miércoles, 10 de diciembre de 2014
REFLEXIONES DE UNA EXPERIENCIA:
CURSO DE ESPECIALIZACIÓN EN
SUPERVISION SISTEMICA
A propósito de la próxima versión del Curso de Especialización en Supervisión Sistémica
que se dictará en 2015, les dejamos una reflexión realizada por la
Dra Ana María Montes, Psiquiatra miembro de nuestro Instituto, quien realizó su
formación como supervisora clínica en la primera versión de este curso.
Para los interesados, http://www.terapiafamiliar.cl/web/index.php?cod_info=130
Dra. ANA MARIA MONTES LARRAIN
El siguiente comentario corresponde
a una reflexión en torno a una experiencia personal vivida en el proceso del Curso
de Supervisión Sistémica, en su primera versión.
El aprendizaje más importante logrado
en este curso se basa, a mi juicio, en la integración de los aspectos teóricos
de la supervisión y los aspectos prácticos desarrollados en el taller de
meta-supervisión y en el resto de las actividades prácticas. Uno de los temas
más relevantes fue lograr captar la importancia del trabajo sobre la persona
del terapeuta en un proceso de supervisión, el desarrollo de las habilidades del
terapeuta y sus recursos adicionales, los que a su vez se complementan con su
integración personal y un reconocimiento más amplio de si mismo.
Desde mi experiencia, luego del
curso, la supervisión deja de ser un entrenamiento para la adquisición de
habilidades solamente, y se convierte en un espacio que facilita el encuentro y
que permite que el terapeuta se haga cargo de su subjetividad en su rol.
El taller de meta-supervisión o de
supervisión sobre la relación de supervisión que se realizó, dio lugar a un
espacio de comprensión de los procesos tanto de psicoterapia, como de
supervisión y las dificultades que pueden darse en la relación de supervisión.
El taller se realizó en jornadas de
4 horas, 2 veces al mes y fue dirigido por una pareja de supervisores. El grupo
de supervisores en formación del diplomado estuvo constituido por 5
profesionales, psicólogos y psiquiatras, formados en terapia familiar sistémica
y con algún nivel de experiencia en supervisión.
El taller se desarrolló desde su
inicio en base al trabajo de la persona del terapeuta. Presentaciones personales y trabajo de la
familia de origen de cada uno de los supervisores en formación del diplomado
fueron el punto de partida de este proceso. La pareja de supervisores guían la
entrevista de manera de intentar profundizar en los temas más relevantes de la
persona y su historia y que pueden manifestarse o tener relación con la labor
profesional. Se intenta que el supervisor en formación logre conectar alguna
dificultad que ha experimentado a lo largo de su vida profesional con aspectos
de su historia de vida personal. Posiciones que ocupó en su familia de origen,
conflictos no resueltos, duelos, etc. forman parte de la historia de vida
personal y se pueden manifestar como dificultades en la relación del terapeuta
o supervisor con su paciente o con su supervisado. El trabajo sobre la familia
de origen pasa a ser entonces una base para el proceso y el desarrollo del
curso.
La experiencia de evidenciar las
debilidades y dificultades supuestamente superadas con el correr de la
experiencia profesional, no fue una tarea fácil. Obliga a un proceso de
re-revisión de aspectos personales y de re-experimentar vivencias provocadoras
de ansiedad. Esta experiencia puede llevar a un impasse que estanca el proceso
de aprendizaje. Conductas defensivas como el evitar exposiciones, negar
conflictos o evadir ciertas situaciones pueden aparecer en esta etapa. Para no
estancarse en este impasse y permitirse continuar en el proceso, se hace
necesaria la presencia de un buen vínculo. Recurrir a la confianza en los
supervisores que guían este taller, en la confianza en el grupo, como también
en los aspectos personales que me conectan con
la necesidad de buscar metas y desafíos profesionales no explorados aún,
lo que a su vez me lleva a reflexionar sobre lo infinito del proceso de
aprendizaje y del crecimiento profesional. La visión y mentalización de esta
experiencia del taller como un espacio necesariamente enriquecedor, donde se
crea la posibilidad de recibir y dar otras miradas sobre un proceso que toca
aspectos personales, que se da en un clima de contención, donde cada uno de los
miembros del grupo está comprometido con la intención de aprender con y desde
el exponer los temores y dificultades, y donde la experiencia del “no saber” es
posible, son elementos fundamentales para salir del impasse que provoca la
ansiedad frente a esta exposición.
El trabajo a través de juego de
roles, la revisión de videos de supervisión y el trabajo de esculturas de los
diferentes casos supervisados fueron, a mi juicio, muy alentadores en la
creación de las confianzas necesarias, al mismo tiempo que ilustradores en los
temas de supervisión analizados. Estos ejercicios crean un clima que aminora la
racionalización y da espacio a una mayor conexión emocional con los procesos
revisados. El incluir por ejemplo en una escultura a la familia consultante, al
terapeuta y eventualmente al supervisor en este tipo de actividad, da una
visión global del tema a supervisar. Los posibles entrampes tanto de la familia
o pareja en su funcionamiento relacional, entrampes del terapeuta y la relación
que establece con sus pacientes, entrampes del supervisor en la relación que
establece con el terapeuta y entrampes entre los miembros del grupo, son un
tema de reflexión en un trabajo de meta-supervisión que no deja afuera a
ninguno de los participantes, sus subjetividades y sus relaciones.
