martes, 13 de octubre de 2015

Seminario Ackerman “Un modelo clínico para el trabajo con Familias con niños con necesidades especiales” Judy Grossman.

















“Cada dedo de la mano es diferente. Cada uno de ellos es único y sin embargo, sólo cuando trabajan los cinco juntos logramos  hacer algo con la mano….
Cada dedo tiene un  cometido especial. 
Sin embargo el éxito es el resultado de la armonía y cooperación entre ellos”
                                             
Claudio des champs

Acabamos de tener la grata posibilidad de compartir en este nuevo Seminario Ackerman con la experimentada terapeuta Judy Grossman. Ella nos contó de su trabajo con familias con niños con algún tipo de necesidad especial (NE)
Fue muy interesante y útil para nuestro quehacer clínico;  especialmente para lo que realizamos en la Unidad de Niños y Adolescentes (UNA), el escuchar y analizar junto con ella su integración de temas como los procesos parentales, parentalidad y apego, investigación en desarrollo cerebral, resiliencia, trabajo con grupos de padres…entre otros.  Enriquece y refuerza nuestro desempeño con familias con niños, reconociendo además que muchas de estas reflexiones ya las hemos ido teniendo como grupo.
Destaco la importancia que ella le otorga a la inclusión de los niños con necesidades especiales en la terapia familiar, pero una inclusión que no es sólo una presencia física; sino una real participación en el proceso terapéutico.  Para esto y considerando las propias características de los niños con necesidades especiales, se vuelve fundamental, como lo destaca Judy;  el saber hablar con ellos,  el invitar a que emerjan sus voces y que éstas sean escuchadas.  Este desafío no es menor con niños o adolescentes a los cuales por sus propias características les puede ser más complejo mantener cierta atención, relatar experiencias, expresar emociones  o reflexionar en conjunto.
Sin embargo; Judy confía (al igual que nosotros en la UNA) en que es posible crear un sistema terapéutico donde se genere una seguridad emocional que permita conocer sus necesidades afectivas.  La pregunta fundamental es  ¿cómo participarán? y ¿qué puede hacer el terapeuta para facilitar su participación (reconociendo sus capacidades)?.  Ella propone un trabajo flexible, creativo y lúdico, donde el terapeuta debe sentirse cómodo en la utilización de distintas técnicas que faciliten este proceso.
La terapia familiar con niños con necesidades especiales pretende además desafiar el efecto estigmatizador y patologizador del diagnóstico individual, no negando  su dimensión neurobiológica;  sino más bien integrando lo que implica para el niño o adolescente esta dimensión y cómo se engarza en el mundo vincular de la familia, intentando buscar un sentido compartido. Además; estas narrativas diferentes  pueden tener ecos posteriores,  movilizando y favoreciendo la trayectoria y los procesos evolutivos.
De este modo; aparece la terapia familiar como una instancia útil y favorable para el desarrollo de los niños y adolescentes con necesidades especiales.  Se convierte en un espacio de trabajo de relación padre-hijo, donde se fortalece la resiliencia familiar.
Tuvimos la suerte de ver a Judy intervenir con una familia donde dos de los hijos presentaban algún tipo de necesidades especiales. Destacaría la sutileza y el cuidado con el que se vinculó con cada unos de los miembros, como le dio un espacio a cada uno, como trabajó con los hermanos (fortaleciendo la fratría) y especialmente el sentido de humor y cercanía con que se integró al sistema terapéutico en esa sesión.
También quisiera destacar su  trabajo con grupos de padres, los cuales se convierten en un espacio mucho más enriquecedor que los grupos de psico-educación. Ella propone un formato estructurado donde se pretende promover la reflexión personal, crear un sentido de comunidad, se normalizan temas comunes y se promueve su eficacia, entre otros objetivos. Este tipo de espacio pudiese ser de mucha utilidad para quienes trabajamos con niños, algo  todavía no suficientemente desarrollado por los terapeutas familiares.
Finalmente;  quisiera compartir mi reflexión al integrar lo vivenciado en este Seminario Ackerman y mi experiencia al trabajar el tema de inclusión de niños con necesidades especiales en el sistema educativo. Otra área importante de mi desarrollo profesional, que se complementa y potencia con mi “ser terapeuta familiar” es el ser psicóloga educacional y trabajar desde hace muchos años en un establecimiento educacional. En este rol me ha tocado coordinar el equipo PIE (Proyecto de Integración Escolar). Mientras escuchaba las reflexiones de Judy pensaba en las complejidad de este trabajo a nivel familiar;  pero también lo pensaba a un nivel mayor, a un nivel social, donde se replican muchos de los aspectos que se observan en el sistema terapéutico. Aún no contamos con un sistema educativo suficientemente inclusivo, donde se reconozcan las diferencias de los alumnos y se ofrezcan las estrategias y apoyos que requieren para acceder y progresar en su aprendizaje y su desarrollo socioemocional.
Todavía queda camino por recorrer para apoyar el desarrollo de los niños con necesidades especiales (no sólo en lo familiar)….y el aporte del trabajo de Judy nos permite avanzar en ese camino.

