidad de Diversidad Sexual

Instituto Chileno de Terapia Familiar



                                                                                                      

 

lunes, 1 de junio de 2020

La vida de las familias en tiempo de Pandemia: Parte II: Propuestas para fomentar los buenos tratos a los niños y niñas bajo condiciones de estrés.



                                      




La vida de las familias en tiempo de Pandemia:

Parte II: Propuestas para fomentar los buenos tratos a los niños y niñas bajo condiciones de estrés.

 

Luego de reflexionar…nos atrevemos a pensar en algunas propuestas… para ayudar a pensar a otros en los buenos tratos a nuestros niños y niñas, a  acompañar y sentirnos acompañados, porque todos y todas, estamos en lo mismo.

 

-       Que los padres y madres de niños en edad escolar vivan este tiempo volviendo a lo simple, a lo esencial, a sus funciones primordiales: acompañar, contener y disfrutar a sus hijos e hijas pequeñas. Que su mayor esfuerzo esté en lograr un espacio suficientemente seguro en casa, cuando todo en el exterior resulta incierto, inseguro y angustiante.Un espacio seguro en el que sean posibles los buenos tratos que marcarán sus modos de relacionarse en el futuro.

 

-        Que el sistema escolar asuma y actúe en concordancia con la evidencia de la neurociencia respecto de las condiciones mínimas para el aprendizaje de un niño, tanto en términos de los procesos  cognitivos  que involucra, como con la necesidad de condiciones contextuales que permitan dichos procesos. Como señaló la reconocida psiquiatra A. Céspedes, “pretender que niños de primer ciclo básico realicen en casa un trabajo académico conducente a cumplir con los objetivos del currículo de este año, no es realista

 

-       Que el sistema escolar esté al servicio de las necesidades que en estos tiempos de emergencia tienen los niños de prebásica y básica: jugar, cantar, reirse. Que dejen de lado toda pretensión de enseñar contenidos académicos y los sustituyan por acompañarlos haciendo uso de los recursos que tienen en sus casas: que cuenten porotos sacados de la cocina y asi “suman”, que separen las piezas de los lego por colores, formas, tamaños y así “clasifican”, que aprendan nuevas canciones y así “memorizan”, que vean  “monitos” en ingles y sin subtítulos para que se familiaricen con un nuevo idioma, que las tareas que den los profesores sea que ayuden a poner la mesa, que “hagan” su cama, que limpien una mesita… y que la foto de esa cama - seguramente no muy bien hecha- y la mesa puesta a medias, o la mesa más o menos limpia, sean  la imagen de un logro importante… así, el colegio ayuda a que aprendan el valor de ser comunidad, de la solidaridad y de la empatía. Si los 4 primeros años de educación de un niño están destinados esencialmente a crear la compleja red de conexiones neuronales en la corteza cerebral en las que se asentarán los futuros aprendizajes, ¿por qué no buscamos otra manera de hacerlo en esta etapa, más simple, más a la mano, más acorde con las necesidades emocionales de niños y niñas bajo estrés?

 

-       Que el colegio no suponga que los padres y madres van a ser profesores de sus hijos en sus casas. Los profesores estudiaron varios años en la universidad para aprender las metodologías que les permiten hacer su tarea. No basta el deseo y la buena voluntad para enseñarle a un niño. Pretender enseñar, sin las herramientas metodológicas mínimas, a niños tensionados y aburridos por padres más tensionados  aún , cansados, asustados, irritables y haciendo esfuerzos para bloquear el contagio de un virus que ya nos rodea a todos y sobrepasados por las demandas domésticas, laborales, económicas y sanitarias, a todas luces, es un despropósito.  Punto aparte merecería hablar que los padres y madres que viven en pareja, además tienen que sobrellevar las tensiones y el conflicto conyugal intensificado por el cautiverio.

 

-       Que el colegio ponga la tecnología al servicio del bienestar, más que del aprendizaje  académico y del control de los niños… que los niños graben sus tareas para compartir la experiencia y no para ser evaluados y mucho menos para ser monitoreados o sancionados. El colegio ne debería ser otra fuente de estrés para niños, padres y madres que están ya brutalmente exigidos por las circunstancias. El estrés no se maneja con más estrés.