Gracias a la experiencia del curso
pude reflexionar sobre mi propio proceso de desarrollo como supervisora en mi trabajo
habitual con un equipo de terapia familiar. Se trata de un grupo institucional
donde la mayoría de sus participantes son profesionales con experiencia,
psicólogos y psiquiatras con algún nivel de formación o ya formados en terapia
familiar sistémica. Durante los años anteriores al diplomado, venía utilizando
un modo de supervisión directa a través
del espejo uni-direccional. En este modelo de supervisora realizaba sugerencias
a través del citófono durante la sesión sobre qué preguntar para profundizar
sobre un foco terapéutico elegido, o cómo intervenir sobre una pauta
determinada. La supervisión estaba centrada básicamente en el contenido de la
sesión, en la problemática de los pacientes y sus relaciones y en las
estrategias a utilizar; es decir el proceso terapéutico era el principal foco
elegido. Sólo en algunas ocasiones utilizaba como foco las dificultades de la
relación terapéutica o algunos aspectos básicos de la persona del terapeuta.
Cabe agregar que esto ocurría en situaciones en que una emoción importante se
hacía evidente en el terapeuta y
provocaba, a mí entender, un impasse en la sesión.
Durante el desarrollo del diplomado
de supervisión, sin embargo, los focos de supervisión elegidos por mí en mi trabajo
habitual se fueron ampliando y fui incluyendo
dentro de éstos, a la persona del terapeuta y su familia de origen en forma más
consistente. Preguntas como: ¿qué sientes en esta situación o qué te pasa con
este paciente? y ¿con qué aspectos de tu historia te resuena?, se fueron
haciendo más habituales. Ciertos entrampes se podían aclarar desde la relación
terapéutica y desde ciertos aspectos de la persona del terapeuta. Se abrían
salidas y opciones diferentes, desde una comprensión más amplia, tanto en lo
relacional como en lo personal.
Este modelo de supervisión ha ido
progresivamente dando entrada además a una exploración de las dificultades que
aparecían en la relación de supervisión lo que le ha otorgado al equipo de
trabajo una mayor libertad y fluidez en sus actividades-.
En síntesis, mi aprendizaje se basó
principalmente en que la supervisión sistémica se orienta hacia una mirada
sobre el aspecto relacional circular del trabajo terapéutico. A la exploración
sobre lo que pasa entre el terapeuta y
su paciente. Se propone salir de la mirada habitual de supervisar solo el caso
clínico y ampliarla hacia lo relacional,
incluyendo al terapeuta y su contexto en esta mirada. Desde ahí entonces se
hace necesario entrar en los aspectos personales del terapeuta y el trabajo
sobre la persona del terapeuta. Lo que le pasa al terapeuta en una terapia
determinada, tiene que ver con aspectos que trae el paciente a la relación,
pero también con aspectos que trae el terapeuta a esta relación. Su historia,
sus fortalezas, sus dificultades están puestas en la relación terapéutica. El
mayor conocimiento sobre estos aspectos podría enriquecer y otorgar más riqueza
y flexibilidad a la labor del terapeuta.
En este mismo sentido y desde mi
labor como supervisora sistémica, pienso que asi como el terapeuta trae su
persona e historia al proceso de terapia y de supervisión, el supervisor trae
también su persona e historia a este
proceso. Son entonces varios procesos que se
interrelacionan formando un sistema más complejo donde los isomorfismos pueden
formar parte de él.
viernes, 5 de diciembre de 2014
Palabras de una nueva terapeuta familiar IChTF al recibir su título.
Que mejor que la voz de quienes se formaron con nosotros
para contar su experiencia:
Cuando se me pidió dirigirme a ustedes el día de hoy de
inmediato pensé que nuestra historia en el instituto bien podría ser una larga
novela constituida por los más diversos capítulos, ha sido un proceso largo,
intenso y arduo pero que sin duda nos deja un registro de experiencias que
serán parte del tesoro de nuestras vivencias como terapeutas.
Cada uno de nosotros llegó con su propia historia, sus
sueños y motivaciones personales, éramos un grupo de 20 desconocidos que
apostaba por este lugar para formarse como terapeutas familiares. El tiempo
pasó y fuimos tejiendo lazos, esas 20 personas desconocidas compartimos
nuestras historias y sueños y comenzamos a construir un proyecto en común,
creamos en conjunto un espacio de cariño y cuidado donde sagradamente semana a
semana nos dispusimos a abrir nuestras, mentes, cuerpos y sentidos para
nutrirnos de nuevos aprendizajes… Y nos fuimos dando cuenta que teníamos mucho
en común y al mismo tiempo que la riqueza de este grupo humano radicaba en su
diversidad. Cada uno aportó con algún ingrediente de rareza y excentricidad que
dotó de sabor y color este proceso.
