lunes, 29 de abril de 2019

Cómo divorciarse…..¿Es algo que se pueda decidir?


En latín, el verbo amar se expresa con una palabra preciosa: diligere, que supone la realización de actos de elección. 


Cómo divorciarse…..¿Es algo que se pueda decidir?

La terapia familiar en procesos de separación conyugal tiene como propósito contribuir a la reorganización familiar post-separación y acompañar a la pareja que termina su relación a transitar por un camino que conlleva una serie de decisiones importantes, una de las cuales es si van a continuar otorgando a los hijos e hijas la experiencia de familia. Esta decisión es trascendente y, muy difícil cuando los padres y madres luego de la separación experimentan vivencias de daño e injusticia mutua que permanecen en el tiempo  y que dan lugar a dinámicas maltratantes al interior de la familia, dejando de lado las conductas de protección y cuidado necesarias para el establecimiento de relaciones sanas y de buen trato. 

Detenerse en este momento y ayudar especialmente a estos padres y madres que están en las veredas opuestas a sentir nuevamente empoderamiento en sus vidas y en sus relaciones para construir con el otro y no contra él o ella, es un gran desafío terapéutico, pues nos enfrenta a dinámicas relacionales en las que predomina lo defensivo expresado a través de conductas de  hostilidad y lucha, no sólo entre ellos, sino también hacia los terapeutas. Contribuir a empoderarlos significa facilitar que redescubran sus cualidades como padres y madres, que sean capaces de conectarse con sus hijos, ser conscientes de las diferencias entre sus actos y sus intenciones de cuidar y proteger. Crear un espacio en que la lucha motivada por la vivencia de injusticia y los deseos de justicia sea contenida, que  disminuya  suficientemente como para que cada uno pueda hacer un buen ejercicio de su parentalidad y si es posible, ayudarlos a que sean un mejor equipo. Empoderarlos es ayudarlos a conjugar el verbo diligere, que es amor reflexivo y que implica una actitud comprometida y activa. Esmero y  cuidado en ejecutar algo que se elige.

¿Qué significa elegir por un divorcio colaborativo? Significa poner a los hijos e hijas en el centro,  ponerlos en el lugar de  ser sujetos de derecho. Esto es, ir más allá del derecho a que sean  protegidos y del deber del buen trato de los padres hacia ellos. Ponerlos en el centro significa  escuchar  de su voz lo que necesitan, y no sólo actuar en función de lo que los padres piensan que sus hijos necesitan. Es pensar que su voz les pertenece y  no asumir que son ventrílocuos de sus madres o padres en disputa  y que cada una de sus palabras son reclamos  o necesidades impostadas y  sin valor propio.

Muchas, sino la mayoría de las disputas entre padres se fundamentan en “las necesidades de los hijos”, en el bienestar de ellos, convirtiendo el “interés superior “ de niños y niñas"  en una excusa para tramitar profundos dolores y verdaderos sentimientos de injusticia vividos durante la relación de pareja o en el proceso de término de ella. Optar por un divorcio colaborativo implica poder separar las heridas sufridas en la relación de pareja de la parentalidad y que los hijos e hijas  puedan vivir  en el derecho a seguir teniendo padre, madre y familia a pesar de los dolores que la pareja se infligió mutuamente. Esto es, enfrentar las dificultades relacionales surgidas en el difícil proceso de la separación conyugal como una experiencia de la conyugalidad y no de la parentalidad.

Optar por un divorcio colaborativo significa pensar que poner a los hijos al centro no es renunciar a satisfacer todas las necesidades de los adultos, pero sí, admitir que indudablemente implica renuncias y postergaciones, como para cualquier padre o madre. ¿Porque renunciar y posponer la satisfacción de las necesidades de los adultos, no es también una experiencia de los padres y madres que viven juntos? ¿No es parte esencial de la parentalidad?

¿Qué significa elegir por un divorcio destructivo? ¿Pueden los padres en conflicto grave y crónico considerar realmente las necesidades de sus hijos?. ¿Qué significa que los hijos/as sean protagonistas cuando los propios padres han perdido el  protagonismo de sus vidas? ¿Pueden elegir los padres qué camino tomar, capturados por emociones tan intensas y urgentes que hacen difícil que la razón las module?