 

-       Que cada familia pueda reconocer cuáles son sus posibilidades para estos tiempos y defina sus propios límites a las exigencias. Las familias quieren que sus hijos se desarrollen, al mismo tiempo que conocen sus vulnerabilidades. Que dejen de lado la culpa por no poder con todo… a veces, menos es más. Lo más importante en tiempos de crisis es mantener la  serenidad y la calma. La exigencia y hacer “como si” pudieramos lograr lo mismo solo que de un modo diferente, es irreal y absurda. No solo es necesario replantearnos los medios, sino también las metas de este tiempo.

 

-       Que las empresas y empleadores consideren las particularidades de sus colaboradores. Trabajar desde la casa no es lo mismo que trabajar desde la oficina. Trabajar con apoyo en las tareas domésticas no es lo mismo que trabajar, cuidar niños, hacer el aseo y además, ser profesor  de los hijos…todo, al mismo tiempo. Que padre y madre se turnen para trabajar , ser profesor, hacer aseo y cuidar niños, no es lo mismo que una mamá sola o un papá solo tengan que lidiar con todo esto a la vez. Trabajar desde la casa no es solo cambiar el espacio físico para hacer lo mismo que en la oficina. En tiempos de pandemia, se deben reducir las expectativas de logro, objetivos y tiempo de las exigencias laborales puesto que en la casa no están las  mismas condiciones  para que trabajadores que cuidan a sus hijos estén sometidos a las exigencias… como si sus empleados fueran inmunes a los contextos.

 

-       Que los padres y sus amigos les regalen a sus hijos y a los hijos de sus amigos un rato de una video llamada  o que reemplacen el zoom party con los amigos y amigas para reunirse con los hijos de esos amigos y amigas contándoles lo que hace la amiga médico, o el papá ingeniero o actor, o la historia de cómo ese amigo de papá aprendió a nadar o a andar en bicicleta o le enseñe a hacer collares con fideos o a tocar la armónica o la flauta…o la historia de esas mamás científicas que desde pequeñas se interesaron por cómo ocurrían los fenómenos de la naturaleza o del espacio.

 

Si la pandemia nos afecta a todos y todas…es con el aporte de cada uno de nosotros, desde el lugar que nos toque estar, que podremos salir adelante. Como una comunidad global, consciente de la interdependencia y de la conexión que perdió la transparencia en estos días. Porque hoy como nunca constatamos que el mundo es un sistema dinámico no lineal y que el “efecto mariposa” nos ha mostrado como un virus, cual efecto de las alas de una mariposa, se puede sentir al otro lado del mundo.

 

Ps. M. Fernanda Araya

Ps. Claudia Cáceres Pérez

Unidad de Terapia Familiar en Procesos de Separación y Familias

Ensambladas.

Instituto Chileno de  Terapia Familiar.

 

viernes, 29 de mayo de 2020

La vida de las familias en tiempo de Pandemia: Parte I






La vida de las familias en tiempo de Pandemia:

Parte I: Los buenos tratos a los niños y niñas bajo condiciones de estrés.

 

El trabajo con familias en proceso de separación conyugal, nos ha enseñado los efectos del estrés alto y sostenido del conflicto parental en los hijos e hijas. La investigación ha documentado consistentemente esto y entrega evidencia sólida de cómo el estrés afecta el desarrollo socioemocional de los niños, niñas y jóvenes en cualquier contexto familiar y en cualquier etapa del desarrollo, pero particularmente en las etapas en que el cerebro está neurológicamente creciendo en conexiones que permitirán el desarrollo cognitivo. Nuestra  experiencia  profesional nos sensibiliza a mirar lo que está ocurriendo hoy con los niños y niñas en tiempos de pandemia, hacer una pausa y ofrecer una reflexión que contribuya a visibilizar a los que han sido invisivilizados en una emergencia que los tiene inmersos en un contexto brutalmente tensionado y estresante.

 

La crisis actual da la oportunidad de hacer esta pausa y mirar cómo habitamos nuestros espacios y relaciones primordiales. La vorágine en la que todos, de un modo u otro estamos inmersos, muestra a ratos lo simple como despojado de sentido, la vida cotidiana como algo tedioso y las relaciones al interior de los hogares, en el encierro, se tornan por momentos desconocidos y una fuente de ansiedad.