Llegamos aferrados a lo que más sabíamos, con nuestros
egos terapeutas a cuestas. Con miedo a ser evaluados, con miedo al “espejo” y
lo más ridículo de todo con miedo a hacerlo mal o a equivocarnos. El comienzo
fue poner en jaque nuestras resistencias para deconstruir en conjunto esas
ambivalencias, hubo que despojarse, exponerse, liberarse y bajar los escudos para
comprender que sin error no hay aprendizaje posible y que teníamos que confiar
que en esta travesía estaríamos siempre bien acompañados. El foco de este viaje
sería aprender a disfrutar del momento presente, construyendo en la escena
terapéutica y en la relación con otros, nuevas posibilidades de ser y estar en
este mundo que descubríamos como 100% relacional.
El instituto fue nuestra casa por estos dos largos años,
un lugar y un equipo que nos acogió y desde un inicio dio sentido de
pertenencia a este proceso dotando de sentido nuestro paso por este territorio.
Identidad que hoy nos permite decir con orgullo; “Somos terapeutas familiares
del IChTF”.
Múltiples aprendizajes y grandes oportunidades se
abrieron en este espacio donde nos dimos cuenta que el ser terapeutas es un
trabajo a tiempo completo que implica el estar en un constante ejercicio de
reflexión, en el pensarse y repensarse en la acción y en el ser, donde nuestras
historias y vivencias son parte de la caja de herramientas que tenemos que
pulir para poner al servico de las familias y parejas que consultan.
Y comprendimos que el saber no está sólo en entrenar la
mente, sino que el verdadero aprendizaje es aquel que se nutre de nuestras
experiencias y nos compromete por
entero, tal como decía Francisco Varela: “La mente está en todo el cuerpo
humano”. Aprendimos que apostar por los recursos es una vía necesaria para
facilitar cambios y que ser un buen terapeuta o al menos uno lo suficientemente
bueno, requiere de un ejercicio de vasta humildad donde el mayor aprendizaje
muchas veces nos los da la propia familia que es sujeto de atención.
Si esta historia fuese un libro probablemente el último
capítulo tendría que llamarse algo así como “El cierre de un ciclo acompañado
de un profundo sentimiento de gratitud”. Y es que no podemos partir sin
agradecer por haber recibido este regalo. Porque sin duda, el tener el espacio
para detenerse semana a semana haciendo una pausa en nuestras vidas para
disponernos a redescubrir el mundo a los ojos del enfoque sistémico no puede
ser más que un privilegio. Agradecer a nuestros profesores, por su entrega,
cariño, dedicación y generosidad en la transmisión de su saber. Gracias por ser
fuente de admiración, vocación e inspiración en esta cruzada. Agradecer al
equipo central, la Verito, Priscila, Fabiola y Rodrigo por estar siempre ahí,
apoyando, sosteniendo y haciendo que este proceso fluyera. Por último agradecer
a la vida porque con sus misterios y sincronías permitió que nuestros tiempos
confluyeran y dio pie para que de este encuentro surgiera una nueva generación
de terapeutas familiares.
María Paz Badilla
Psicóloga
Terapeuta Familiar y de Parejas Instituto Chileno de Terapia Familiar
Psicóloga
Terapeuta Familiar y de Parejas Instituto Chileno de Terapia Familiar
lunes, 1 de diciembre de 2014
Titulación Terapeutas de Familia y Pareja Instituto Chileno de Terapia Familiar 2014
Como
todos los años, con orgullo y alegría recibimos en esta época a los profesionales,
que luego de un largo y esforzado período de formación reciben su título de
terapeutas familiares y de parejas del IChTF.
24
psicólogos y psicólogas recibieron sus diplomas en una ceremonia en que fueron
despedidos como profesionales en formación y recibidos con cariño como terapeutas
de nuestra institución.
Les
dejamos como recuerdo de este momento el discurso dado por la presidenta del
IChTF, Ps. Claudia Cáceres a ellos y sus familias. http://www.terapiafamiliar.cl/intranet/archivos/discurso_titulacion_2014.pdf
En
nombre del Departamento e Docencia y del Directorio, les deseamos mucho éxito a
estos nuevos y nuevas embajadoras de nuestra institución.
Terapeutas
que recibieron su título:
Ps.
Leticia Arias A.
Ps.
María Paz Badilla B.
Ps.
Claudio Barraza C.
Ps.
Ivette Barría H.
Ps. Valeria Baría R.
Ps.
Alejandra Bascuñán R.
Ps.
Jeannette Bravo G.
Ps.
Enrique Campillay P.
Ps.
Gerardo Chandía G.
Ps.
Alejandra Contreras V.
Ps.
Amanda Cortés B.
PS.
Carolina Durcudoy P.
Ps.
Clara Galleguillos V.
Ps.
Franscisca Gálvez P.
Ps.
María Francisca Guzmán M.
Ps.
María Valentina Hughes Y.
Ps.
Nicolás Landaeta S.
Ps.
Patricio Meza A.
Ps.
Bárbara Muñoz A.
Ps.
Paulina Muñoz V.
Ps.
Pamela Palmarola P.
Ps.
Yuri Rojas R.
