miércoles, 7 de agosto de 2013

Concurso de Fotografía “Ojo con las Familias”. Premiación 27 de Julio 2013.

Buenos días, gracias por venir, …

Organizamos este concurso  en el contexto de la celebración de los 30 años de la existencia del  Instituto. 30 años dedicados a la  psicoterapia y al trabajo psicosocial con las personas y las  familias, a la docencia y  a la divulgación de todo lo que  hemos aprendido y que creemos que  le hace bien  a las personas y a las familias.
Y como a tantos otros, nos gusta la fotografía  y  como decíamos en la convocatoria, nos  interesa conocer  cómo son las familias de hoy en nuestro país, según lo que las personas sienten, quiénes forman parte de su  familia, con  quiénes  comparten su vivir, con quiénes se  relacionan, cómo se quieren, cómo se entretienen…
En el año  1993  organizamos nuestro Primer Concurso que se llamó “Ojo con la Familia”, ahora quisimos mantener el nombre, pero hacerlo más plural, porque creemos que las familias se han vuelto más plurales
 
En “Ojo con  las familias”, quisimos  descubrirlas una vez más.
Y ahora hemos recibido  muchas lindas fotografías, un amplio abanico de cuáles son los registros fotográficos que hacen las personas de su familia.
Momentos felices, sencillos, cotidianos y otros especiales, extraordinarios que se atrapan para conservarlos en la memoria histórica, porque la fotografía tiene la magia de  guardar detrás de las imágenes, la situación entera, con los colores, los  olores, los sentimientos vividos, los relatos posibles y diferentes a veces de quienes estuvieron ahí.
Y al mirar todos estos registros  podríamos hacer algunas observaciones:
 
Lo primero, decir que ,en general,  las fotos que recibimos difieren de las "antiguas". No son tanto "Retratos de Familia" , sino mas bien reflejan los vínculos familiares, relaciones especiales entre sus miembros, momentos únicos, como el gozo de la madre embarazada ,la emoción del  nacimiento de un hijo, la llegada del hermano, padres regaloneando con los hijos. También fotos de matrimonio, de cumpleaños , de niños y también de adultos. Muchas fotografías de paseos, de niños jugando ,de relación con la naturaleza, con los paisajes, con nuestras playas y el azul del mar. Compartiendo almuerzos, "onces" con tecito.
 
Fotografías del grupo familiar nuclear:  padre, madre e  hijos ,  padre con hijos , o madre con hijos. Se señala también algunas como "familia ensamblada". La familia extendida también está presente,  los abuelos y el grupo familiar amplio.
 
Lo  más fotografiados en las familias chilenas son los niños. Ellos están en prácticamente todas las fotografías, jugando, posando para la foto. Padres  orgullosos de sus hijos.
Se advierte la valoración de los  hermanos como grupo fraterno, la  relación padre- hijo/a y madre hijo/a. La pareja sola aparece  poco,  al parecer ¿no se asocia tanto con Familia?

Está presente el tema generacional,"3 generaciones”, el tema de género fotos de "mujeres", fotos de  "hombres". En este pequeño muestrario, podemos rescatar claramente la importancia que las personas otorgan a los vínculos significativos y constitutivos de nuestras identidades, como lo más preciado y valioso del vivir en familia.

Agradecemos a todas las personas que se entusiasmaron y participaron en este concurso y también a los 3 jurados, Daniela Miller, Samuel Shats y Fernando Rosselot, quienes generosamente nos ayudaron  en la difícil tarea de elegir a los ganadores.
 
Los invitamos a conocer las fotografías que concursaron y agradecemos a todos quienes compartieron sus imágenes de familia con nosotros.

 

Verónica Gazmuri.
Coordinadora del Concurso. 

lunes, 8 de julio de 2013

Juntos 30 años después. Cada uno y cada una con su sombrero.



Cuando en 1983,  un grupo de profesionales interesados en estudiar las nuevas tendencias en  psicoterapia, nos reunimos, viniendo desde diferentes lugares, atraídos por la idea de estudiar y revisar nuestro trabajo en conjunto con otros compañeros de ruta, creo que no imaginamos que 30 años después volveríamos a estar con el mismo entusiasmo compartiendo nuestros aprendizajes y experiencias  del   trabajo que  actualmente estamos desarrollando.  Y esta vez junto a tantos otros que han ido  llegando  año tras año integrándose a nuestro grupo, que ya no es solo un grupo, sino una gran Institución que organiza e integra  la formación de terapeutas sistémicos  y el ejercicio de la psicoterapia, manteniendo  la orientación inicial de entender  a la persona en su contexto relacional y enfatizando también su ser social siempre vinculado al  mundo en el que le toca vivir.

A este encuentro en La Leonera, no le faltó requisito:

Elegimos un hermoso lugar en plena  naturaleza, porque sabemos que la naturaleza nos hace bien, nos contacta con nuestras raíces, nos trae a tierra, nos recrea con su grandeza y su hermosura. También un lugar que nos aleje lo suficiente  de las múltiples demandas a las que estamos expuestos cotidianamente, así fuimos capaces de regalarnos  dos días enteros  para dedicarnos a compartir nuestras experiencias con agrado y relajo. En cierto modo, también un auto cuidado para nosotros. Una casa grande donde estar  juntos, la conversación nocturna íntima,  la rica comida, algo de paseo en el campo, en conversaciones diversas para ponernos al día en nuestras vidas , para contarnos los sueños actuales , para mostrar en los celulares a nuestros hijos y ,también ahora ,los nietos. Es decir para re- relacionarnos en lo que nos importa y en lo que nos hace felices. También porque no decirlo, para contar situaciones que nos afligen en la seguridad de sentirnos escuchados y acogidos.