 

Que estos son tiempos excepcionales, todos lo sabemos. Que más tarde que temprano, van a pasar, también. Pero,  ¿Cuándo?... nadie sabe. ¿Cuáles serán las consecuencias en el mediano y largo plazo?.. Tampoco. Sabemos que el impacto en la economía de los países y en la vida será enorme. Sabemos que hay recursos -como el teletrabajo, la telemedicina o el delivery en todos los rubros- que llegaron para quedarse. Pero, ¿qué sabemos de lo que ocurrirá en la vida de las familias, las parejas, de los niños y niñas, y adolescentes hoy confinados o medio confinados según sea el momento?. No sabemos. Miremos lo que está ocurriendo hoy a ver si nos ayuda a mirar lo que viene y a tomar medidas que cuiden a nuestras familias para que aprendamos y esos aprendizajes se queden también como recursos para la vida. Después de todo, las familias están  y seguirán estando muchas veces sometidas a diversos estreses, más o menos altos y sostenidos, que son los que afectan a todos sus miembros, especialmente a sus hijos e hijas.

 

Si miramos lo que están viviendo los niños y niños pequeños en esta pandemia con ojos de terapeuta de familias y parejas..¿Qué vemos?. Vemos familias enteras sometidas a un estrés sin precedentes, porque todos estamos viviendo lo mismo, en todas partes, en todo el mundo. Los que cuidan y los que son cuidados, los enfermos y los sanos, los mayores y los pequeños.Todos bajo los efectos implacables del estrés alto y sostenido. Nadie se salva, todos, más o menos afectados, y teniendo las respuestas fisiológicas propias del estrés: activación del sistema nervioso simpático, liberación de catecolaminas, cortisol y encefalina, aumento en la sangre de la glucosa etc. Y, por supuesto, los correlatos emocionales de la respuesta de alarma (insomnio, irritabilidad, desregulación emocional, depresión) adaptación (evasión, consumo de sustancias) y agotamiento (aparición de enfermedades, cansancio físico). El estrés prolongado, aunque silencioso, puede tener efectos devastadores en la mente y en el cuerpo.

 

La respuesta de nuestro organismo al estrés prolongado nos pone en “modo supervivencia” … huída o ataque. Básicamente, nos expone a comportamientos más impulsivos asociados a la búsqueda de una solución rápida que nos permita salir de los problemas inmediatos. Respondemos como si estuviera en riesgo nuestra propia vida.

            Niños y adultos en modo supervivencia. Padres, madres e hijos en modo supervivencia, profesores y alumnos en modo supervivencia. El aumento de la violencia al interior de los hogares en este tiempo es un hecho indiscutido, del cual se habla, pero solo de manera parcial, pues los niños y niñas, grandes olvidados, no han sido mencionados suficientemente como víctimas de esta realidad. Esta vez, no son población vulnerable y no están en el centro. La violencia de género, que se ha disparado, ha concentrado la atención, pero los niños que viven con esas parejas desreguladas y encerradas, son también víctimas invisibles de esa violencia. Los niños aprenden lo que ven. Los malos tratos y los buenos tratos, se aprenden. Por otro lado, padres sobrepasados, exigidos por el sistema escolar “como si” fuese posible continuar con los procesos educativos formales. Sobrepasados por las necesidades económicas, la falta de espacio, el temor a la enfermedad a la cesantía y teniendo que cuidar a niños igualmente sobrepasados por el estrés y el encierro. El contexto actual es terreno fértil para que buenos padres y madres tengan malos tratos  con sus hijos.

 

La violencia simbólica y real, invade todos los espacios y vínculos que los niños habitan, desde lo más macro, como las políticas publicas, en un Chile que aún no cuenta con una ley integral de protección a la infancia que las oriente, pasando por el sistema educativo, que bajo el lema, “evitar que los niños pierdan el año escolar”, somete a estos a la angustia de aprender en condiciones inapropiadas.