Cristina Vera
Psicóloga- Terapeuta familiar
Coordinadora UNA - ICHTF


lunes, 14 de septiembre de 2015

Terapeutas en Formación “Es el minuto de tomar nuevos desafíos y oportunidades”

El Instituto Chileno de Terapia Familiar ha establecido un convenio con la Pontificia Universidad Católica, específicamente con el departamento de psiquiatría. El Convenio tiene por objeto establecer las bases de cooperación, coordinación e interacción entre la PUC y el IChTF para el desarrollo integrado de un proyecto académico que incorpora docencia, investigación y extensión. 

Los invitamos a leer la experiencia de las primeras psicólogas que como parte de su proceso de formación como terapeutas familiares y de parejas de nuestro instituto participan de un interesante proyecto de formación que es parte de este convenio.

Terapeutas en Formación “Es el minuto de tomar nuevos desafíos y oportunidades”

jueves, 25 de junio de 2015

Libro La Construcción Social de las Demencias FLACSO SENAMA IChTF 2015

En 1983, cuando se fundó el instituto Chileno de terapia Familiar, la esperanza de vida al nacer en Chile era alrededor de 70,7 años para la población general (sin distinción de sexos). Hoy, en 2015, de acuerdo al INE esta cifra alcanza los 79,7 años de edad. Es decir, hoy las personas en nuestro país viven casi una década más que hace 30 años y con ello, envejecer se ha ido haciendo un proceso más largo.
Con el aumento de los años de vida, los avances de la medicina y la tecnología, este envejecer ha ido acompañado del aumento de las enfermedades crónicas. Vivimos más años, pues la ciencia permite que enfermedades que antes acababan rápida- mente con la muerte ahora sean tratadas. Se impide la muerte, pero se vive con una condición de cronicidad que obliga a las personas que padecen dicha enfermedad y
a sus entornos cercanos, especialmente a la familia, a adaptar las condiciones de la vida cotidiana en lo material, emocional y social para enfrentar la realidad de convivir con la cronicidad y sus cuidados.
Este libro, que aborda el fenómeno de la demencia en las personas mayores desde 
el discurso de los cuidadores formales e informales y desde los actores del entorno barrial y local de la Región Metropolitana de Chile, nos pone en ese escenario: el de la vida de las personas mayores y sus familias en el contexto de una enfermedad crónica, degenerativa y progresiva, cuya aparición y diagnóstico produce un quiebre personal y familiar en cuanto obliga a redefinir y reorganizar sus existencias. Su evolución exige a todas las personas involucradas la realización de procesos de orden emocional, relacional, físicos y materiales, por nombrar algunos, que probablemente tienen similitudes en todos los adultos mayores y sus familias luego que se ha declarado una enfermedad crónica.
Envejecimiento y enfermedad son probablemente categorías que no nos resultan ni desconocidas, ni ajenas. ¿Qué hace la diferencia entre el proceso de envejecimiento y padecer una enfermedad crónica como la fibrosis pulmonar —por nombrar alguna— con el envejecimiento y la demencia?  
En este libro encontrarán elementos surgidos del diálogo con quienes tienen a su cargo los cuidados de las personas con demencia, de sus familias y de actores socia- les del mundo del barrio en el que se insertan, además de información que contextualiza el tema en relación a su incidencia epidemiológica y a los estudios realizados en torno a él.
A partir de los resultados aquí expuestos, ilustrados con las voces de quienes compartieron con generosidad sus experiencias, es posible acercarnos a comprender la diferencia entre envejecer con una enfermedad y envejecer con demencia, para todos quienes la padecen, pues hay un miembro, un adulto mayor que la porta, pero es toda su familia, de diferentes maneras, quienes la padecen junto a él o ella.