Y en este contexto de tranquilidad, de amistad y confianza, nos avocamos a revisar los aprendizajes de estos años, de   cómo hemos ido evolucionando en nuestra tarea como psicoterapeutas relacionales en concordancia  con los  desarrollos conceptuales ligados a la psicoterapia, y al conocimiento en general, conscientes de  los enormes cambios que permanentemente ocurren en los diferentes ámbitos, en este siglo.

Cada uno, cada una,  con un sombrero, el que trajo ese día, porque cada uno tiene muchos que se pone para  las distintas ocasiones.

En estos dos días hemos recreado  nuestra historia desde los inicios,  lo que llamamos en esta ocasión nuestro patrimonio, ¡Gran patrimonio! y hemos visualizado el recorrido a través de estos 30 años. Pudimos ver un  gran  árbol que ha ido creciendo y echando raíces, con muchas ramas, hojas y frutos diversos.

Participamos de las exposiciones de los diferentes equipos de trabajo y la conversación en torno a ello:

La Terapia familiar con niños y adolescentes, desde donde inicialmente surge la terapia sistémica; el complejo tema  del consumo problemático de drogas; el trabajo cada  vez más necesario con las dificultades y los desafíos de las  familias que se construyen  en el ensamblaje de familias anteriores. Porque las  organizaciones familiares  van cambiando, conforme ha sido siempre a lo largo de la humanidad  y las personas que las integran tienen que ir encontrando nuevas formas de vincularse en familia.

Pudimos ponernos al día en los temas de fertilidad y adopción, de  cómo actualmente hombres y mujeres viven el hecho, acompañado la mayoría de las veces de mucho dolor, de no poder engendrar los hijos que han deseado y como entonces se  abren puertas para ser padre y madre a través de otras modalidades.

Reflexionamos en torno a la terapia de pareja, pudimos acercarnos al trabajo que han ido desarrollando diferentes equipos, enfoques todos válidos en sí mismos, acordes a las motivaciones y miradas de los terapeutas y a las necesidades y requerimientos diferentes de  cada pareja que consulta.

Pudimos apreciar también el trabajo del equipo de  mediación familiar, distinto y cercano a la terapia  familiar, con familias que enfrentan  fuertes  conflictos al establecer una nueva organización familiar posterior al divorcio conyugal.

El equipo de psicosocial nos mostró algo de  nuestro más reciente desafío , el de trabajar con familias vulnerables y de ir creando una manera particular de hacerlo, la ambición de desarrollar un modelo de trabajo que se pueda trasmitir y así multiplicar la acción terapéutica con tantas  familias que lo requieren urgentemente.

Y como seguimos creciendo, terminamos este encuentro con la presentación  de los nuevos proyectos en marcha, siempre en el afán de ir abarcando temáticas relevantes en torno a las necesidades psicoterapéuticas con que nos enfrentamos  y que encuentran en el Instituto espacio para desarrollarse.

Creo que podemos enorgullecérsenos de la calidad de cada una de las presentaciones, del esmero que cada equipo  mostró al presentarnos  su trabajo y entusiasmarnos con ello.

Y después de un intenso día de atenta escucha y de activa reflexión llegó el momento de sacarnos nuestros sombreros de terapeutas y de ponernos otros, otros de diversión y risa, compartiendo una cena  de gala, con humor y simpatía mostrando nuestros sombreros para la ocasión.

¡Gracias a los que se animaron con el teatro, con la música, con la fotografía, con el cine!

Estos dos días, ¡Enormes dos días!, este encuentro organizado con entusiasmo, con esmero y creatividad y con mucho amor ha sido extraordinario y nos renueva la fuerza y el entusiasmo para continuar nuestra aventura.

Porque en la noche, al regresar a casa, compruebo una vez más que la labor de terapeutas que hemos elegido es fascinante y compleja. Porque como terapeutas entremezclamos nuestra vida con la de los otros ,con la clara percepción y la lúcida conciencia para distinguirlas, como terapeutas nos valemos  del interés por las otras personas que buscan nuestro apoyo, de la curiosidad por sus vidas , nos valemos de los conocimientos y la sabiduría acumulada, de la imaginación que nos hace mirar mas allá de lo habitual, queremos a veces ser magos, brujos, adivinos, para ampliar la  visión del mundo y traer a la vida nuevas oportunidades. Porque queremos entender y darle sentido a la vida, cuando el dolor ha creado  barrotes que aprisionan, enceguecen, enloquecen... y queremos ser parte de la liberación del sufrimiento y del poder disfrutar el placer de la vida misma.


¡Felicitaciones a los organizadores y a todos los que participamos en el!


Agradezco el privilegio de pertenecer al Instituto Chileno de Terapia Familiar.



Veronica Gazmuri.
La Leonera , junio 2013.


miércoles, 26 de junio de 2013

INTERVENCIÓN FAMILIAR Y CONSUMO PROBLEMÁTICO DE DROGAS










El fenómeno del consumo de drogas y/o alcohol es un tema que nos atañe a todos como sociedad y tanto el Estado como las sociedades científicas, dedican esfuerzos y recursos para la prevención, tratamiento y control de este tema.

Debido a su complejidad, es necesario tener un acercamiento que contemple las distintas aristas tanto a nivel individual, familiar y social. Inevitablemente, el acercamiento al tema va a estar influido por las preconcepciones respecto a lo “normal” y “anormal”, “consumo problemático” o “no problemático”, y si éste reside en la biología, la personalidad, en la familia, los amigos, el barrio, etc.

Quisieramos compartir algunas ideas que han sido desarrolladas como parte del trabajo clínico de la Unidad de Familia y Consumo Problemático de Drogas del ICHTF (UDRO).