 

La violencia, entendida la mayoría de la veces, solo como agresiones físicas, no logra ser estimada, más aún aquella que no deja huella físicas, la que ocurre tras las puertas cerradas, al interior de los hogares, sin golpes. La dificultad para sostener buenos tratos hacia los niños son la respuesta invisible de un sistema bajo estrés: la ausencia de contención emocional y su invisibilización como sujetos, agentes de deseo y opinión. ¿Cuántos niños han dicho a sus padres en estos días con palabras y conductas que no quieren estudiar en estas condiciones, qué no les resulta, que los agobia?, ¿A cuántos de estos se les ha escuchado y respetado, sin pensar por ello que se sienta un precedente para que nunca más quieran aplicarse al estudio?

 

Los adultos siempre hemos tenido la función, en cualquier circunstancia, de ser una compañía que ayuda a los niños a entender y elaborar las experiencias y la posible ansiedad que estas conlleven. La mayoría de las veces esto no es un pesar, que implique agobio para los padres. Estos sentimientos sobrevienen cuando comenzamos a vivir en lógicas de alienación, donde aquello que es esencial, deja de serlo y empezamos a vivir una vida descentrada de lo primario, de los vínculos, del encuentro, de cuidarnos y cuidar a quienes nos rodean, de compartir, escucharnos, conocernos y valorarnos. Conectados desde este lugar, recurrir al amor para acoger, regular y sostener a los niños, es una acción que no se lamenta. Pero, hoy esas posibilidades para todos están disminuidas y a ratos, incluso producen un desgaste difícil de sobrellevar. No por falta de recursos personales o emocionales sino más bien por el contexto extremo en el que estamos. Es una realidad, que las condiciones de  hoy son  alienantes y que las competencias parentales están disminuidas. Las mismas competencias que tienen disminuidas los profesores, los profesionales del sistema de salud..todos.

Los padres y madres hoy están en sus casas en lo que P. Boss denominaría una “presencia ambigua”, es decir, están y no están a la vez. Esa presencia física y mayor o menor ausencia emocional resulta muy difícil de entender para los niños pequeños. Si los padres están en casa, están con ellos o para ellos. Hoy están, tal vez más que nunca, pero tienen que trabajar enfrascados en el computador por horas, hacer las tareas domesticas y  ser “profesores” de sus hijos….además de estar permanentemente atentos al cumplimiento de las normas sanitarias. ¿Están y pueden cumplir las funciones emocionales de la parentalidad?. Están y no están. Eso, es muy difícil para todos y aumenta el nivel de estrés, generando dinámicas de escaladas de tensión que en algún punto terminan en conductas desreguladas tanto de niños como de padres y madres.

 

La idea de la autoregulación, o sea, que los niños y sus padres se logren regular por sí mismos, constituye en un entrampe relacional, pues hace pensar que las necesidades del otro, sea la pareja o los hijos, son una sobrecarga emocional, tal vez habría que pensar en la  idea de la corregulación y cómo nos acompañamos y acogemos ante situaciones difíciles. Los niños también nos acompañan, consuelan, nos dan fuerza…

Por último, cómo entender el aprendizaje y el desarrollo del ser …¿Qué pasa si lo diferenciamos del aprendizaje solo académico y lo entendemos más bien como un espacio para experimentar, sentir, cultivar la identidad personal y algunos valores humanistas, universales y cotidianos.? En esta segunda mirada, en el aprendizaje del ser, en la primera infancia el juego libre constituiría una herramienta primordial para estimular la creatividad y la exploración, un camino esencial para nutrir el cerebro en desarrollo. Jung decía que “La creación de algo nuevo no se logra a través del intelecto, sino por el instinto de juego actuando desde una necesidad interior. La mente creativa juega con los objetos que ama”.

Pero, esto es algo que tiene poco espacio en estos días, los niños agotados con tareas y guías escolares interminables, exigencias de aprendizajes sin la contención mínima que requiere un niño pequeño en el ámbito escolar, más allá de las buenas intenciones de colegios y profesores. Al mismo tiempo que tener que aprender destrezas, tienen que aprender nuevas tecnologías ……  como si existiese una máxima que impidiera que hagan una pausa para que ellos y sus familias puedan sortear mejor esta  ola.  Porque cuando la ola es muy grande, no hay que ir de frente, hay que pasarla por debajo…o dejarla que pase por encima. Una vez que pasa, podemos volver a retomar los esfuerzos y seguir avanzando.