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jueves, 28 de mayo de 2015

Reflexión: EL bosque de Karadima por Dr. Sergio Bernales

EL bosque de Karadima (Director: Matías Lira)

Sin duda un cine de denuncia. De denuncia de una situación de abuso sexual y de identidad, de denuncia de un poder institucional histórico, en fin, de denuncia de la falta de cuidados cuando se está en frente a personas vulnerables.

¿Qué caracteriza el cine de denuncia?
La impotencia frente a una situación encubierta, no hablada, distorsionada por la palabra oficial, encubridora de diferentes tipos de daño y que deja marcas imborrables en las personas que lo sufren. La angustia, la incomodidad y lo opresivo se hacen presentes en esta cinta y conmueven al espectador obligándolo a pronunciarse sobre lo que ha visto, ya sea para negarlo, para aplaudir la valentía de contarlo o para iniciar un camino de elaboración sobre oscuros pasajes de la historia. Que el cine chileno lo haga es una manifestación de la apertura de una sociedad que ha sido muchas veces tildada de hipócrita.

Traer a memoria películas como Matar a un hombre, Aurora e incluso Raíz nos hablan de ello.
Ahora bien, ya el título nos convoca a un recorrido en que habrá sorpresas. Se trata de una cinta que tiene varios niveles de interpretación: el propiamente cinematográfico, el contenido que nos quiere mostrar, la cercanía del espectador con el hecho histórico (reciente y situado en la misma ciudad y con personas vivas y conocidas del “mundo social”), la intencionalidad con que está hecho, el problema del abuso de poder y el abuso sexual como su máximo exponente, la consecuencia de una denuncia cinematográfica para personas que siguen adheridas a una causa en la que no han sido escuchados, el uso de personajes secundarios que representan a personas que siguen insertas en la sociedad y con las que podemos interactuar en cualquier momento y que no sabemos si dieron su consentimiento para ser ejemplificadas en el material filmado.


¿Por dónde empezar?
Ser terapeuta sistémico o contextual-relacional, mira el film de una cierta manera, como lo hacemos todos por lo demás, una manera que enfatiza la relación que se configura desde un cierto contexto o entorno significativo. Nos parecemos en parte a un director de cine (o de orquesta) cuando en este tipo de trabajo filmamos lo que hacemos, con el consentimiento informado de los consultantes, con el fin de atender al micro proceso que ocurre mientras dialogan, muchas veces en torno a un conflicto. En ese proceso, el modo como empieza una escena de apariencia espontánea, da un montón de pistas al terapeuta para la configuración de una peculiar organización alrededor de un problema.

Si mi observación sigue ese curso de acción, lo primero que llama la atención en el film es que se inicia con un tipo de curiosidad de un adolescente, curiosidad que se orienta hacia varios aspectos: la búsqueda de pertenencia, una pertenencia que sea trascendente y que se personaliza en una figura que lidera a jóvenes con ese tipo de búsqueda. A continuación aparece Karadima, figura configurada de entrada por una predilección por lo mediático y poderes que vienen de lo divino: hay que grabar la misa, soy un enviado (en un sentido que puede ser metafórico o literal). La madre y su modo de vivir, el padre asesino por despecho, la vida hipócrita y disipada hacen de telón de fondo a la emergencia de la situación en ciernes: el abuso del más débil.

¿Qué decir cuando aparecen este tipo de características en una situación vital?
Lo primero es que la responsabilidad del profesional que orienta debe fijar un setting de protección y de cuidado, sea éste un médico, un terapeuta, un cura, un pastor, un rabino, un jefe.

Las personas que como Tomás andan en búsqueda de vínculo, desde una falta de uno bueno para él en su origen, obliga a un cuidado aun mayor.

Si se encuentra con alguien fanático y perverso las posibilidades de ser dañado son inmensas. Si esa persona va precedida de santidad y se es elegido por él, el riesgo es inconmensurable.