En los divorcios destructivos los grandes ausentes, los no escuchados, los invisibles, son los hijos e hijas, muchísimo más allá de las declaraciones de buenas intenciones de los padres y madres. Los hijos e hijas en medio del conflicto post-conyugal (porque en estos casos, no es en realidad un conflicto parental, por más que lo parezca) son tratados como objetos cuyo derecho al bienestar y  protección  se disputan  los padres en conflicto, muchas veces a un punto tal, que son otros -jueces, curadores ad litem- quienes terminan  haciéndose cargo de los derechos de estos niños y niñas, ante la imposibilidad de sus propios padres. 

Decidir por este camino no es un acto de maldad, es un acto de ceguera producto de la rabia, el dolor y el miedo. Es elegir el camino equivocado en la terrible  e indeseada encrucijada de poner en el centro los legítimos derechos  de los adultos en disputa o las necesidades de sus hijos e hijas. Es decidir llegar hasta el final en la pelea por los derechos  propios y la necesidad de hacer justicia para resarcirse del daño, confiados en que la vida se encargará de reparar las heridas de los hijos e hijos que este camino significó para ellos y confiar en la suerte de que con sus recursos y resiliencia saldrán adelante y podrá hacer sus vidas.

Para elegir qué camino tomar, hay que saber a dónde se quiere ir. Los padres y madres que eligen la destructividad  no piensan que eligen dañar a sus hijos, piensan que eligen lo justo, la reparación, o simplemente, disminuir las pérdidas de la separación. La destructividad es un camino que algunos padres y madres eligen por sus dificultades para sanar sus heridas o para aprender a vivir con las cicatrices de ellas.

No hay cicatriz, por brutal que parezca,
que no encierre belleza.
Una historia puntual se cuenta en ella,
algún dolor. Pero también su fin.
Las cicatrices, pues, son las costuras
de la memoria,
un remate imperfecto que nos sana
dañándonos. La forma
que el tiempo encuentra
de que nunca olvidemos las heridas.

Piedad Bonet
De Explicaciones no pedidas, 2011

Ps. Valeria Barria  (vale.barria@gmail.com)
Ps. Claudia Cáceres P. (claudiacaceresp@gmail.com)
Miembros Equipo de Terapia Familiar en Procesos de Separación y Familias Ensambladas.

jueves, 21 de marzo de 2019

Reflexión Libro “NosOtras: Historias de Mujer”



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El libro "NosOtras: Historias de Mujer", fue co-construido en la intimidad de un grupo de ayuda mutua de mujeres Sanclementinas, es un documento terapéutico, un trabajo de reautoría, en dónde se muestran testimonios que dan cuenta de los recursos, conocimientos, miradas y experiencias que tenemos para enfrentar, resolver y/o transitar por la adversidad, y que desconocíamos o eran invisibilizados.

Este libro es la voz de cada una de ellas y de las que no están presentes, ellas son quienes cuentan esta historia y procuramos ser fieles a su relato. Este acto de respeto mutuo, busca honrar las historias y saberes que cada una posee, por lo mismo debe ser colectivizado.

Nosotras (Psicólogas), funcionamos como compiladoras, ya que el trabajo en sí es de ellas, son las protagonistas de este libro y las gestoras de cambio de su propia historia. Para ellas, el leer sus re narraciones de sus propias historias y el de las compañeras, es muy potente, porque las valida y habilita en sus saberes.

En algún lado leí una frase, creo que es de Cohen, que dice “Hay una grieta en todo; solo así entra la luz”, en este momento me resuena con tanta fuerza ya que esta frase encarna el trabajo que hemos intencionado con mis colegas, el de estar atentas a las fisuras que se presentan en nuestras historias y que se convierten en una oportunidad de darle foco a aquellos eventos excepcionales que nos han ayudado a resistir y seguir, son las formas de responder que hemos tenido, que hemos aprehendido y que nos posibilitan para resaltar historias alternativas frente al dolor, ya que somos personas multihistoriadas, por lo tanto tenemos la posibilidad de reescribir nuestra historia tantas veces como sea necesaria hasta llegar a nuestra identidad preferida.

A propósito de este trabajo y de lo que ha removido en mi queridxs Terapeutas, lxs invito a tomar posición, a ser conscientes del lugar de poder que ocupamos, a facilitar, por medio de preguntas que incentiven a las personas a la creatividad, a la reflexión, a la amplitud de conocimiento de sí mismxs, preguntas que colaboren con las personas para que incorporen sus experiencias vividas y puedan descubrir y emplear aquellos recursos que son constructores de sentido. Lxs invito a colaborar con las personas en construir un territorio seguro que contenga, habilite y acompañe, a escuchar la voz de la persona que tenemos al frente, a explorar en los efectos que ha tenido para su vida y su contexto lo que han vivido o están viviendo….. las respuestas están en ellxs, en sus relatos.