 

La exigencia descontextualizada en un mal trato y tal vez como padres y terapeutas podemos ayudar a los padres a  ser protagonistas del modo en que enfrentan este tiempo tan complejo. Salir, al menos por un rato de la lógica del aprendizaje puesto afuera, en todo aquello que se puede consumir: múltiples plataformas con información, guía de museos, talleres, cursos y charlas gratuitas, etc. que finalmente pueden trasnformarse en una dificultad para lograr conexión con lo interno, lo cotidiano, con la posibilidad de explorar aquello que está disponible en nuestras vidas y que no depende necesariamente de un computador y una banda ancha, muy ancha. Son tiempos difíciles, que requieren para ser enfrentados disminuir la exigencia lo más que se pueda… solo, dejar pasar la ola.

 

¿Qué ocurrirá entonces?.. depende de lo que aprendamos de estos tiempos. De si esta experiencia la dejamos simplemente como una anécdota más o menos difícil para cada uno o la convertimos en una inspiración para que elijamos el modo en que queremos seguir viviendo.  La vida traerá a las familias y a nuestros niños y niñas otros estreses y tal vez, en esos nuevos tiempos y esos nuevos momentos de tensión, recordemos que el espacio seguro es la piedra angular para el buen desarrollo y los buenos tratos.

 

 

Ps. M. Fernanda Araya

Ps. Claudia Cáceres Pérez

Unidad de Terapia Familiar en Procesos de Separación y Familias

Ensambladas.

Instituto Chileno de  Terapia Familiar.




 

viernes, 15 de mayo de 2020

Recursos Literarios para Compartir en Familia




Unidad de Terapia Familiar con Niños y Adolescentes
Instituto Chileno de Terapia Familiar

Los invitamos a leer o releer en familia el libro “Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar” de Luis Sepúlveda, escritor chileno que lamentablemente acaba de fallecer en España producto del corona virus.       
La novela, que fue escrita para jóvenes de 8 a 88 años, cuenta la historia de Zorbas, un gato que rescata a un huevo gaviota luego que su madre muere atrapada en petróleo que fue arrojado al mar. Zorbas promete cuidarla hasta que aprenda a volar y junto a sus amigos se dedican a criar a la gaviota, a la que bautizan como Afortunada.

¿Por qué nos gusta tanto esta historia?
-Porque trata sobre el amor incondicional: el gato que empolla a un bebe gaviota nos habla de que para ser y hacer familia no importa el género, la biología, las creencias, los colores ni las formas. Lo que importa y permanece son los vínculos significativos que desarrollamos con otros.
-Porque nos habla sobre el cuidado a los animales, a la Tierra. Nos recuerda que como parte de la Naturaleza somos todos iguales y dependemos unos de otros.  Por eso respetarnos y cuidarnos es indispensable. ¿Han visto como las mascotas hoy día se han encargado de recobrar el placer de acariciar y ser acariciados? ¿O lengüeteados?. ¿Cómo no estarles agradecidos? Así es como, entre muchas otras maneras, parece que ellos nos estuvieran cuidando.
-Porque el libro trata acerca de la importancia de hacer comunidad, donde construir lazos y hacer conexión con otros es vital para cumplir nuestros sueños. El gato Zorbas pide ayuda a otros gatos, animales e incluso a un humano para enseñarle a volar a Afortunada. En estas semanas hemos sido testigos de muchos gestos de compasión y solidaridad que nos recuerdan que no estamos solos y que juntos somos más fuertes.
-Porque es una historia que nos recuerda la inocencia y curiosidad con que podemos vivir el momento presente.  Zorbas se sorprende con cada momento del crecimiento del bebe gaviota. Hoy estamos todos asomados a un momento lleno de preguntas. Pero en vez de entristecernos o preocuparnos por no tener las respuestas, tal vez podemos aprender a convivir con esas preguntas y misterios que hacen la vida más compleja pero también más fecunda.

¡Que disfruten su lectura!

Carmen Paz Puentes
Mayo 2020



El libro lo puedes encontrar en: 
https://bibliodar.wordpress.com/5-basico/

lunes, 11 de mayo de 2020

NUEVAS EXIGENCIAS PARA PAREJAS “PUERTAS AFUERA” DURANTE LA CUARENTENA


Reflexionando sobre las nuevas exigencias que han enfrentado las parejas que han tenido que adaptarse a la cuarentena debido a la pandemia del Covid-19, surgen preguntas sobre cómo viven este proceso las “parejas puertas afuera”, aquellas parejas estables, pero que viven separadas.