Ps.
Sofía Vargas S.
Ps.
Camila Wulf A.
viernes, 5 de septiembre de 2014
Coyhaique
“ Todas las hojas son del viento
ya que él las mueve hasta en la muerte
Todas las hojas son del viento
menos la luz del sol”
ya que él las mueve hasta en la muerte
Todas las hojas son del viento
menos la luz del sol”
Sumergirse en el cielo. Aparece de pronto
un radiante sol de ocaso que me obliga a entornar los ojos sin querer dejar de
mirar. Atardece el cielo y más abajo veo aparecer islas flotantes en el mar.
Estoy viajando desde Coyhaique en un avión hacia Santiago que ahora hace un alto en Puerto Montt regalándome
esta vista. Estuve allí trabajando con
los terapeutas que se están formando en el postítulo del ICHTF en su primera
versión. Son 17 terapeutas y dos docentes que fuimos a compartir con ellos
nuestra experiencia del trabajo en terapia familiar con niños.
Viajar siempre es por lo menos un regalo: esta
vez tuve el placer de recordar y descubrir, el gusto de aprender y de enseñar;
la calidez y la emoción del encuentro íntimo con otros. Como si no fuera poco tuve al Sur de fondo y
protagonista.
Vinieron de inmediato los recuerdos de hace
aproximadamente 25 años: las tierras desérticas que rodean la ciudad seguían
ahí, ese pasado tan presente de las quemas a propósito para colonizar el bosque
nativo que quedó grabado en mi pecho. Por suerte el cielo majestuoso sigue enmarcando
a todo su alrededor cerros nevados memorables y a
pocos kilómetros de la ciudad se va recuperando de a poco el paisaje sureño. El río Simpson
se encarga de los aromas y los ruidos, el aire en todo instante me
devuelve la inmensa vida que lo habita. Es el sur de todos modos. (Mi compañera de pieza se encarga de abrir la
ventana de la pieza del hotel de par en par cada vez que me descuido para que
entre el olor a Sur. Se acomoda en la ventana con una sonrisa feliz).
Un día espléndido permitió que disfrutáramos
de una tarde turística con un buen amigo que nos transportó. Vimos el rio
Simpson, la nostálgica mirada del indio de perfil, los miradores desde donde la ciudad de Coyhaique deslumbra
entre los cerros, las cascadas y el principio de la carretera austral con sus
senderos. Caminamos un pedacito de ciudad y saludamos a los escolares en la
plaza, vestidos como si fuera verano.
Coyhaique le debe su nombre a los
tehuelches que un día la habitaron: "Coi" (agua) y "Aike"
(lugar) arman la palabra "lugar donde hay agua”. El agua también se aparece
desde el cielo en forma de lluvia al segundo día de nuestro viaje y no para
hasta la vuelta. (Mi compañera se deleita aún más abriendo la ventana con la
brisa mojada esparciendo su cara).
El segundo día conocemos a nuestros alumnos,
psicólogos y psiquiatras, hombres y mujeres entusiastas que nos reciben con
cariño contagiándonos del ánimo sureño.
“Cuida bien al niño
Cuida bien su mente
Dale el sol de Enero
Dale un vientre blanco
Dale tibia leche de tu cuerpo”
Cuida bien su mente
Dale el sol de Enero
Dale un vientre blanco
Dale tibia leche de tu cuerpo”
Entonces los niños se acercan y nos hablan
al oído. Se ríen de nuestras palabras difíciles y rebuscadas. Nos dicen que
quieren jugar, dibujar, escuchar, saber.
Les pedimos a sus niños de antes y de hoy que dibujen para que no se les
olvide. Lo hacen. Se transforman en
animales marinos que viven en un mar donde cohabitan delfines, pingüinos,
estrellas de mar, atunes, caballitos de mar… Me quedo pensando en ese hábitat marino donde
se vive bien, tranquilo y rodeado de tanta belleza. ¿Será uno más feliz en el
Sur?
El
sábado en la mañana asisten dos familias
en vivo que nos dan permiso para conocer su intimidad. Nos emocionamos con
ellas. La terapia familiar es un regalo de vida y de vivir. Me quedo sintiendo
el amor de una familia que ha compartido experiencias de sufrimiento, de
violencia, de abandono, pero que frente a mí en ese instante es única y poderosa. Hablamos después de eso de
los “momentos de encuentro” y pienso que esta experiencia también ha sido un
momento de encuentro, entre estos terapeutas y nosotras, donde ha habido mutuo
aprendizaje y emoción de esa que nos cambia y nos transforma.
También cada paisaje nuevo o revivido me
vuelve otra. ¿Se puede estar tan lejos y tan cerca? Quizás el mar o el tiempo no
son obstáculos……
Hasta pronto Coyhaique, ojalá pueda volver
a respirar esos aromas tejidos en el viento.
Gracias a los terapeutas del sur y sus
niños marinos.
Y gracias a la tenacidad de mi compañera de
viaje y su ventana abierta, C. S.