De eso trata la película, de los pasos de una seducción de este tipo. Es algo ya estudiado en la clínica psicológica y se pueden seguir sus pasos. Algunos momentos: estar por encima de la ley humana “maneja tú aunque no tengas la licencia, yo gobierno la situación, me voy solo contigo, los demás en otro auto y respetando la velocidad”; ser el administrador de la verdad y el perdón “no seas tontito, yo te perdono y absuelvo”; “cuida los pecados de la carne” poniéndolo a prueba mientras toca sus genitales al punto de confundirlo sin saber hacia donde va dirigido el acto. Muy distinto a la relación de Sócrates con Alcibíades, del maestro con el discípulo, orientada a resistir la tentación en aras de ser una mejor persona y mejor ciudadano de la polis, en un sentido de mejorar el cuidado y el conocimiento de sí.

En esta perspectiva, la incomodidad con que he visto la película me obliga a reflexionar sobre mis motivos más conscientes.

No quedo indiferente a preguntarme por el consentimiento de cada uno de los familiares involucrados, en especial el hijo, pues si bien es cine y en tal sentido “ficción”, el carácter documental es innegable.

Si bien el relato se centra en la perversión del “santito”, los poderes fácticos de la Iglesia quedan también en el centro del cuestionamiento. En tal sentido me llamó la atención las dos veces que sale el padre Hurtado como telón de fondo de escenas importantes, la primera difuminado, la segunda de un modo nítido. ¿Es que era su salvoconducto? ¿Es que el padre Hurtado pertenece a la misma especie? Queda una duda que incomoda en la forma en que se muestra.

Que duda cabe que Tomás fue seducido y abusado. Es de una gran valentía el logro de la denuncia, de una enorme lealtad advertírselo al cura en el momento en que se atreve a hacerlo, quizás influido por el flash back que le significa temer la presencia de su hijo en el mismo cuarto en el que él ha sido sometido. Sin embargo, que ese aspecto quede escenificado y se haga público también me incomodó. Por un lado revela un gran sentido de protección de Tomás, pero por el otro, ¿cómo se le explicó al niño que esta historia quedaría plasmada, ya no en un programa de TV sino en el celuloide?

Para terminar este comentario sobre el contenido y desde un punto de vista psicológico vale la pena recordar la teoría del hechizo. Dice su autor (Perrone): “El hechizo es un estado de trance prolongado, de hipnosis no convencional, que puede perdurar aun después de haberse interrumpido la relación. Puede crearse por efecto del terror, la amenaza, la violencia, la confusión, etc. Los abusos sexuales intrafamiliares pueden producirse en un clima de terror y de violencia, pero también pueden ocurrir en interacciones de seducción para tratar de designar la relación particular que liga al abusador y su victima. No contempla el estado de falta total de libertad descrito por las víctimas. Como forma extrema de relación no igualitaria, el hechizo se caracteriza por la influencia que una persona ejerce sobre la otra, sin que esta lo sepa...”. Tal es el caso de lo vivido por Tomás.

En lo más cinematográfico quisiera expresar un par de comentarios. El cine de denuncia social como el Ken Loach, también el de Mike Leigh, recurre a una cámara que se asemeja al ojo humano, no se acerca demasiado. No es el caso de esta cinta de M. Lira. El apela al close up y a la fuerza expresiva del rostro cuando es capturado en cercanía. Es el gran mérito de Gneco, capaz de matizar y darle intensidad a cada gesto significativo y revelar congruencia o incongruencia en relación al discurso. Lo mismo vale para la actuación de Vicuña, como de Campos, lo que se puede hacer extensivo al otro joven que termina siendo cura, pero en éste sin la debida profundidad del personaje. En este sentido es un cine intencionado que encuentra lo que busca: producir un efecto en el espectador. Es difícil que después de verla, las emociones queden en el mismo sitio. El propósito se ha cumplido y no importa que los personajes secundarios no tengan la profundidad de los principales, por ejemplo, ¿cómo se acerca a lo religioso la esposa de Tomás, al punto de ser a su vez influida por Karadima? Lo mismo ocurre con el fiscal de la curia, quizás algo menos con la madre, la que de dos pinceladas queda estigmatizada en su manera de ser. Me parecen los puntos débiles del film.


Por último agradecer este tipo de películas, la que al mostrar un aspecto bien conocido y apegado más a la realidad que a la ficción, logra crear un clima emocional cautivador, asfixiante, denso, angustiante, de atrevimiento.