¿Será más fácil, más complejo o más bien tendrá dificultades distintas la adaptación de estas parejas debido a que no han tenido que compartir una cuarentena bajo el mismo techo? Y ¿Cómo vivirán el estar separados físicamente por razones ajenas a su voluntad?

Se ha hablado más de las parejas que viven juntas, pero menos de las que no. Y nos surgen algunas reflexiones al respecto ¿Acaso los miembros de estas parejas no han tenido que verse enfrentados, también, a traer cada uno el trabajo a sus respectivas casas, acompañar a sus hijos -cuando los hay- en su educación y hacerse cargo de las labores del hogar? Sus rutinas, al igual que para todos, se alteraron radicalmente en un plazo de tiempo insuficiente para llevar a cabo los cambios necesarios para reorganizar sus vidas. Cada miembro de estas parejas también se ha visto expuesto a un ambiente de incertidumbre, ansiedad, temor, generando, muy probablemente, tensiones al interior de la pareja. A esto se suma la adaptación y los desafíos de la relación en sí misma en este nuevo e inesperado contexto.

Entonces, nos preguntamos si, teniendo las mismas dificultades las parejas “puertas afuera” respecto a las que viven en el mismo hogar, ¿Será más complejo o en qué será distinto su proceso adaptativo si se suma la variable de la obligada separación física?
A partir de la reflexión sobre estas preguntas distinguimos tres principales desafíos para las “parejas puertas afuera” durante la cuarentena.


1. La ausencia del cuerpo físico y el encuentro virtual.
¿Será más difícil vincularse para estas parejas por la falta de contacto físico? ¿Se puede mantener, o cómo se mantiene, una relación de pareja “sin cuerpo” presente? Y ¿Será distinta esta experiencia de la separación física en este contexto de emergencia sanitaria respecto a otros, como, por ejemplo, relaciones a distancia por motivos geográficos? ¿Lo que ocurre en la intimidad física podrá ocurrir en mayor o menor medida, también, en el espacio virtual?
Si bien la intimidad tiene distintas dimensiones y espacios en que ocurre, lo que más fácilmente se asocia a ésta son actividades que se realizan con cuerpo presente; conversar, cocinar, ver una película o bailar juntos, y también contactarse físicamente con caricias, besos y con el encuentro sexual.

La nueva condición de distancia física puede permitir a las parejas “puertas afuera” desarrollar su creatividad y abrirse a la posibilidad de realizar estas mismas actividades juntos, pero a distancia. El uso de las llamadas telefónicas y, especialmente de las plataformas digitales surgen como las alternativas de medios para ‘encontrarse’.

“Lo virtual”, para la mayoría, no logra reemplazar la experiencia con cuerpo presente, pero permite mantener un espacio de encuentro, que, no por ser distinto y/o insuficiente, deja de otorgar importantes satisfacciones. Hay algo en lo virtual, según señalan algunas personas, que, existiendo las condiciones y disposición necesarias, permite un acercamiento incluso ‘más conectado’ entre ambos. En este sentido, se podría pensar en una nueva -para muchos no tan nueva-, forma de intimidad, “la intimidad virtual”. Lo que hoy cambia es que lo virtual es el único espacio posible para la intimidad

La intimidad virtual, así como también la intimidad con el cuerpo presente, requiere de una inversión de tiempo y de buscar un lugar físico, mental y emocional para desarrollarla. En el caso de las “parejas puertas afuera”, es importante que reserven espacios y tiempos para conectarse virtualmente, intentando que no se haga una tediosa rutina, tratando de dar cabida tanto a compartir momentos de placer, como a conversaciones sobre dificultades, temores y ansiedades de cada uno.

Sin embargo, generar los tipos de encuentros señalados no siempre es fácil, ya que muchas veces los integrantes de la pareja viven con otras personas (amigos, familia, hijos, etc.) por lo que puede costar encontrar un momento y un espacio físico con la privacidad necesaria para conversaciones románticas o para practicar distintas formas de actividad sexual (sexting; conversaciones eróticas, masturbación simultánea, etc.), así como todo tipo de conversaciones y actividades compartidas. Entonces, resulta nuevamente necesario utilizar la creatividad. Muchas personas se encierran en el baño, en la sala de reuniones del edificio donde habitan o en el auto en el estacionamiento.