Quedan cordialmente invitadxs a involucrarse en esta experiencia narrativa, a hablarnos de sus resonancias y a darle amplia difusión entre sus redes de este libro. Gracias!!! 

Ps. Natalia Ayala Lagos.

jueves, 31 de enero de 2019

Terapia Familiar en procesos de separación conyugal.




La separación conyugal es una experiencia por la que atraviesan muchas parejas y sus familias en Chile y el mundo, siendo uno de los motivos de consulta directo o indirecto a diferentes tipos de psicoterapia. Uno o ambos miembros de la pareja pide ayuda terapéutica individual para hacer frente a la crisis, o lo hacen juntos y consultan a un terapeuta de parejas para decidir si se mantendrán juntos o no. Una vez que se ha decidido la separación, muchos padres  y madres buscan ayuda para sus hijos, especialmente si piensan que alguno de ellos es más vulnerable o tendrá dificultades para enfrentar ese crucial proceso. 

Es menos común, que la pareja que ha decidido separarse consulte a un terapeuta familiar para acompañar este proceso como familia; Es entendible. Está en el imaginario cultural que un terapeuta familiar acompaña a una familia que vive junta, padres  e hijos bajo el mismo techo. Está en el imaginario también que un terapeuta familiar busca “unir” a la familia, por lo que las parejas que han decidido dejar la convivencia, podrían ser “presionadas” a cambiar su decisión. Incluso es parte del imaginario cultural aún, y pese a las enormes transformaciones que nuestra sociedad ha experimentado, que haya para quienes la terapia familiar no es opción en los proceso de separación, pues “ya no hay familia”. La familia se disolvió con el divorcio de la pareja.

Sin duda todas las modalidades y enfoques psicoterapéuticos pueden aportar de algún modo a quienes viven la separación conyugal. Pero ¿Qué aporta la Terapia Familiar en los procesos de separación?.  Antes de responder esta  pregunta es necesario explicitar una definición....un principio fundamental: lo que debe disolverse en la separación es la relación conyugal o de pareja, al mismo tiempo que debe preservarse la relación parental y la continuidad de la familia para los hijos. 

La familia es una experiencia. Los hijos e hijas de la pareja que se separa deberían continuar teniendo la experiencia de familia. Podemos desafiar entonces la idea de que la familia existe sólo si hay cohabitación. En estricto rigor esa corresponde a  la idea de hogar, concepto que se usa con fines estadísticos entre otras cosas para soslayar que el estado haga una definición política de lo que es una familia. Se censan hogares, no familias.

La Terapia Familiar en procesos de separación entonces, tiene como propósito contribuir a la reorganización familiar post-separación o divorcio de modo tal que los padres puedan seguir cumpliendo las funciones normativas, nutritivas y socializantes y que puedan hacerlo tanto individualmente -cada uno con sus hijos- como juntos  y colaborativamente en lo que llamamos “función co-parental”. Cuando la familia se reorganiza en este nuevo escenario relacional, los hijos e hijas pueden seguir  teniendo la experiencia de familia, se siguen sintiendo protegidos y pertenecientes a una estructura buena y cuidadora: su familia, que ahora se organiza de un modo diferente, pero que sigue siendo SU familia.

La Terapia Familiar en procesos de separación parte del reconocimiento de que la familia post-separación es una organización familiar diferente a la previa, en la que no existe (o progresivamente deja de existir) una pareja conyugal y sí existe una pareja parental. Esta terapia apoya el proceso de diferenciación de la conyugalidad de la parentalidad, cosa que no es fácil porque implica un doloroso proceso de aceptación de las pérdidas que la separación implica. La intervención tiene en el centro el bienestar de los hijos e hijas, miembros más vulnerables al conflicto parental, al estrés, a la ambigüedad y a la pérdida de las estructuras que ordenan sus vidas. Ayuda también a visibilizar las necesidades de los hijos e hijas que a pesar de los esfuerzos de sus padres se pierden de vista por la captura emocional en que ellos están.

