miércoles, 26 de octubre de 2016

Reflexiónes equipo pareja situacional

Desde dónde y cómo surge este grupo? Obviamente desde la inquietud intelectual y desde el quehacer diario que coincide con restructuraciones internas del Instituto; es así como Sergio convoca a un grupo de amigos colegas y pares a pensar la pareja.
El grupo ha tenido una evolución desde lo teórico hacia lo práctico en un modo de ver y hacer terapia particular. En un primer momento el grupo revisó y estudió a distintos teóricos de la terapia de pareja (Gottman, Johnson, Sapir, Safran, Murran entre otros). Largas discusiones teórico filosóficas donde Lucho fue un gran aporte con los resultados de las últimas investigaciones, Ximena y Rodrigo más de una vez fueron los mediadores de extensas conversaciones. Ires y venires varios fueron aportando una conceptualización propia; la mirada al “microproceso” y desde la observación atenta surgen conceptos antiguos, redefiniciones de los mismos y hacemos propios conceptos de otros ámbitos, sobre todo aquellos que aporta la literatura, el cine y el teatro. De este modo nos empezamos a mover entre coreografías, pies, escena dramática, todo lo cual viene a constituirse en lo que hoy llamamos Modelo Situacional.
Podemos grupalmente mirar desde el modelo? Recoger una escena y reconocer en ella los conceptos desde los que nos movemos? Ese ha sido nuestro quehacer los últimos años. Observación atenta, intensa y minuciosa de registros audiovisuales de las sesiones para, desde lo observado, realizar preguntas sobre lo que observamos que dan cuenta del proceso donde la pauta se repite una y otra vez.
Nuestro grupo es fundamentalmente un grupo de supervisión donde el énfasis está puesto en la situación observada más que en lo que le sucede al terapeuta con lo observado. El desafío que aparece una y otra vez es cómo salir de lo cognitivo, de nuestros conceptos y presupuestos de los que nos vemos atrapados para entregarnos a la experiencia de la pareja allí presente. Introducirnos en los climas emocionales para facilitar la emergencia de la pareja e intencionar lo procesal en ella. Surge el desafío constante del aprendizaje y desaprendizaje, de deshacerse del rótulo, de sostener un mirar curioso y cuidadoso para junto a ellos participar de la danza.
Cómo introducirse en la legitimidad del otro es uno de los constantes desafíos, la legitimidad del otro en tanto su diferencia para poder entender la pareja, no hay escena dramática si no hay legitimidad. Entonces el proceso camina por distintas rutas pero en la misma dirección, lo interaccional se va tejiendo con el terapeuta, entre la pareja y entre ambos. Vernos y supervisarnos con video ha permitido ver nuestros recursos y entrampes una y otra vez como otra pauta. Se dan así dos escenas dramáticas simultaneas; la de la pareja y la del espacio de supervisión, donde como en el video, aparecen conceptos recurrentes del modelo; emplazamiento, pauta interaccional, motivación/sintonía, poder y cuidado, expresión, comunicación y organización danzan en espacios simultáneos que constituyen la Situación.
La supervisión de video nos ha permitido recuperar el “dato”, un botón de muestra de lo ocurrido, el hecho que no podemos negar y que está al servicio de mostrar majaderamente lo procesal y nos ayuda a dejar nuestros pre conceptos, ideas y prejuicios a un lado, al menos por un rato, para enriquecernos de lo observado. Cómo se mueve el patrón más que lo que uno teoriza sobre el patrón.
Mirar el “dato”, el fenómeno hasta agotarlo, estrujarlo y ver cuánto da de sí. Entonces la persona del terapeuta está al servicio del proceso. Para qué uno está ahí? Para hacerlo mejor y eso es, hacerlo mejor con ellos. Ver el fenómeno incluye la pregunta por el curso de vida. Lo situacional no es opuesto a lo histórico. El ver lo procesal resulta coherente con lo que es lo terapéutico.