2. Acomodar las formas de cuidado de la relación en el nuevo contexto.
Muchos de los miembros de estas parejas se ven enfrentados al teletrabajo, al estrés por la pérdida -o la amenaza de pérdida- del trabajo y/o a la reducción de sus ingresos, a los temores por la propia salud y de los seres queridos, especialmente si algunos son adultos mayores, a acompañar a sus hijos -cuando los hay- en su educación y a hacerse cargo de las labores del hogar.

En el nuevo escenario, cuidar la relación y el clima emocional en la pareja se hace más complejo. Una herramienta de cuidado para ese espacio emocional virtual es ser muy claros en explicitar al otro el estado anímico en que se está en el momento, porque la virtualidad hace que se pierdan ciertas señales y parte del lenguaje no verbal, lo que facilita los malos entendidos. Es necesario que la pareja en conjunto pueda dilucidar en qué momentos necesitan espacios de conversación de distintos temas, como, por ejemplo, cuándo es que necesitan hablar de los temas difíciles. También poder identificar y comunicar cuándo necesitan sentirse más cerca y cuándo necesitan tomar un poco de distancia, o cuándo simplemente quieren compartir juntos espacios de distracción y de humor. Para esto, una herramienta muy útil es fijar citas temáticas, como una forma de complementar aquellas más espontáneas.

Citando a Luis Tapia-Villanueva y María Elisa Molina (2014), la intimidad emocional requiere de un ambiente seguro y de confianza donde el Sí Mismo de cada miembro de la pareja sea
aceptado como legítimo, permitiendo la aparición de sus sentimientos y fragilidades. El proceso de construir esta intimidad suele no ser fácil para las parejas, entonces, pensamos que crear y cuidar de ese espacio puede ser mucho más difícil cuando el encuentro no es físico, sino virtual.


3. Funcionamiento en “modo de sobrevivencia”.
No podemos olvidar que estamos en una situación de emergencia mundial y nacional, que nos puede hacer funcionar en un modo que podríamos llamar “de sobrevivencia”. Hoy se activan las reacciones de alarma en cada uno, la necesidad de tramitar nuestras emociones difíciles ante este contexto de incertidumbre, temor y de gran estrés, así como de gestionar abastecimiento, finanzas, conductas de cuidado sanitario y un sin fin de coordinaciones a la vez.

En momentos de crisis colectiva y/o individual, es cuando más se activan nuestros mecanismos de defensa como reacción ‘adaptativa’ a dichas crisis. Y es en las relaciones más cercanas, especialmente en las de pareja, donde aparecen de forma más intensa o extrema.
Cada miembro de la relación hace uso de las propias herramientas que ha aprendido a lo largo de su vida para adaptarse y ‘sobrevivir’ emocionalmente a las crisis, protegiéndose, con ellas, de temores, dolores y del sufrimiento en general.

Los mecanismos defensivos que se despliegan pueden ser muy diferentes según la historia personal de cada quién, y también con relación al contexto actual. Algunos se pueden desconectar de las emociones difíciles, otros tienden a actuar de modos que pudieran parecer irracionales o infantiles, otros pueden mostrarse más fríos y distantes, o todo lo contrario, algunos pueden estar más sensibles y necesitados del otro.

La manifestación en cada miembro de la pareja de sus particulares mecanismos de defensa puede conducir a un impasse en la relación, el que es vivido con mucha intensidad emocional, ya sea de rabia, temor o dolor, por parte de ambos, con la sensación de no poder avanzar en la resolución de este estancamiento. Pueden surgir ideas respecto al otro, como, por ejemplo, que el otro no lo ama, no lo cuida, no lo tolera como antes o lo agrede, lo maltrata, lo critica, entre otras. Estas atribuciones llevan a que cada miembro de la pareja tienda a reaccionar ante el otro de un modo que suele conectar a cada uno nuevamente con sus fragilidades, generando una pauta de la que les cuesta mucho salir.