Se apoya a los padres a pensar y a actuar en pos del bienestar de sus hijos, escuchándolos a ellos. No somos los terapeutas los que transmitimos a los padres lo que les ocurre a sus hijos, o lo que necesitan o cómo están viviendo el proceso de separación. Son los mismos hijos quienes comparten con ellos, en emotivos encuentros, sus vivencias. Se apoya a cada uno de los padres individualmente a avanzar en sus procesos de duelo para que  transiten a esta nueva etapa haciéndose cargo de aquello que deben dejar atrás como de aquello con lo que tienen que continuar. Se fortalece la hermandad, el vínculo fraterno que será espacio de protección, de complicidad y de apoyo, especialmente en los momentos difíciles de los padres. Un espacio en que la relación entre los hermanos es el centro, un espacio libre de la tensión de ser hijos de padres en conflicto. La familia ayuda a la familia. 

Los terapeutas familiares facilitamos el proceso familiar e individual con cuidado y respeto, comprendiendo que la rabia es expresión del dolor y de la sensación de  fracaso e injusticia frente a un término muchas veces no deseado. Incluimos a todos los miembros de la familia, trabajando en la confección de un “traje a la medida” de cada familia. Una intervención que no tiene recetas, sino principios. Somos costureras que puntada a puntada avanzamos con las familias en su reorganización, en la construcción de un nuevo modo de vivir, en que todos caben. 

Invitamos a los terapeutas que quieran formarse en este modelo de acompañamiento de los padres y madres que sin vivir juntos quieren seguir fieles al principio de la corresponsabilidad parental, aún cuando ya no sean pareja, a conocer y a incorporar a sus prácticas clínicas algunos de nuestros aprendizajes de casi 20 años costureando con el dolor y tejiendo esperanzas.

Ps. Claudia Cáceres P.
Equipo de Terapia Familiar en Procesos de separación y Familias Ensambladas
Instituto Chileno de Terapia Familiar






jueves, 30 de agosto de 2018

Notas de Familias y Terapias: El lugar de la familia en la aceptación de la identidad sexual.


A propósito del debate nacional sobre Ley de Identidad Sexual, les compartimos el nuevo capítulo de Notas de Familias y Terapias. En donde Gabriela García psicóloga y miembro de nuestro instituto nos entrega algunas pautas sobre "El lugar de la familia en la aceptación de la identidad sexual".

Esperamos que les guste y lo compartan.







Si Ud. quiere ver el video en alta definición, puede hacerlo en el siguiente enlace:


Cariños.

Equipo de Extensión

martes, 7 de agosto de 2018

Aportes al necesario enfoque familiar en la política pública

El cambio de nombre del Ministerio de Desarrollo Social a Ministerio de Familia y Desarrollo Social abre una perspectiva en lo concerniente a su ampliación de la atención de personas individuales a una que se ocupa de aquella organización donadora de vínculos afectivos primarios a la que se nombra y conoce como familia.

En la situación de las prestaciones ligadas a aquellas familias expuestas a la vulnerabilidad social, se espera que este hecho modifique la fragmentación de la atención en muchos de los programas existentes que en lo corriente derivan en una multiplicación de quehaceres y una innecesaria burocratización para aquellas familias multiasistidas.

Para que sea efectiva es necesario modificar el énfasis prioritario de la gestión y atención de casos individuales por evaluaciones y mediciones de eficacia de la atención, considerando además a la totalidad de sus miembros, es decir, a la familia como una organización sistémica.

Sin embargo, para que ello ocurra se requiere de algunos cambios importantes de mencionar:
a) Que existan códigos que cubran el valor de las prestaciones familiares en los programas que las brindan.
b) Que exista una formación continua de los profesionales y técnicos que estarán a cargo de estas prestaciones (educadores, trabajadores sociales, terapeutas ocupacionales, psicólogos y médicos).
c)  Que se evite la excesiva judicialización existente en la actualidad.
d) Que dialoguen los diferentes programas de intervención entre sí, entendiendo que operan con lógicas diferentes no sencillas de articular, y a la vez, con objetivos comunes.