Cuál es el lugar que ocupa el poder ver una sesión filmada? que es tan única como el acto mismo de hacer terapia. Cuando se ve un video, cualquier cosa que uno haga pudo haber sido distinto y no hay una crítica a eso. El video permite dejar bien preservado a los pacientes y terapeuta. Es aprovechar la oportunidad como decía anteriormente, estrujar la oportunidad que brinda el fenómeno.
¿Cuál es el aporte de observar grabaciones y no sesiones detrás del espejo? Es un énfasis en un método de trabajo: el modelo situacional se aplica trabajando desde el microproceso, desmenuzando la sesión, repasando una y otra vez los mismos minutos, volviendo atrás … podemos ver una y otra vez cómo “cuadros” de la misma obra que se van sucediendo. Se hace trabajando un largo rato con cinco o diez minutos de sesión, en una reflexión que abarca un preguntar se sobre alternativas de preguntas, desafíos, comentarios que se podrían hacer o haber hecho y que tiene por objeto ampliar el repertorio del terapeuta en futuras sesiones. Esta observación nos lleva a trabajar simultáneamente en dos niveles que se retroalimentan permanentemente, por una parte desde el modelo intentamos construir una comprensión de lo que está ocurriendo con la pareja, identificar la danza… ¿Qué se están jugando en el conflicto? ¿A qué terreno pertenece? Por otra parte, miramos el modo de estar del terapeuta en sesión, ¿qué preguntas hace? ¿En qué se detiene? Como en el teatro, ¿toma los pies que la pareja le da para intervenir? ¿Los identifica? La mirada es desde el fenómeno, miramos lo que la pareja despliega en sesión para descubrir junto a ellos cuáles son las dinámicas en que están entrampados... el desafío es dejarse sorprender con lo que va apareciendo en lugar de poner la hipótesis por delante, es una guía y también una mirada paradójicamente ingenua de lo que sucede frente a nosotros para que no nos impida ver lo que pasa ante nosotros…  tratamos de tener siempre en cuenta que al mirar la pauta hacemos una descripción que es de un observador que dice algo de lo observado de un modo arbitrario  hasta que en escenas siguientes se ve confirmado, o no,  por algo que hacen los pacientes.
Intentamos identificar la danza de la pareja y bailar con ellos un rato, lo que dure la terapia, tratamos de ayudarlos a bailar de manera más cuidadosa, más fluida, más entretenida y también a veces preguntarse honestamente si la mejor danza es dejar de danzar juntos. Nuestro modelo nos interpela a posicionarnos desde la mirada del asombro frente a la pareja que desde su dolor le pide al terapeuta una mirada compasiva y no critica, pero que provoque el cambio, para dar paso al respeto por el sentir del otro (legitimidad) y el propio, generándose espacios de encuentros y de desencuentros, pero que permiten la reflexión que puede ayudar a salir del estancamiento y del dolor que eso causa.
Además, en el devenir de la supervisión surge espontáneamente la actuación de una escena dramática, este juego es una invitación a pensar en alternativas de intervención y en los diferentes cursos que podría tomar la sesión a partir de éstas, pero teniendo siempre en cuenta que no hay una pretensión de objetividad en esas escenas imaginadas ni en los pacientes actuados, se trata de explorar posibilidades.
Hoy nuestra estructura ha evolucionado gracias a un clima cuidadoso, exigente y directo que nos ha permitido crecer en lo grupal. Este grupo y su particular forma de trabajo, ha mantenido en nosotros el deseo de ser mejores terapeutas, es un estímulo para seguir conociendo del pensar del otro e intentando incorporar la novedad y el respeto por la forma de trabajar de cada uno.
No es fácil ser terapeuta de parejas y la mirada de todos enriquece el propio desarrollo y ayuda a diferenciar, lo de los consultantes y la propia historia.
Intentamos trabajar como un artesano sofisticado que no elude la pregunta y siempre piensa en el “cómo hacer” y ensaya modos de hacer. Tal vez por ello los artesanos tiene dificultades para hablar de lo que hacen, que los teóricos no tienen. En ese sentido, es difícil ocupar un lenguaje y la escena dramática es la acción del terapeuta para hablar del fenómeno. Ahí hay un mapa.