Para empezar, sostenemos que elegir una orientación sistémica-relacional, no descarta los componentes genéticos, biológicos o de personalidad que están presentes en la etiología y mantenimiento del consumo de drogas o alcohol. Sin embargo, nuestro enfoque está centrado en que la adicción se desarrolla en el contexto familiar y con frecuencia puede reflejar o cursar en paralelo a otras dificultades familiares.

Entonces, ¿Cómo es el abordaje que hacemos como terapeutas familiares en las situaciones en que un miembro de la familia presenta consumo problemático de sustancias?

Como se mencionaba, ya que el consumo problemático de alcohol o drogas no es visto como algo que reside en la persona o en su “psique”, sino que en la forma en que ha sido manejado por la propia persona y sus seres significativos, la persistencia del consumo está relacionado con las cosas que hacen o dejan de hacer individuos y familias, en función de la eliminación del consumo. Las conductas desplegadas entre los miembros de la familia —que finalmente se transforman en pautas repetitivas de interacción— y las creencias asociadas a éstas, son el foco primario de nuestro abordaje. Cabe mencionar que mientras las personas se enfrascan en eliminar el consumo, la persona (que consume) termina siendo vista como “el problema” (en este caso, como adicto, mentiroso, manipulador, irresponsable, etc.) lo cual genera una sensación de no ser comprendido y usualmente, el sentimiento de que lo quieren controlar, atacar, o que no es querido o valorado. En esta dinámica suele ocurrir también, que los vínculos al interior de la familia se van deteriorando, con el subsecuente sentimiento de aislamiento por parte del que consume, así como de los otros miembros de la familia.

¿Por qué trabajar con la familia?

Habitualmente, los propios consumidores no son los que solicitan la atención de un especialista, sino que es algún familiar (madre, pareja, incluso los hijos) los que “lo llevan” a tratamiento. Un rasgo característico en las personas que consumen, es que no reconocen la existencia de un problema con el consumo de sustancias (desde cierta perspectiva clínica individual, se dice que no tienen consciencia de enferemedad). Por esta razón, la terapia puede iniciarse, aún cuando la persona que consume no quiera asistir a la sesión, ya que en la medida en que los familiares realicen cambios en la manera de abordar la situación, esto generará algún impacto en la dinámica del sujeto con la sustancia.
Las literatura especializada avala esto, se ha observado que la incorporación de la familia en el tratamiento, importa mayores tasas de permanencia y compromiso con el mismo, así como se ha encontrado, mejores resultados en comparación con las orientaciones individuales.

Otro punto a mencionar, es el hecho que, comúnmente, no sólo la persona que consume presenta una sensación de desesperanza —ya que “han intentado varias maneras y nada da resultados”— sino que también los familiares llegan a tener la sensación de que “no hay más que hacer”. Ante esto, aparece como alternativa de solución internarse en una clínica/hospital psiquiátrico (para desintoxicarse) o alejarse por un tiempo (en una comunidad terapéutica) para poder “sanarse”.

Experimentación y consumo de drogas

Un elemento importante en el análisis de las conductas de uso y uso problemático de drogas, es que la “aparición del consumo” se realiza a menudo en la adolescencia. Esto se relaciona con temas propios de esta etapa: la tendencia exploratoria característica, motivada no sólo por la curiosidad, sino también por el deseo de desafiar a los adultos y sus prohibiciones; una mayor influencia del grupo de pares; el proceso de definición de la identidad, entre otras. Además pueden influir, el aplazamiento de la independencia de los jóvenes de la familia a causa de contingencias sociales (ocupacionales y habitacionales), la mayor escolarización o la “hipercompetencia” de muchos padres, que no renuncian a su rol de omnipotentes protectores de los hijos, incluso cuando estos últimos hace tiempo que han superado la niñez. Esta dilatación del período de la dependencia de los padres, facilita la adherencia del hijo en las vicisitudes paternas, retrasando así, la desvinculación y la autorresponsabilización.

Un tema relevante para nosotros, se relaciona con lo que en la literatura se ha denominado pseudoindividuación. Ésto hace referencia a que la persona que presenta un consumo problemático de drogas, está atrapado en un dilema. Por una parte, sufre grandes presiones para permanecer estrechamente ligado a la familia —debido a los conflictos familiares en los que juega un rol importante y que asume que la familia podría derrumbarse sin su participación— mientras que por otra parte, fuerzas socioculturales y biológicas lo incitan a establecer relaciones íntimas fuera del ámbito familiar.

En un nivel, el adicto ayuda a regular la tensión entre los padres, pero en otro, establece un patrón de ida y vuelta entre sus pares y su hogar. Paradójicamente, mientras mayor es su vinculación con el grupo de pares (externo a su familia) mayor es su indefensión porque se vincula más con las drogas y de esa manera aumenta su adicción o su “enfermedad” que lo liga a la familia.

La individuación, requiere resolver ambos temas en el seno familiar, el de la pertenencia y el de la autonomía. Resolver el tema de la pertenencia, permite resolver sanamente el de la autonomía. Si no se resuelve el tema de la pertenencia en la familia, el proceso de autonomía es conflictivo. El individuo se vuelca al grupo de pares, para resolver los temas de pertenencia que no pudo tramitar en su familia, relacionándose con grupos similares a él (que están en la misma situación de conflicto sobre estos temas), y dentro del grupo no puede manifestar sus necesidades de autonomía (pues amenaza el vínculo y deviene en angustia a la soledad y el abandono o aislamiento).
De esta manera, las necesidades de pertenencia se buscan satisfacer en el grupo de pares, y en la familia sólo se manifiestan las necesidades de autonomía. Se tensionan las relaciones en la familia, pues disocia estas necesidades Esta intensificación de los conflictos al interior de la familia, disminuye las posibilidades de resolver temas de pertenencia en este espacio, y se refuerza el vuelco al grupo de pares como opción para la satisfacción de esta necesidad.