Dr Sergio Bernales

miércoles, 1 de abril de 2015

La garra de hacer familia en el Norte

Agradecemos a  la psicóloga Soledad Arriagada, miembro de nuestro Instituto, quien nos deja su mirada con el corazón a las familias del norte de nuestro país, en estas sentidas palabras sobre la catástrofe vivida estas ultimas semanas...



            Cuando producto de eventos naturales se comienza a hablar del Norte de nuestro país, quienes hemos crecido, vivido y trabajado allá, nos llama la atención lo poco  que el centro y sur del país saben de la realidad nortina. Poco se conoce que las ciudades por allá están todas muy distantes una de otras, fácilmente uno debe recorrer 200 kilómetros hasta la más cercana, son horas y horas entre una capital regional y otra, con un basto y árido desierto que las separa.

El norte de nuestro país es una tierra hermosa pero exigente y dura, donde nada se facilita, sino que exige de su gente garra y creatividad para hacerle frente a la vida cotidiana. Donde los servicios básicos son muchísimo más caros que en el resto del país y se interfieren con facilidad frente a diversas situaciones, lo que le exige al nortino ser más precavido y paciente que en otros lugares. La vida no es fácil en el norte, la naturaleza habitualmente se vuelve en contra, el mar, los cerros y el clima, así como te acarician y reconfortan, cada cierto tiempo te recuerdan su poder y lo indefenso que estás en esas tierras, el nortino sabe que si bien le han logrado sacar las riquezas a la Pampa, sigue siendo ella quien manda y quien en cualquier momento te cobra.

            Cuando conocemos los acontecimientos de los últimos días, no podemos menos que recordar que en el norte la forma de hacer familia es distinta, una parte muy importante de su gente trabaja en la minería, son lo que ellos mismos orgullosamente se reconocen como “la familia minera”. Un tipo de familia distinta, en las cuales se enfrenta el reto de hacer familia con sólo el cincuenta por ciento del tiempo juntos bajo el mismo techo, por lo que han tenido que aprender a lidiar con presencias y ausencias de sus miembros, a ser creativos y perseverantes para mantener los vínculos, la historia y la comunicación.

            Por eso, cuando empecé a escuchar las noticias la semana pasada, recordé la gran angustia omnipresente en estas familias, eso que constantemente referían los mineros, estar lejos de la familia cuando pasan eventos trágicos, frente a una urgencia. Me di cuenta que las peores fantasías de los nortinos se estaban haciendo realidad, lo que me hizo pensar en todas esas madres y padres tratando de poner a salvo a sus familias solas y solos, dando difícilmente abasto frente a la furia de la naturaleza. A su vez, imaginé esos miles de padres o madres angustiados(as) y aislados(as) en las entrañas de las decenas de minas, sin saber de los hijos y parejas que dejaron en casa para ir a cumplir con sus turnos laborales. Para quienes vemos a nuestras familias todos los días, es difícil imaginar lo que es enfrentar a la naturaleza desbocada sin el apoyo de la pareja, del compañero o la compañera en la crianza porque se encuentra lejos, tampoco podemos imaginarnos lo que significa encontrarse aislados a cientos de kilómetros sin saber cómo se encuentra nuestra familia por días, en los cuales no puedes hacer nada sino esperar con el anhelo de encontrarlos bien.

            Imaginé la angustia de esas familias sin celulares ni internet, cuando estos medios tecnológicos se transforman en la única forma de hacer familia, mantener los vínculos, de sentirse apoyado y contenido, por eso la incomunicación se transforma en dolor, en desesperación de saber si tu familia está completa y a salvo, dolor de no saber cuándo volverán a estar juntos nuevamente, ya que los kilómetros que los separan son demasiados, y se hacen más distantes frente a la angustia de no poder estar cuidando a los tuyos. La nueva separación es inevitable, así es el sistema laboral, pero será más dura que lo habitual, será marcada por el trauma vivido.

            Quienes viven en el norte saben resistir, miran de frente los acontecimientos y siguen adelante, como nada se les ha dado fácil en la historia, no esperan que ahora sea distinto, una vez más se calzan los bototos, el casco y se comienza de nuevo, se llorará a los que partieron, se limpiarán las casas, se reconstruirá lo destruido y se seguirá luchando en el día a día, dando su esfuerzo por mantener a todo un país, aunque habitualmente se olvide.