Carmen Paz Puentes
Santiago, 24 de Agosto de 2014
jueves, 14 de agosto de 2014
Familias, su inclusión en las políticas públicas actuales
En estos años de trabajo como
departamento psicosocial hemos ido
aprendiendo en el encuentro con los
equipos de diversos programas sociales.
En esta trayectoria hemos podido constatar que se han ido produciendo e instalando consensos
relevantes de considerar para ir actualizando nuestro discurso.
Si nos remontamos a unas
décadas atrás, la familia casi no existía en los marcos teóricos de los distintos
proyectos psicosociales o de salud pública.
Sin embargo, en el terreno de la intervención, los equipos se
encontraban habitualmente con más familias que lo esperado, a las que percibían muchas veces sólo como factor de riesgo y de perturbación
de los logros que cada programa iba teniendo
con sus usuarios.
Esto se ha expresado en una tendencia
de los sistemas de atención y de soporte social a focalizar en el
desarrollo de procesos interventivos individuales con el niño o niña, descartando
su contexto relacional. Desde ahí el desafío
de articular una mirada del niño como sujeto de derechos con una posición que
reconoce y valora sus DERECHOS en RELACION y contexto
Desde ya hace un tiempo, que
el discurso de las políticas públicas ha consensuado la necesidad de considerar
a las familias como un recurso del
sujeto de atención a la hora de diseñar
los programas de intervención.
Sin embargo, es en el nivel de las prácticas concretas, en el que
se juega la posibilidad de la coherencia de convencimiento teórico. Instalar lógicas respetuosas de colaboración requiere del seguimiento cercano a las acciones que traducen
cotidianamente nuestras intenciones. En
este marco, los tiempos de los equipos para reflexionar sobre la tarea no son
un lujo, y la revisión constante de las arquitecturas programáticas e
institucionales que incentivan la instalación de los hábitos que permitan reconocer el valor organizacional
del otro, son imprescindibles.
La
importancia de tener un modelo:
Es cada vez más claro desde los equipos que para poder
mantener una atención preferentemente en la comprensión relacional del mundo de los otros, es posible sólo si es acompañado de mapas
teóricos consistentes y una mirada entrenada. Contar con un modelo que permita
desarrollar la habilidad para sostener una práctica que logre establecer un dialogo que enriquece y
acompaña a esa organización particular en las búsqueda de las adaptaciones necesarias para resolver de un mejor modo las situaciones que los
afectan o los desafíos que enfrentan. Esto se traduce en un desafío técnico
para las instituciones como la nuestra, en la medida que las políticas públicas se están abriendo al
mercado de la oferta de modelos. .
La
mirada apreciativa del otro:
De distintas maneras se está discutiendo la
importancia de reconocer la fuerza en las
prácticas de una
mirada experta en déficits y en categorías rotulantes. La lógica de la
sospecha, el juicio y lo normativo es un
gran obstáculo si pretendemos construir con otros. Es necesario tener y
expresar con claridad posturas para abordar concretamente el
trabajo con los niños/as y sus familias orientadas
a desarmar las etiquetas, y las
categorizaciones negativas de las que
pueden ser víctimas, los niños, los padres, ,los equipos, las instituciones.,
Una
comprensión de la organización actual de la familia como el mejor modo de adaptación a sus circunstancias,
contingentes e históricas, permite preguntarse por la articulación de
estrategias de intervención que potencien los recursos, identifiquen
oportunidades y exploren alternativas. Los
diálogos generativos pasan por legitimar la lógica del otro y validar las
diferencias.
Lo contextual relacional
Apreciar
las relaciones en situación y reconocer
los diversos niveles de contextos que
están siendo a su vez producidos por
esas relaciones resulta fundamental: la familia como sistema relacional, como
parte de un sistema comunitario como producto de procesos evolutivos y en
evolución, como sistema con recursos para la adaptación y para el cambio; y como
sistema multigeneracional (contexto transgeneracional e histórico.)
Muchas
veces esta reflexión permite ver cómo la intervención que se realiza necesariamente
incluye recursivamente la relación familia institución en esa trama-
Resistir a la fragmentación:
Hacer
una invitación a las relaciones colaborativas, promoviendo diálogos que generan
la búsqueda de encuentros.
Los programas, al preguntarse por las variables que
entran en juego en la constitución de
las alianzas, imprescindibles para co-construir
sueños y proyectos, se van dando en un marco que explica la dificultad
de sostener un trabajo articulado, y una base para instalar y fortalecer los
hábitos que se opongan a las espontáneas tendencias fragmentadoras. Sin embargo, a pesar de lo obvio de este
diagnóstico, la búsqueda de soluciones se enfrenta a la complejidad del
entramado de las políticas públicas.
Facilitar la
instalación de modelos y métodos, requiere gestos, es decir, partir por
reconocer y aprender de las prácticas que los equipos han desarrollado y que
les han resultado útiles en el terreno que conocen mejor que nadie.
El desafío colectivo es
construir un modo de hacer, potenciar
todo aquello que promueva la confianza, la vinculación y la articulación en los
distintos sistemas que participan de la solución de los problemas, en
coherencia con un modo de comprender la inclusión y el tejido social.