Sobre estas dinámicas y el modo de abordarlas terapéuticamente es que trata la JornadaClínica que desarrollaremos los días Viernes 5 y Sábado 6 de Julio en el Instituto Chileno de Terapia Familiar en Av. Larraín 6925, La Reina. 

Desarrollaremos el modelo con el que hemos venido trabajando en la UDRO y trabajaremos con video y viñetas de sesiones de terapia familiar. Específicamente abordaremos el tema de los impasses o dificultades con las que se enfrenta el terapeuta familiar en el trabajo con este tipo de familias, y el modo de resolución de dichos impasses. Quedan cordialmente invitados a participar de esta Jornada.

Para inscribirse en la Jornada Clínica: "Impasses en la terapia familiar con un miembro que presenta consumo de drogas". pinche aquí


Equipo UDRO, Instituto Chileno de Terapia Familiar

Ps. Eduardo Nicholls, Coordinador

Ps. Mauricio Cuevas

Ps. Carla Giavio

Ps. Christiane Kramer

Ps. Juanita Montes


Ps. Josefina Reyman

miércoles, 17 de abril de 2013

Reflexiones a partir de la discusión de la nueva ley de Cuidado Personal Compartido.




Como terapeutas especializados en el trabajo con familias  en que la pareja se encuentra en alguna etapa del  proceso de separación y familias ensambladas, hemos querido hacer  distinciones aporten a la discusión de algunas de las implicancias que se desprenden del proyecto de ley de Cuidado Personal Compartido, actualmente en tramitación en la comisión mixta del Congreso.
La modificación del artículo 225 de este proyecto propone que: Si los padres viven separados, el cuidado personal de los hijos correspondería en principio a ambos padres en forma compartida. Si no hubiere acuerdo en adoptar el cuidado compartido y surgiere disputa sobre cuál padre tendrá la tuición, el juez decidirá a solicitud de cualquiera de ellos, cuál de los padres tendrá a cargo el cuidado personal de los hijos.
De este modo, se acabará con la preferencia exclusiva de la madre a la tuición de los hijos solo por el hecho de ser mujer y con la patria potestad exclusiva del padre solo por el hecho de ser hombre.  Por tanto, en caso de separación de los padres, se compartirán la patria potestad y el cuidado personal de los hijos.
A nuestro parecer,  dicho proyecto de ley representa un avance al dar un reconocimiento legal al principio de "corresponsabilidad parental ", lo que se traduce en que los derechos y las obligaciones de la crianza puedan y deban ser compartidos tanto por el padre como por la madre, independientemente de con cuál de ellos vivan. La responsabilidad parental de este modo, dejaría de pasar por el hecho de vivir o no bajo el mismo techo con los hijos e hijas.
 
¿Cuáles son las responsabilidades  o funciones parentales que deben ser compartidas? Todas: las funciones nutritivas (afecto, protección y socialización), las normativas (límites) y las materiales (aportar a la mantención de los hijos)
 
Al desasociar la convivencia con los hijos/as del cumplimiento de estas funciones, ambos padres deben organizarse de modo tal que independientemente de cuánto tiempo estén con los hijos, aporten a su bienestar.
El, Cuidado Personal Compartido como bien dice su nombre, pone el énfasis en COMPARTIR el cuidado de los hijos. Pero, lo que a menudo ocurre es que los padres confunden en la práctica dos verbos que son esencialmente diferentes: COMPARTIR con REPARTIR.

Cuando esto ocurre, es fácil además que padres y madres tengan la expectativa de  que esta “repartición” sea  en PARTES IGUALES. La igualdad es en esta lógica la única manera de que el arreglo  sea percibido como justo y la igualdad matemática (horas, minutos, días), la aspiración de cada uno de los padres.
 
La idea de compartir las responsabilidades parentales se confunde entonces, con repartirse a los hijos/as en tiempos iguales, resultando difícil pensar que  la corresponsabilidad parental pueda ejercerse si los hijos no viven tiempos exactamente iguales con cada uno de los padres.
Si se privilegia sólo la distribución de tiempos cronológicos sin considerar otros factores como las características individuales de los hijos o la  posibilidad de que el padre o la madre puedan acompañar a sus hijos en estos tiempos, es posible perder de vista las necesidades de los hijos, que podrían tener que adaptarse a  un sistema que satisface más las necesidades de los padres que las de sus hijos.
 
La organización del sistema de cuidado personal debe ser un contexto facilitador del desarrollo de los niños y niñas  y que les de la estabilidad que transitoriamente pierden con la separación de sus padres.  Esto es prioritario y los padres deberían encontrar un sistema que permita que esto así sea. Si la igualdad en los tiempos permite la satisfacción de las necesidades de los hijos es un muy buen sistema, que respeta el derecho de los niños a ser cuidados por ambos padres, que lleva a la práctica la corresponsabilidad parental y que independiza el ejercicio de la parentalidad del género.
 