            Muchas de las familias que han vivido estos acontecimientos probablemente están de paso por la zona, el norte se caracteriza por ser un lugar de paso, pero así también se caracteriza por ser un lugar que marca el espíritu de las familias, ellas no serán las mismas de aquí en adelante, se llevarán a la Pampa con ellas, no sólo el desierto y el sol dejarán marcas en ellos, sino estas dramáticas experiencias  constituirán parte de su historia como familia.

lunes, 23 de marzo de 2015


La familia y el inicio del Año Escolar


Comienza un nuevo año escolar y laboral y con él vuelve la vorágine de una vida ajetreada, llena de actividades, exigencias y deberes. Para las familias con niños en etapa escolar, implica retomar y coordinar múltiples tareas, con lo cual pareciera que todo lo descansado, compartido y reflexionado durante las vacaciones queda rápidamente atrás, junto a los buenos propósitos para un año que habíamos soñado como menos frenético y desgastante que el anterior.   La tranquilidad ganada en largas caminatas, baños de mar o de lago, o en una ciudad mucho más apacible, pareciera desvanecerse apenas volvemos a la desgastante rutina diaria.

Sin embargo, el verano y las vacaciones compartidas tienen el don de reflejarnos el mejor potencial que tienen nuestras relaciones familiares cuando estamos descansados.  Podemos habernos reído de buena gana con nuestros hijos de algo simple,  gozado con actividades o juegos sencillos y sorprendido de ver a distintos miembros de la familia -nuclear y extensa- interactuando entre sí de manera llana y relajada.  Nos queda como legado haber sido testigos de lo que podríamos llamar la "mejor versión" de nosotros mismos y de nuestra familia.  Sabemos por experiencia, que puede haber una mejor manera de relacionarnos, entre quienes convivimos y más queremos.  Esto nos lleva a preguntarnos por la manera de re-encontrarnos con lo hallado durante el tiempo de descanso, pero esta vez “entre marzo y diciembre”.  ¿Cómo encontrar momentos o situaciones que nos conecten profundamente, en medio de la extenuante cotidianidad?  Posiblemente sean los ritos y rituales familiares los que mejor puedan aportarnos para tener encuentros genuinos, a través de la construcción de significados compartidos que generen sensación de pertenencia, seguridad y bienestar.

El diccionario de la Real Academia de la Lengua define a los ritos como “costumbres y ceremonias” y "el conjunto de reglas establecidas para el culto y ceremonias religiosas".  Los rituales, por su parte, serían el "conjunto de ritos de una religión, iglesia o función sagrada".  También son ritos los actos repetitivos y normativos que se reiteran estricta e invariablemente.  Desde la Sociología y la Antropología, lo ritual implica dramatizaciones que remiten a lo natural y sagrado, y crean nuevos significados individuales y sociales. Permiten comprender el mundo, darle estructura, construir identidad y otorgarnos certezas.  El terapeuta familiar  Cristian Vásquez plantea en su texto “Rituales Terapéuticos” que los rituales son "instrumentos sociales que permiten la cohesión y pertenencia a los grupos de referencia" y cita a Nannini y Perrone, señalando que “sirven principalmente para disminuir la angustia, facilitar los pasajes de un estado a otro, limitar los conflictos sociales o intrapsíquicos, crear puentes entre lo visible y lo invisible o entre lo explicable y lo inexplicable, mimetizar los cambios para dominarlos.  Los ritos conectan el nivel individual con el nivel social y organizan las relaciones sociales” (Perrone, R. y Nannini, M.; 2007 en: Cristián Vásquez, recuperado el 17 de marzo de 2015 en http://data.edras.cl/resources-files-repository/Rituales_Terapeuticos_-Ps_Cristian_Vasquez.pdf).  En las familias, todos los días desarrollamos ritos y hacemos actos rituales, a veces sin tener mucha conciencia de ello.  Menos aún de que en algún nivel siempre conectan lo natural con lo trascendente. 