Constanza Raurich.
jueves, 31 de julio de 2014
Palabras sobre el libro Sin Paréntesis
Agradezco en primer lugar a la familia de
Carla, al editor de este libro -con doble militancia, por cierto-, y a
Editorial Catalonia la posibilidad de decir algunas palabras a la hora
del lanzamiento de Sin Paréntesis.

Nunca he sabido por qué los libros se “lanzan” en vez de entregarse, de lugar de ser acogidos, protegidos.
Quizá es que los libros son como los hijos,
que se lanzan como una flecha sin destino claro al momento de nacer, sin que
sepamos qué curso tomarán.
He leído este libro con atención y recogimiento,
como quien escucha cierta música: primero, suena una breve obertura; luego un
dúo, al que de inmediato le sigue un solo a
capella; después un trío y al final una
coda, como la llama el propio editor. Curioso como texto musical, válido como
metáfora. Al terminar la escucha-lectura, emerge una sensación de armonía espléndida.
Este libro plural, polifónico y complejo en su arquitectura, ejecutado a varias
manos, texturado a la vez que sencillo, es como la suma de Carla. Simple,
inmediata y verdadera en su risa; compleja y profunda en su mirada, en su
búsqueda. Carla fue vertical como su nombre, horizontal como su vida.
Admiro, amo y también temo, la capacidad y coraje
de los padres de Carla. Fanny y Mario producen un texto que relata de manera sincera
y profunda la evolución de esa hija enfrentada al último de los dilemas, pero
además a su antesala: la enfermedad y el dolor; el tránsito vivido por ella, y también
por ellos, aunque no lo digan por pudor o por prudencia. Pero que además dibuja
en respetuosos y delicados trazos el proceso de encuentro con aquellas nuevas
ideas, posibilidades, caminos y vidas por las que anduvo Carla en esos años
finales. Estos padres componen un dúo –de cuerdas, imagino-. Y que, a través de
sonoridades melancólicas aunque vibrantes,
intensas, nos hacen partícipes de cada paso vivido por Carla desde el
diagnóstico hasta el fin.
Cuando decía que también temo, no hablo de mi
muerte. Temo a la sola posibilidad de experimentar lo mismo que ellos. Adhiero a
ese temor de las madres y los padres cuyas propias muertes se retrasan ante la
muerte de sus hijos. Cuántas veces vinieron ellos, Mario, Fanny, a despedir a
este mismo lugar y a tantos otros lugares como este, a los hijos e hijas que exterminó
de manera brutal el Terror y el odio implacables.
Pero entonces no quedaba más que pensar en la vida posible, en la futura vida. Intentábamos
entonces vivir, amando y rescatando cada minuto, aferrándonos a los nuestros y
a ciertos ideales.
Aunque no fueron mis profesores en la
academia, la Fanny y el Mario fueron un ejemplo de consistencia y valor, siempre
estaban en la primera línea de rechazo y de combate frente a la dictadura,
literalmente. Andar cerca de ellos en la calle –algunas veces lo hice-, era
siempre sinónimo de recibir al guanaco o al zorrillo en las calzadas de esta ciudad
de entonces, amarga, sitiada, estrecha y fría.
…
Una risa conocida da comienzo a una sesión en
que se afinan los instrumentos, el ambiente es distendido: puede ser jazz. Pero
la consigna es clara: los instrumentos estarán en silencio. La voz ataca de una
sola vez, sin lugar a calentar la garganta; se asemeja a una antigua cantante
de blues, aunque a veces suene a una de fados. El silencio ahora es completo,
excepto su voz. Carla emprenderá cuatro temas, uno por año de enfermedad, más
un tema final de reflexión. Los entendidos intentarán descifrar el ritmo, el
registro. Pero, Carla sigue teniendo un ritmo propio, indefinible, singular
hasta siempre. Inventa temas ya tratados hasta el cansancio y los revierte, dejándolos
como recién creados. Y es que ella está ahí, donde las papas queman, como
siempre. Pero al mismo tiempo está pensando, creando, imaginando, creyendo. Y
después, meditando. O antes, durante. Y después también.
Me recuerda la lectura de Carla a algunas que
he hecho de Susan Sontag, una autora norteamericana ya fallecida hace años. Escritora
lúcida y a contracorriente, necesitó dos cánceres para morir. La Sontag,
ensayista y novelista espléndida, me enseñó más cosas que mis lecturas
especializadas sobre la enfermedad y sobre el morir, y que me siguen siendo
útiles para mi trabajo con pacientes, parejas y familias con miembros afectados
de cáncer u otras enfermedades terminales. Estoy seguro que así me servirá este
libro también, como no me cabe que servirá en mi vida. No se trata de una lucha;
no es este un conflicto bélico, decía Sontag. Aquí no hay misiles, no hay
tanques, no hay aviones de combate; tampoco hay lucha cuerpo a cuerpo. Hay un
cuerpo afectado- eso sí-, latidos diferentes, crecimientos inesperados, sistemas que se des-diferencian de modo
inapropiado, que se tornan ajenos; alguna región de la comarca envía mensajes erroneos,
y proliferan en un territorio indebido. Tanto
Carla como Sontag divulgan una manera similar de apropiarse de la enfermedad,
marcando la diferencia con del saber habitual. La enfermedad, tanto como la
muerte, nos es propia, parecen decir a coro. El tumor hace parte de nosotros y
nos constituye. La enfermedad no es externa. Nos hace parte. Pero no somos
capaces de eliminarla con la sola voluntad. Tampoco la producimos, eso no. Eso
sí que no.