Creemos que la dificultad no está en el concepto de  Custodia Compartida o en el Principio de corresponsabilidad Parental que está a la base, sino que en cómo se lleva a la práctica y en dilucidar si está decisión pone en primer lugar el bienestar para los hijos. La custodia compartida debería ser en la práctica no  como la expresión de la ley Salomónica  “nos  repartimos al niño”, sino “compartimos la responsabilidad por el cuidado y bienestar de nuestros hijos".
El cambio en la ley, hasta hoy vigente,  que otorga la custodia a la madre en caso de desacuerdo de los padres, logra disminuir el riesgo de desvinculación parental que vemos a diario en nuestra práctica clínica en los procesos de separación conyugal,  y de inhabilitación y devaluación del otro progenitor como recurso legal para obtener la responsabilidad del cuidado de un hijo, atentando gravemente el derecho de un menor de amar y valorar a sus dos padres.
Consideramos  fundamental que se cumpla un supuesto básico entre los padres para hacer efectivo el Cuidado Personal Compartido que es el acuerdo sobre la importancia cotidiana de la presencia de ambos padres en la vida de los hijos a través de la co-parentalidad o coordinación parental, lo que requiere de una comunicación fluida entre ambos padres, pese a las diferencias o conflictos no resueltos en la pareja post- conyugal, con el fin de poner por delante las necesidades de los hijos.  Compartir el cuidado de los hijos requiere del acuerdo  y coordinación entre los padres para ello. Si esto no existe, en el mismo acto del desacuerdo, delegarán en el estado, a través de los tribunales de familia, la responsabilidad de decidir con cuál de ellos vivirán los hijos, o cómo compartirán los tiempos con los hijos teniendo la posibilidad los jueces de decidir no por el género de los padres, sino en función de las posibilidades de cumplir con las funciones parentales adecuadamente.
 
A partir de hoy nuestro desafío como terapeutas familiares para que este modelo prospere, será acompañar a los padres en la implementación de esta modalidad, ampliando la mirada y reflexión sobre los principios y creencias que están a la base de la custodia compartida,  junto con ir diseñando con ellos el mejor modelo de cuidado de acuerdo a sus características familiares, con el fin de asegurar el bienestar de los hijos.
 
Equipo de Terapeutas Unidad de Terapia Familiar en procesos de separación conyugal y familias ensambladas.
Instituto Chileno de Terapia Familiar

domingo, 7 de abril de 2013

CONCURSO NACIONAL DE FOTOGRAFÍA: OJO CON LAS FAMILIAS

Como parte de la celebración de los 30 años de nuestro Instituto, hemos querido detenernos y mirar a las familias, a todas ellas. Imaginamos ver a través de los lentes de sus cámaras, cómo emergen estos mundos afectivos, tomando las más diversas formas y colores. Queremos invitarlos a fijar en un momento, una fotografía, la expresión de lo familiar, esa infinita red de relaciones y vínculos.

El Concurso Nacional de Fotografía Ojo con las Familias, estará esperando sus contribuciones desde el 1 de abril hasta el 31 de mayo y premiará a las fotos más destacadas. Más información en www.ojoconlasfamilias.blogspot.com

Esperamos sus fotografías!
concursoojoconlasfamilias@gmail.com 



jueves, 15 de noviembre de 2012

CARLA VIDAL POLLAROLO 1962 - 2012



Hace 22 años Carla inició su formación como terapeuta familiar y de pareja en el Instituto Chileno de Terapia Familiar. En 1990 nuestra institución tenía 7 años de existencia. El próximo  cumpliremos 30 años desde su fundación. O sea, casi tres cuartos de la vida institucional fueron con Carla paseándose con su sonrisa llena de ternura, pícara, como dicen en algunos de los mails que durante el día de ayer nos llegaron, y con su risa que alborotaba los espacios.  Inicialmente  como alumna, luego como miembro, más tarde, en 1999, como Miembro del Directorio y Directora del Departamento Clínico. Finalmente, en 2007 como presidenta. Ella fue la primera presidenta de nuestro instituto que no era fundadora. En ella, los fundadores y la institución depositaron la confianza de que sería  capaz de conducir el cambio para que las nuevas generaciones nos hiciéramos cargo de la historia y del futuro de esta querida  institución.
Nunca hubo duda. Ella era la persona. Sin embargo, la vida dijo que apenas asumiera el honor y la responsabilidad  de la presidencia, se enfermara.  Entonces, vinieron tiempos inesperados, tiempos para los cuáles no estábamos preparados. En medio de la consternación y del dolor, tuvimos que repensarnos y encontrar una manera de continuar , ahora de un modo diferente al que con ella habíamos imaginado.
Hemos caminado estos 5 años y hemos continuado por la senda fundacional y seguido creciendo. Pero no ha sido fácil. Debimos  acostumbrarnos a que desde lejos, pero de cerca, nos diera consejos, nos hiciera sugerencias, apoyara cada uno de los momentos transcendentales de nuestra vida institucional. Hasta que sintió que necesitaba hacer algo diferente con su vida para transitar por ella con sentido. Seguimos entonces caminando y los proyectos que dejó en ciernes, fueron consolidándose, mientras Carla vivía su nueva vida y con ella, nos interpelaba. El proyecto Psicosocial del Instituto aun hoy  plasma el espíritu del que ella fue gran gestora. Y así seguirá siendo. Porque su presencia fue la encarnación de los valores humanistas, los mismos que dieron hace casi tres décadas origen a nuestra institución…..nada por sobre el ser humano y ningún ser humano por sobre otro. Desde ahí, el profundo respeto por la democracia, porque todos tuvieran un lugar, porque todos los aportes fueran valorados, por el respeto a los derechos humanos, por  el compromiso y entrega por sobre cualquier cálculo personal. Ese es su legado, el de los primeros, el de ella y confiamos en que también será el de los que seguimos.
En este tiempo, especialmente en este último, después del último café que tomamos juntas en el barrio Las Lilas he pensado mucho en qué la hacía diferente. Porque creo que en nuestro Instituto hay muchas personas que compartimos su espíritu, sus valores e incluso algo de su manera de entender la psicología, la terapia, a las familias, las parejas, pero ¿qué la hacía diferente y que hace que la huella que deja sea imborrable?.
Hace algunos días atrás hice esta pregunta al equipo con que trabajo en el instituto, Y me dijeron. “ella nos hacía sentir que le importábamos..nos hacía sentir valiosas. No importa si éramos o no amigas o si habíamos trabajado juntas o no. Se detenía y cada encuentro con ella era un verdadero encuentro”.