En este sentido, es muy importante, primero, identificar si es que como pareja se está funcionando en este modo y cuáles son los mecanismos que cada uno está desplegando, haciéndose conscientes de las emociones y acciones que van surgiendo en cada uno y en la relación. En la medida que cada uno identifica su responsabilidad en el conflicto y se conecta con el amor al otro, es más fácil buscar cómo cuidar a ese otro y a la relación.

En segundo lugar, no hay que olvidar que los impasses pueden resolverse, a veces aceptando los desacuerdos, manteniendo la flexibilidad y siendo compasivos con nosotros mismos y con el otro, pues ambos sufrimos durante estas crisis. No hay que perder la
perspectiva de que esta situación es transitoria, muy cargada de tensiones y angustias y que todo puede volver a la calma.

Por último, cuando las parejas se encuentran con este tipo de dificultades, sobrepasadas por la situación, es recomendable y beneficioso poder tener un apoyo profesional.

Instituto Chileno de Terapia Familiar

Unidad de Terapia de Pareja Relacional en Múltiples Niveles


María Alejandra Escala Z. 
Christiane Krämer K.
Gabriela Valls B.
Patricia González E. 
Paulina Pemjean C.
Daniela Vío G.

domingo, 10 de mayo de 2020

Madres (padres) y familias suficientemente buenas.






Desde hace algunos meses cada uno de nosotros se ha visto enfrentado a una crisis que va más allá de las esperadas por la familia en el curso de su existencia, como suelen ser la llegada de los hijos, la adolescencia o la partida de ellos cuando son adultos. Esa situación inesperada ha sido la pandemia CoVID 19 que nos ha obligado a la distancia social y el confinamiento obligado o voluntario y con eso a vivir simultáneamente y en un solo lugar el rol de pareja, padres e hijos. En este contexto, el miedo, la angustia y la incertidumbre están presentes en cada miembro del grupo familiar y se pueden manifestar de diferentes maneras. En los hijos en edad preescolar probablemente surgen conductas que resultan difíciles contener, ya que el estado emocional de los padres es de alta demanada y la incertidumbre económica y sanitaria es parte del escenario de muchos. Tal vez muchas madres se han visto más exigidas en este contexto, uniendo crianza y trabajo, porque están solas o bien porque ese es el acuerdo implícito de la pareja, aunque como cultura y sociedad hemos avanzado en esta distribución de roles, aún existe la doble jornada para la mujer. Lo cierto es que el contexto actual nos obliga a lidiar de manera diferente con todo esto. ¿Cómo convertirnos en proveedores de cuidado y satisfacer las propias necesidades de cuidado? Quizá es una pregunta pertinente cuando se trata de estar a cargo de niños pequeños. Tal vez nos acercamos a una respuesta si consideramos el concepto de madre suficientemente buena (que también podemos aplicar a los padres) desarrollado por Donald Winicott, psicoanalista que ha realizado un gran aporte en la comprensión de la mente de los niños. De manera sencilla, este concepto alude al hecho de proveer a los niños de un hogar nutrido de afecto, cuidado y satisfacción de necesidades físicas y emocionales, de manera imperfecta, es decir con errores que luego se reparan y reconocen. A partir de esto, frente a la realidad en la que estamos expuestos, la flexibilidad, la necesidad de establecer lo importante para cada madre y padre y equilibrar los cuidados de otros y de sí mismos, cobran gran importancia y se relevan en el contexto. Las conversaciones pendientes, las emociones y sentimientos que se ocultaban en el quehacer cotidiano y las exigencias del entorno, hoy se hacen presentes y se reflejan en un espejo que inevitablemente nos muestra cómo estamos y lo que está ocurriendo a nuestro alrededor. ¿Cómo sería si consideramos este concepto, cómo sería si logramos definir qué es lo importante para una madre/padre y los hijos en este momento, cómo sería si nos atrevemos a ser sólo madres y padres suficientemente buenos? Todas preguntas que vale la pena considerar.

Por toda la labor realizada en este período por los padres y particularmente por las madres, que estarán celebrando su día este domingo en un escenario inédito, damos un aplauso colectivo con la misma intensidad y energía de aquel aplauso que probablemente muchos, hemos dado hacia los profesionales de la salud que nos estan cuidando.

Equipo de Familia y Vínculos Tempranos

Psicólogas Sara Aberg, Ana María Olivares y Teresita Vicuña.

Instituto Chileno de Terapia Familiar.