El tiempo es implacable, y me avisan que se
agota. No alcanzaré a hablar in extenso de ese trío hermoso que antecede a la coda. Tampoco de la
coda. Pero bueno. Para eso está el libro.
Las palabras de los presentadores son arrastradas con el viento de este
invierno, lentas, pero definitivas.
Queda el peso, la sustancia y ese maravilloso
aroma a tinta fresca que acompaña a los libros liberados, recién lanzados a la
vida. Vivos.
Gracias.
Rodrigo Erazo (Julio de 2014)
martes, 1 de julio de 2014
Abuso y Trauma Relacional; a propósito del seminario Ackerman de mayo 2014:
Fiona compartió con nosotros su quehacer, señalando
como trauma, toda aquella experiencia en
que un niño/ niña (cualquier persona), siente que su seguridad emocional ha sido rota
por la ausencia de cuidado de quienes se espera lo protejan, en que se
traicionan la confianzas y/o se rompen las conexiones familiares seguras. Nos
plantea desde el inicio de la jornada uno de los dilemas y desafíos de la
terapia en este contexto: generar conexiones y re conectar, a través de una
mirada comprensiva.
Respecto de situaciones de abuso sexual, Fiona nos
plantea diversos dilemas: las familias viven una intensa vergüenza por lo
sucedido, por la perpetración del abuso,
se preguntan qué ocurrió, por qué no se pudo cuidar a los más vulnerables, generando
como defensa la negación y una tendencia al silencio. El desafío es hacer
emerger historias de dignidad en estas familias, integrar historias de orgullo,
en que puedan verse y reconocerse no solo a través del abuso sexual, sino a
través de diversos otros lentes, otras
perspectivas, sin dejar de considerar la situación traumática. Como terapeutas señala “le préstamos lenguaje a las familias...” para lo cual les ha sido muy útil la mirada narrativa, que
implica salirse del paradigma víctima / perpetrador, ver los diversos aspectos
del otro, ver en el perpetrador al otro con toda su historia de vida, conocerlo
más allá del abuso, conocer aquello señalado como “portarse bien” en el relato de los niños y
sostener la complejidad de que se puede sentir afecto y odio a la vez.

En este proceso terapéutico de diálogo de decisiones,
el objetivo de la terapias con los niños
es que tengan voz, un espacio que de cabida a sus voces sin que se sientan presionados,
que sean escuchados e invitados a hablar desde una polifonía, donde no sólo este presente la voz del trauma,
promoviendo de esta manera, el sentido
de agencia.
Con los padres, el objetivo es procesar la situación
traumática y generar narrativas para aquello, de modo que puedan acoger al niño.
Suele ocurrir que aquella madre que no
supo o no pudo proteger, está en su propio estado de shock sin una narrativa
coherente, por lo que también necesita tener un tiempo y espacio para
elaborarlo.
Otro dilema que nos contó, fue el que implicaba salirse
del esquema terapéutico que incorporaba el tema del perdón como un hecho
constitutivo del proceso y/o instalado prematuramente, donde el niño debía
perdonar, lo que resultaba un tanto incongruente. Plantea la cautela y
paciencia inicial frente al perpetrador, al que hay que conocer, en espacios
diferidos del niño/a, entrevistándolo
con empatía, para abordar lo que pensaron y sintieron, para luego intentar que logren hacerlo desde la
perspectiva del niño o niña, de cómo lo vivió, considerando esto, como un proceso
lento.
Compartió con nosotros diversas viñetas clínicas (videos) que ilustraban
el proceso de terapia. Conmovedor fue el
uso de diálogo de decisiones en un caso clínico de abuso sexual, una historia dolorosa, con escenas muy
emotivas, en que el foco estaba, a través de diálogos diversos, en la
contención y reconexión de la relación materno filial, por cuanto la
transgresión de la sexualidad se filtró en la relación madre e hija. Rescatando
además desde el relato de la niña y a través de sus ojos, al padrastro, más
allá del trauma, destacando lo positivo que recordaba de éste. Escenas
terapéuticas en que nos enseñó a abordar
lo sucedido mas allá de los contenidos, a hablar sobre lo difícil que esto se
hace, a respetar el ritmo, aclarar que en el proceso de terapia no se está tras
la evidencia, que procura conectar lo sucedido y lo que piensan, con la emoción
asociada, abordando los dilemas del secreto, los entramados de la culpa, los temores
y la depreciación, integrando lo
construido en el espacio individual de
la niña y de la madre en un espacio común.