Esto, no lo logra cualquiera, porque no tiene que ver con la inteligencia, ni con las convicciones. Esto era parte de su naturaleza. Carla era así.
Pero, también era rigurosa. Sí, muy rigurosa. Disciplinada y rigurosa. Uno de estos días en la clínica,  me pidió que le leyera un mail que habíamos mandado a los miembros del Instituto para contarles de su salud. Mientras se lo leía, abrió los ojos y me preguntó..¿no hiciste distinción de género en el encabezado?  Carla era así.
Su aguda sensibilidad, sus valores a toda prueba y su rigurosidad la hicieron una profesional de lujo. Y así lo van reconociendo quienes nos han hecho llegar sus condolencias. Pero además, una mujer y una persona excepcionales.
Carla representa la esencia de lo que queremos transmitir  a nuestros alumnos, el modo en que queremos relacionarnos y la forma en que pensamos las tareas institucionales. Cuando fui elegida presidenta me escribió, como en cada momento importante durante estos 5 años y me dijo: “Amas al Instituto y eso se nota en cada cosa que haces, y todo tu gobierno será hecho desde ahí, desde ese amor. Eso es clarísimo.”.  Así era ella, así pensaba el hacer, no como una simple tarea a cumplir, sino como un acto amoroso. Y era amorosa, en el profundo sentido de la palabra.
Estamos orgullosos de que Carla sea una de las hijas predilectas de muestra institución y así la tendremos por siempre en nuestro corazón.
Quiero terminar compartiendo una frase que escribió hace algún tiempo:
“Pero bueno, mañana comienzo un nuevo septenio (los antroposóficos dividen la vida en septenios, así que los 49 son más importantes que los 50) Veremos cómo sigo caminando por estos caminos sinuosos, llenos de sorpresas maravillosas y de adversidades difíciles de sobrepasar. Así es la vida... la del enfermo, la del que  le toca dirigir una institución, la de todos al final de cuentas, especialmente de quienes decidimos vivirla plenamente y no hacer unas poquitas cosas para salvar el día.”
Nos veremos querida Carla.
El Instituto Chileno de Terapia Familiar siempre será tu casa. 
Claudia Cáceres P.
Presidenta
Instituto Chileno de Terapia Familiar

miércoles, 22 de agosto de 2012

Familias ensambladas: ¿Qué debemos considerar en el trabajo terapéutico con familias, parejas o algún miembro de estas familias?





A propósito de nuestra nueva Jornada Clínica: ¿Mundos opuestos?. La pareja ensamblada exitosa como experiencia de integración cultural, emocional y familiar. Dictada por Claudia Cáceres P. los días Viernes 31 de Agosto de 16:00 a 20:00 hrs. y Sábado 1 de Septiembre de 9:00 a 13:00 hrs. en la Sede Larraín de nuestro Instituto, hemos invitado a Claudia Manhey, miembro de la Unidad de Familias en proceso de Separación y Ensambladas, a reflexionar en torno a la intervención con estas familias.



Por Ps. Claudia Manhey S.

Todos aquellos que hemos trabajado con familias, parejas o individuos que viven un proceso de ensamblaje, nos hemos topado con la complejidad de estos procesos y la necesidad de poseer un conocimiento específico que nos permita comprenderlos e intervenir terapéuticamente.

En mi experiencia profesional, con el tiempo, me he ido topando con una serie de preguntas referentes al trabajo terapéutico con estas familias. Intentaré compartir, en este espacio, algunas de las reflexiones que me han surgido al intentar responderlas.

¿Qué es lo específico a las familias ensambladas que debemos saber?

El primer aspecto fundamental a saber es qué es el ensamblaje. El ensamblaje es el proceso a través del cual una pareja, en la que por lo menos uno de sus miembros tiene hijos de una relación anterior, inicia una relación compartiendo el anhelo de construir una familia en la que participen estos hijos. Cuando se arma una pareja en que uno o ambos no incluyen esa parte de la vida del compañero, no podemos hablar de ensamblaje. Esta definición nos permite delimitar con mayor claridad si la demanda de los consultantes, sean una familia, pareja o individuo, está vinculada con los desafíos de este proceso o más bien con las dificultades asociadas a intentar construir una pareja o pertenecer a una familia, en la que no se incluye a todos aquellos que forman parte del contexto relacional en el que están inmersos.

Lograda esa distinción, como terapeutas, tenemos que informarnos acerca de las características propias a los procesos de ensamblaje. Algunos de ellas son: en qué se diferencian las dinámicas relacionales de una familia ensamblada con las de una familia nuclear, cómo se desarrollan los procesos de ensamblaje en el tiempo, qué es esperable en las distintas etapas, cómo cada miembro de estas familias se siente ante los desafíos que debe enfrentar, cómo se expresa el ensamblaje en la relación de la pareja, cuáles son los riesgos de no incluir el ensamblaje como una realidad distinta a la conocida y cuáles son las señales de que el proceso no está avanzando. Han sido numerosos los autores que aportado en estas y otras distinciones más .

Quisiera destacar algunos aspectos propios a estas familias relevantes a considerar en el trabajo terapéutico.