Una propuesta que considera todos estos elementos se puede resumir en lo siguiente:
1.- Las familias o alguno de sus integrantes al requerir ayuda traen un mundo singular consigo, los profesionales que los atienden también traen el suyo.
Es algo que nos obliga a preguntarnos ¿Cómo intersectan si el que la toca la puerta trae un problema o el que la abrió les muestra un problema que el otro no ve, sin considerar lo que ha escuchado?
Es por eso que la empatía apunta a la importancia de preguntar y hacerlo desde preguntas abiertas que consideren la singularidad de cada cual para acordar con ellos la demanda que traen, reconocer los recursos que hasta entonces han empleado, los que junto a otro conjunto de observaciones específicas son necesarias de aprender y practicar.
2.- Como en estas situaciones existen diferentes niveles necesarios de ensamblar, otras preguntas a tomar en cuenta son, ¿cómo aparece la bisagra entre estos niveles? ¿Cuáles son estas bisagras para que enlacen distintas lógicas que incluyen el sistema familiar, el sistema de salud, el sistema educacional, la comunidad, y demasiadas veces, el sistema judicial?
Es por ello que importa una mirada dialogante entre la familia, la red y los diferentes programas con los recursos profesionales y económicos para llevarlos a cabo.
3.- Demasiadas estrategias fallan a la hora de su implementación porque estas suelen ser lentas y abarcan tiempos que exceden a los períodos de gobierno.
Al haber establecido una comisión transversal en lo referido a la infancia, piedra angular de cualquier política que incluya a los distintos tipos de familia, es la hora de plantear un criterio de eficacia que se pronuncie por las dos recomendaciones anteriores.
Las preguntas esta vez son, ¿Cómo sabemos que vamos en la dirección correcta? ¿Qué algoritmos nos conducen de un modo heurístico a la meta planteada?
Se nos aparece la necesidad de un profesional que sepa situarse en contextos sociales específicos y en las relaciones que allí se dan para efectuar la reflexión correspondiente.
Las personas que trabajan en estos contextos saben de la alta rotación que existe en este tipo de labor y el desgaste y frustración que esto conlleva.
Para que la protección de los vínculos afectivos sean más permanentes se requiere considerar un conjunto de variables que exceden estas líneas y alerta de la ejecución precipitada.

Quisiera invitar a una reflexión final: los que diseñan las estrategias en una meseta cuando no contemplan el diálogo con los que trabajan en terrenos más pantanosos y no recogen ni reconocen su experiencia, como así mismo, no escuchan las voces de las familias, más veces fiscalizadas y poco partícipes de las soluciones, pueden equivocarse y no comprender por qué falla la relación entre buenas estrategias y malas implementaciones.



Dr. Sergio Bernales M.
Instituto Chileno de Terapia Familiar

 

martes, 24 de julio de 2018

Reflexiones a partir de la discusión mediática sobre la Ley de identidad de género:


En los últimos años hemos visto como el tema transgénero se ha instalado en la agenda política y mediática en Chile, hecho que llega a su clímax con el premio Óscar a la mejor película extranjera recibida por “Una mujer fantástica”, y que ha sido un catalizador a la discusión de la Ley de Identidad de Género en los últimos meses. Si bien, nos parece relevante y urgente que esta discusión se esté llevando a cabo en Chile, también creemos que es importante preguntarnos: ¿De qué forma se está abordando este tema en los medios y en el debate político? ¿Y Cuáles son los discursos dominantes sobre la experiencia transgénero y sobre la sexualidad humana en general que se despliegan en estos espacios?

Vivimos en una sociedad heteronormativa, es decir bajo un sistema de creencias que impone la heterosexualidad como la norma y lo universal, y aquello que salga de esta paradigma no es considerado natural (Martínez et al, 2018). Los medios de comunicación reproducen estos discursos con representaciones que establecen que lo normal y natural son las relaciones de pareja entre hombres y mujeres, y que existen formas adecuadas de ser hombre y ser mujer, instalándose una verdad acerca de los roles y prácticas asociados a lo femenino y masculino y las formas en que debe expresarse y vivirse el deseo, la sexualidad y la identidad. La Heterormatividad imperante se constituye como un modelo de discriminación y exclusión para la comunidad LGBTIQ+.

Los resultados de encuestas realizadas en Chile muestran que el 74,5% de la población LGBTI ha sido discriminada al menos una vez en su vida. En el contexto escolar el 70,3% de estudiantes LGBT reporta sentirse inseguro en la escuela debido a su orientación sexual y el 29,7% por su expresión de género. Aproximadamente el 95% escuchó comentarios LGBT_fóbicos, en su mayoría por el personal de la escuela (Martínez et al, 2018). Estamos muy lejos de ser una sociedad inclusiva que valore y respete la diversidad.

Observamos que el tema de la Ley de identidad de género ha sido cooptado por una disputa que define lo conservador y religioso vs lo progresista, tomándose como una bandera de lucha en los medios políticos chilenos. El debate parece estar más centrado en quienes ostentarán el poder al final de esta discusión, que en el tema de fondo respecto a las mejores condiciones para legislar a favor de aquellas personas transgénero que sienten traspasados sus derecho día a día.