En lo personal, este marzo me enfrenta al desafío familiar de iniciar la etapa escolar.  Más allá del gran esfuerzo adaptativo de organización, levantadas y acarreos al alba y de la inserción familiar en un sistema social más amplio y complejo, me hace plantearme la necesidad de aprovechar los momentos cotidianos -cansadores, apurados y demandantes de energía- para generar seguridad e identidad familiar junto a mis hijos, en un mundo muchas veces hostil.  Me hace pensar en que la particular manera en que hoy armemos nuestra rutina, generará significados familiares compartidos y por lo tanto, no serán triviales ni la manera de llevarlas a cabo, ni las narrativas que generemos en torno a ellas.  Retomando la idea de lo simbólico y la alusión a lo sagrado que tienen los ritos y rituales, pienso en la toma de conciencia de lo trascendente de algunos actos diariamente repetidos. Así, ir a dejar a los niños al colegio, comer juntos en la noche, bañar a los más chicos o leerles un cuento antes de dormir, nos dan la posibilidad de celebrar y trascender, generando la sensación de bienestar y de pertenencia.  Celebrar rituales familiares de inicio y de transición: un hijo que entró a la educación superior, una hija que se podrá acostar media hora más tarde, porque creció y es responsable para levantarse en las mañanas, o uno que comenzara a volverse a la casa de manera autónoma y en locomoción colectiva,  pueden ser oportunidades para honrar el ciclo de la vida.  Hay familias que participan en ritos asistiendo a ceremonias religiosas; podría ritualizarse también el  almuerzo del domingo en la casa de los abuelos; pueden celebrarse logros deportivos, académicos o laborales de los distintos miembros de una manera que nos caracterice.  Lo importante es crear juntos símbolos, significados y narrativas con respecto a quiénes somos y hacia dónde vamos.  Y en qué sociedad queremos vivir. 

Animémonos a hacer de este año laboral, escolar y académico uno especial, en el cual lo cotidiano y rutinario toque a cada momento lo profundo, a través de ritos que nos den identidad, estructura y la seguridad de pertenecer y estar en lo nuestro... 

Ps. Alejandra Aspillaga



"POR QUÉ CELEBRAR SOLO EL INICIO DEL AÑO"

Me parece que  Marzo tiene menos rituales de los que se merece. O tal vez comprar ùtiles escolares y uniformes, forrar y marcar también sea un ritual. O pagar el permiso de circulación y obtener así el derecho a movilizarnos libremente por Chile no sea un ritual porque es una gestión que valoramos menos de lo que representa. Quizás se destaque más la entrada al jardin, el primer dìa de colegio o el ingreso a la universidad. Pero, por qué celebrar sólo el final de todos estos inicios?

A lo largo del año se pueden establecer rutinas familiares con caracter de rituales con cierta regularidad. Se ha visto que las familias que comparten tiempo y actividades perciben ésto como indicadores de estabilidad, integración y pertenencia.

En la agitada vida actual, llena de obligaciones y responsabilidades laborales de los padres y académicas de los hijos, la disponibilidad de energía y tiempo se reduce enormemente. Si a eso le agregamos la cantidad de tiempo que se emplea en las comunicaciones via satélite, la posibilidad de compartir con los cercanos disminuye más. Acompañarse activamente hasta llegar a la próxima graduación o a las siguientes vacaciones puede ser de gran ayuda en el proceso.

Frente a las dificultades los hijos suelen buscar apoyo en una persona; uno de los padres, un hermano, un amigo. Sin embargo, si pudiera crear una instancia familiar que facilitara la expresión de sentimientos asociados al conflicto dentro de una condición de respeto y empatía, el resultado podría ser un aprendizaje más profundo y real de cómo manejar una crisis. La disposición activa para abordar una situación de stress, asociada a una manera de resolver los problemas, permitiría llegar a tener una percepción positiva del cambio del que se requiera hacer.

Evitar, postergar o negar son respuestas que alivian en lo inmediato pero en el mediano plazo generan incertidumbre y estancamiento en el proceso.


Para los hijos la creación de condiciones para desarrollarse y lograr su identidad se relacionan con la valentía de los padres para abordar los problemas, la capacidad para postergar su cansancio, la estabilidad de los vínculos que no deberían quedar amenazados por un conflicto, la presencia cercana que permita el logro gradual de la autonomía y una cuota de alegría. Sino este tremendo esfuerzo no tiene gracia.

Ps. Antonia Raies