Cada miembro de la familia se encuentra viviendo un proceso de duelo por múltiples pérdidas. Alguna de ellas son: la pérdida de una relación anterior (por separación o muerte), la de una cierta estructura familiar, de la vida tal como la conocían hasta el momento, de proyectos comunes y personales, de ciertos anhelos y deseos, etc… En el proceso de adaptación a la nueva realidad familiar, también se enfrentan a pérdidas asociadas a la experiencia de pertenecer a una familia que no es una familia nuclear, con la que muchas veces se anhela y que además constituye el modelo más fuertemente promovido por nuestra sociedad. Como terapeutas es importante que nos detengamos en identificar cómo avanza el proceso de duelo en los distintos miembros de la familia y en el caso que esté detenido, detectar qué puede estar limitando su desarrollo.

Si bien los miembros del grupo familiar comparten el estar transitando por un proceso de ensamblaje, ellos se diferencian en el modo de vivirlo. Cada integrante tiene un ritmo distinto para adaptarse a los cambios asociados a este proceso, por lo que es esperable que puedan simultáneamente encontrarse en distintas etapas. Algunos aún podrían estar viviendo la pena por la pérdida de la vida familiar anterior a la separación, al mismo tiempo que otros ya se sienten preparados para asumir la nueva realidad familiar. Además, el lugar particular que cada miembro de la familia ocupa en las dinámicas que construyen entre ellos, genera también un sentir particular (en algunos puede primar el sentimiento de exclusión, en otro la pena, la rabia o pueden ser sentimientos de culpa los que predominan). Como terapeutas tenemos que estar atentos y dar espacio a esas diferencias al igual que promover que sean validadas y respetadas por todos los miembros de la familia. No hay que perder de vista que esta actitud terapéutica se ve enfrentada y desafiada, por lo general, por las presiones familiares por homogenizar las vivencias individuales.

No se puede disociar la existencia de la pareja de la de la familia. Cuando una pareja se constituye con la existencia de hijos de uno de sus miembros, su desarrollo está inmerso en un contexto relacional que incluye a estos hijos y por lo tanto la parentalidad de uno de sus miembros. Desde un comienzo es una relación en la que coexiste una relación de pareja con una relación parento filial (entre padres e hijos) y parental (entre uno de sus miembros con el otro padre). En tanto terapeutas, debemos promover la inclusión de ese aspecto de la realidad al igual que trabajar en los retos que conlleva, tales como: proteger los espacios relacionales entre sus miembros, mantener una relación parental y paterno filial que responda a las necesidades de los hijos con respecto a sus padres, construir relaciones nuevas resguardando el buen funcionamiento de las otras que le anteceden y construir una identidad familiar nueva y positiva.

Los procesos de ensamblajes no sólo se desarrollan entre quienes comienzan a convivir sino que también repercuten en la vida de aquellos que componen el entorno cercano, como lo son el otro padre, las familias de origen y amistades, entre otros. Los cercanos también se ven enfrentados a acomodarse a los cambios y a adaptarse a la nueva realidad. Una manifestación de este impacto se observa cuando, a pesar de que el ensamblaje se desarrolle muchos años después de una separación conyugal, ante los cambios propios a este proceso (como por ejemplo que los hijos comiencen a convivir con otro adulto significativo o los amigos y familiares integren a este nuevo miembro en su círculo íntimo), el otro padre puede volver a enfrentarse a sentimientos propios a la experiencia de duelo vivido anteriormente. En ocasiones el conflicto post conyugal no resuelto vuelve a expresarse, complejizando aún más las dinámicas familiares. Entender cómo el proceso de ensamblaje está desarrollándose en los distintos niveles relacionales, nos permite contextualizar las complejidades que pueden estar enfrentando los miembros de la familia y sus cercanos.
Mientras más tomemos en cuenta la particularidad de este tipo de sistema familiar más nos acercamos a comprender la complejidad del proceso que viven sus miembros.

¿Cómo debemos enfrentar el trabajo terapéutico con estas familias?

Citando a Dora Davison (2007), como terapeutas de miembros de una familia ensamblada, es necesario “interrogarnos acerca de nuestras certezas, tolerar la incertidumbre, soportar la inquietud de lo nuevo y animarnos a la búsqueda de nuevas significaciones en el diálogo con los pacientes”.
Para poner en cuestión nuestras certezas debemos primero que nada detenernos en identificar cuál es nuestra mirada. En esta tarea es necesario reconocer cuál es el modelo de pareja que poseemos y cuál es el modelo de familia que hemos construido desde nuestra experiencia personal y profesional. En nuestro ejercicio profesional debemos entender cómo las perspectivas y experiencias personales afectan el modo en que comprendemos y nos acercamos a nuestros pacientes. Me ha tocado observar como en el caso del ensamblaje, este ejercicio puede ser difícil de llevar a cabo. En ocasiones los terapeutas han vivido procesos de ensamblaje en sus propias familias de origen, pero esa experiencia ha quedado invisibilizada. Algunos profesionales se llegan a sorprender, al ser interrogados al respecto y recién ahí tomar conciencia que pertenecen a una familia ensamblada. Por lo mismo, las creencias al respecto pueden no ser tan claras o concientes. En el caso en que no se ha pertenecido a una familia ensamblada, la experiencia personal de ser parte de una familia nuclear igualmente está presente en el modo en que observamos las relaciones familiares y las expectativas que tenemos al respecto. Poder identificar cómo hemos vivenciado y elaborado nuestra experiencia familiar, nos permite reconocer cómo enfrentamos el trabajo con estas familias, qué nos sucede con las dinámicas entre sus miembros y qué esperamos del desarrollo de este proceso. A través de ese ejercicio, podemos ver cuáles son los mitos que mantenemos respecto al lugar que debiera ocupar cada miembro de una familia ensamblada, así como cuál es nuestro sistema de creencias construidos transgeneracionalmente. Esto nos permite estar atentos a todo aquello que puede limitar nuestro ejercicio profesional.