Junto a lo anterior, se reproduce con mucha fuerza una mirada binaria de la sexualidad, aquella dónde lo importante es generar una definición de lo femenino y lo masculino, situándose repetidamente el énfasis en los peligros del arrepentimiento en un proceso de transición a un cambio de nombre legal y de sexo. Las formas de propiciar experiencias de tránsito favorables son escasamente elaboradas en las discusiones, así como la posibilidad de no situarse en una categoría preestablecida de hombre o mujer.

Para avanzar en una discusión fructífera tenemos que partir de la premisa que “el ser una persona trans es cuestión de diversidad y no de patología”. La Asociación Profesional Mundial de la Salud Transgénero (WPATH por su sigla en idioma inglés) emitió un comunicado el 2010 señalando que “la expresión de características de género, incluidas las identidades, que no están asociadas de manera estereotipada con el sexo asignado al nacer, es un fenómeno humano común y culturalmente diverso que no debe ser juzgado como inherentemente patológico o negativo”. (Coleman et al. 2012, p.4). El concepto de espectro –entender que la experiencia humana se mueve en una diversidad de identidades y expresiones de género- es lo que la WPAHT llama a que sea reconocido y validado, trascendiendo por lo tanto las estrechas concepciones binarias de identidad y sexualidad (Fuentes & Peña, 2017).

También es necesario distinguir la no conformidad o variabilidad de género –que se refiere al grado en que la identidad, papel o expresión de género no se alinea a las normas socioculturales establecidas-, a la disforia de género. Esta última está asociada al malestar que genera en el sujeto esta discrepancia entre la identidad de género y el sexo asignado en el nacimiento, y algunas personas con variabilidad de género pueden experimentarla en algún momento de sus vidas (Coleman et al., 2012).

En relación a los tratamientos existentes, la experiencia internacional y la evidencia clínica que tienen como objetivo el bienestar de las personas trans y con variabilidad de género, señalan que la asistencia para aliviar la disforia de género ha demostrado ser eficaz, con tasas de satisfacción entre el 87% y el 97%, dónde los casos de arrepentimiento son extremadamente raros (entre menos del 1% y 1,5%). Si bien muchas personas necesitan la terapia hormonal y cirugía para aliviar la disforia de género, no necesariamente esta es la vía que todas las personas requieren, dado que la comunidad trans es diversa en sus identidades, roles y expresión de género (Coleman et al, 2012). Por lo tanto, la discusión debe trascender el lente heteronormativo y binario imperante avanzando en responder cómo se respeta la experiencia humana de cada sujeto, y en qué medida el estado, a través de sus políticas, aboga por facilitar la decisión de las personas a vivir la vida que quieren vivir como un legítimo derecho humano.

Vivián Díaz
Equipo Unidad de Diversidad Sexual e Identidad de Género IChTF

Coleman E., Bockting W., Botzer M., et al. Normas de atención para la salud de personas trans y con variabilidad de género. World Professional Association for Transgender Health (WPATH), 2012. Sacado en http://www.wpath.org/site.page.cfm?pk_association_webpage_menu=1351&pk_association_webpage=4380

Fuentes, M. & Peña, F. (2017). Consideraciones clínicas para un trabajo culturalmente competente con pacientes LGBTIQ V2017-01. Disponible en sitio web de AFIRMA: http://www.afirma.cl/recursos

Martínez, C. Tomicic, A., Gálvez, C., Rodríguez, J., Rosenbaum, C., Aguayo, F. (2018). Psicoterapia Culturalmente Competente para el Trabajo con Pacientes LGBT+. Una guía para Psicoterapeutas y Profesionales de la Salud Mental. Centro de Estudios en Psicoterapia Clínica & Psicoterapia, Universidad Diego Portales (CEPPS-UDP). Santiago, Chile.

miércoles, 4 de julio de 2018

Notas de Familias y Terapias: ¿Que son las Familias Ensambladas?


En esta oportunidad Ps. Sylvia Campos terapeuta de nuestro instituto nos habla sobre las familias ensambladas. Los invitamos a compartir el video.



Además, dejarlos invitados al Conversatorio: Separación y Divorcio en Parejas Binacionales: Una mirada intercultural, que se realizará el día viernes 6 de Julio. Para más información les dejamos el link http://terapiafamiliar.cl/nuevositio/conversatorio-unidad-de-separacion-y-familias-ensambladas-ichtf/