Los procesos de ensamblaje nos enfrentan a la incertidumbre, ya que su desarrollo es particular a cada familia y por lo mismo, podemos ignorar cual será éste. Al igual que muchos procesos que no están normados, estos son procesos en que por momentos no está claro cómo irán avanzando, ni cuál será el lugar de cada uno de los participantes en las dinámicas familiares, así como cuál será la naturaleza de algunos vínculos, que aún se están construyendo. Esa incertidumbre nos interpela, nos exige tolerar y convivir con la ambigüedad, hasta que pueda ir aclarándose y definiéndose la nueva organización familiar.

Como terapeutas, al enfrentar un proceso de ensamblaje familiar, nos vemos exigidos a entrenarnos en un tipo de pensamiento complejo que nos permita cuestionar, tanto nuestros propios modelos, como los modelos que traen los miembros de la familia. Por lo general, los miembros de estas familias significan la experiencia de ensamblaje a partir de los costos vividos y conciben a la nueva organización familiar como una organización deficitaria, ya que nace de la pérdida de la familia nuclear que habían anhelado. El complejizar nuestra mirada nos permite integrar realidades y relatos alternativos que puedan favorecer ir construyendo una identidad familiar más positiva y valorada por sus miembros.

¿Cuáles son las situaciones que pueden causar un impasse terapéutico?
Sólo mencionaré algunas de estas posibles situaciones con el fin de ilustrar los riesgos de impasse. Una de ellas es replicar la lógica de la familia nuclear, en el que sólo hay dos adultos a cargo del ejercicio de la parentalidad. Eso se puede ver reflejado en la tendencia a sacar a uno de los adultos de este ejercicio (padres o padrastros/madrastras), al momento de comprender e intervenir en las dinámicas familiares. Otro modo en que esta lógica se presenta en nuestro trabajo, se observa en intervenciones que se orientan a que el padrastro o la madrastra asuman el rol de uno de los padres, desechando la posibilidad que ambos padres puedan ejercer su parentalidad. Existe el riesgo de no considerar la importancia de ir definiendo con claridad cuál será la participación de las nuevas parejas de los padres en temas propios a sus hijastros, y tomar en cuenta que esa definición es parte de un proceso importante en la medida que se instala una convivencia.

Otra situación de riesgo es no lograr visualizar que las dificultades vividas por los distintos miembros de la familia se deben al lugar que ocupan y al proceso de adaptación y adopción emocional que conlleva establecer nuevos vínculos. En ocasiones se tiende a individualizar las dificultades y atribuirlas a características personales de quienes las resienten, sin incluir la relevancia del contexto relacional en que se desarrollan. Una expresión de esta situación es caer en el estereotipo de “la madrastra malvada” cuando la nueva pareja no logra vincularse con sus hijastros de manera positiva y le cuesta aceptar que el padre mantenga un vínculo cercano con ellos. Si como terapeutas nos quedamos con esa mirada, perdemos de vista cómo el actuar de una madrastra puede estar respondiendo a las dificultades que ella experimenta por el nuevo lugar que le toca ocupar, en el que tiene que tolerar la exclusión, que enfrentar el duelo por construir una relación de pareja siendo más que sólo dos, a las presiones del entorno por asumir un rol definido ante la familia que se construye y a su deseo de apurar el ensamblaje.

El asociar que todo se debe al ensamblaje puede ocasionar un impasse. Podemos caer en una generalización al atribuir todas las dificultades vividas por los miembros de una familia a la complejidad del proceso de ensamblaje. De ese modo, podemos perder de vista la existencia de otros procesos que están interviniendo, como los propios al ciclo vital familiar o individual, o que responden a situaciones vitales particulares (pérdidas o cambios importantes) o la existencia de procesos individuales o familiares anteriores que pueden estar interfiriendo en la vida familiar.

Otra situación de riesgo es cuando los terapeutas no consideramos de manera realista cuales son los tiempos necesarios en este proceso. Es necesario tomar en cuenta que no basta con vivir juntos para ser una familia ensamblada, es un proceso que lleva tiempo, en el que se enfrentan distintas crisis a medida que sus miembros se van acomodando a la nueva realidad y asumen los desafíos de ésta. Además ante los cambios propios al devenir familiar (cambios por ciclo vital, de estilo de vida, otros), el proceso de ensamblaje deberá ir acomodándose.

Definir como objetivo del proceso terapéutico el que vivan todos juntos bajo el mismo techo puede hacer perder de vista cual es la organización familiar más acorde a la necesidad de todos sus miembros. Tanto desde los propios modelos de pareja y familia como los que mantienen los consultantes, los terapeutas podemos tender a promover la convivencia en tanto logro de este proceso. El ensamblaje implica el logro del establecimiento de una identidad familiar en que la pareja haya sido capaz de alcanzar un compromiso de ser familia con el otro, aunque que vivan o no juntos. Desde la experiencia terapéutica, nos enfrentamos a que no siempre la convivencia es la única opción, sino que pueden haber diversos modos de configuración de una pareja y familia ensamblada. En ese sentido, también debemos considerar que en ocasiones una mejor decisión, más acorde a las necesidades, posibilidades y ritmos de todos, puede ser cuestionarse el ensamblaje o postergar la convivencia de la pareja hasta que los hijos sean más grandes.

Ante esta realidad cada vez más frecuente, como terapeutas debemos asumir la responsabilidad de adquirir el conocimiento necesario para entender estas organizaciones familiares, que al igual que otras conforman configuraciones distintas al modelo de la familia nuclear, del que tenemos mayor formación profesional. Tenemos que ser igualmente responsables en desarrollar una mirada más integrativa de la diversidad, que nos permita abrirnos a nuevos modelos de intervención y comprensión que faciliten estos procesos.