Nos mostró cómo esta madre estaba muy confusa,
avergonzada de no haberse percatado, de no ser protectora, y cómo la ayudó a
procesar el impacto de reconocer que se ha vivido con alguien que creía conocer y que hizo algo
inimaginable a una hija. Nos planteó como intervenir con el agresor, entender
qué es lo que evita, qué impide que tome la responsabilidad de los hechos. A
veces es tan avergonzaste asumirlo, que lo niegan recursivamente. Recordar que el
abuso sexual es el peor tabú, es lo que no
queremos ver a pesar de lo frecuente (una de cada cinco mujeres ha sido agredida sexualmente), nos induce a no estar
alerta, a minimizar.
Quienes asistimos al taller, tuvimos la oportunidad
de verla trabajar en una consultoría en vivo con una familia que presentó
generosa y amorosamente la terapeuta a cargo y su equipo. Una familia con
cuatro hijos, al momento de la sesión a cargo de la madre, que han sufrido en
los últimos años diversos traumas, entre ellos la pérdida reciente del padre. Fiona,
tras escuchar la historia, curiosea los motivos de supervisión señalado por la terapeuta,
toca sutilmente la persona del terapeuta consultándole si puede decirle qué le
sucede con la familia… Fiona escucha “la fantasía salvadora”, del deseo de llevarse
a los niños a casa y nos cuenta que cuando se topa con esta sensación, con este
deseo, se plantea para si la hipótesis de una parentalidad vulnerable, a la que
hay que estar atenta. Dice percibir un
sentimiento de caos y deseos de rescatar a los niños, tal vez de estar a cargo,
o de que alguien esté a cargo.
Antes de ver a la familia quiso saber cómo eran
antes de las vivencia traumáticas, saber
de sus fortalezas, de qué era posible hablar, de las relaciones entre ellos,
las redes familiares, qué sentimientos evocan las vivencias vividas, cuanto ha
sido o no compartido. Nos comenta que advierte que es una familia muy limitada
en esto de hablar, que actúan mucho y donde la hija pequeña ha sido protegida
al no ponerla al corriente de ciertos hitos dolorosos, aunque la pregunta es si
está protegida o no... Los contenidos son dolorosos… propone la técnica de hablar
acerca de “qué hablar”, “quién sería bueno para hablar”, “para quién sería más
fácil”, “qué podría ocurrir”, “qué significa para ellos comenzar a hablar”, “Si
esta familia hablara abiertamente de lo que sucede, quién se preocuparía más”, “a
quién le ayudaría aquello”. Así sacar
fuera poco a poco algunos de los temores. Consulta con la terapeuta como
estructurar la sesión, le interesa cuidar la alianza terapéutica, sabiéndose
ella una visitante, la invita a desarrollar en sesión diálogo colaborativo,
recordando a Tom Andersen.
En sesión la observamos presentarse, transparentar
con la familia la información que ha recibido y el deseo de conocer otros
aspectos, como por ejemplo, aspectos de la familia de los cuales están o se
sientan orgullosos, consulta a la madre y a cada uno de los hijos, a través de
preguntas relacionales, incorporando y honrando la figura del padre, llegando
al diálogo respecto a qué es posible hablar, que temores albergan , que supuestos
manejan, cuales comparten, emergiendo el temor del hijo de perder a su madre,
valida los temores por cuanto frente a la vivencia de traumas el temor es muy presente, uno procura que la
vida sea predecible les señala Fiona, lo que a veces acentúa el control. Invita
amorosamente a la madre a ayudar a sus hijos a que acudan a ella, que conozcan
su fortaleza y no sólo su vulnerabilidad. Aborda la parentalización de una
manera delicada connotando la preocupación recíproca entre los hermanos. Les
devuelve a la familia su visión, un mensaje de esperanza comunicándoles su deseo:
que pudieran hablar más abiertamente de lo doloroso y que igualmente es posible
estar de pie y que eso no los hará colapsar, pues los advierte preocupados unos de otros, orgullosos,
agradeciéndoles la valentía de estar allí. La madre recoge la invitación a
hablar, consulta cómo y se la invita a la sesión siguiente para hablar de
temores así como posibilidades de
liberación y luego traer nuevamente al grupo. Plantea con la familia que al
parecer el dilema actual, el desafío
como grupo, es el de seguir conversando acerca de si mismo y sus
relaciones.
Las reflexiones con el equipo tras el espejo fueron
diversas, Fiona compartió en qué estaban sus pensamientos en sesión con la
terapeuta y el equipo, recibiendo su vez diversos comentarios que enriquecieron
y complejizaron la mirada de la familia y el proceso terapéutico. Como terapeuta vimos en acción aquello que nos comentó el
día anterior: facilitar la conexión
respetando y considerando la experiencia de la familia, sosteniendo una actitud
cálida, empática y auténtica, características que señala necesarias para el
terapeuta.
Y a mi parecer fue así como la vi, atenta, cercana,
respetuosa, curiosa del otro, procurando enriquecer perspectivas, que estas
perspectivas dialoguen entre si generando nuevos emergentes relacionales,
invitando a todos los integrantes de la familia a participar de las decisiones
de su vida y a mejorar sus vínculos… , fue una hermosa experiencia, y agradezco
a todos quienes en el IChTF hacen posible cada encuentro/seminario Ackerman .
Tamara Rivera Rei,
UNA IChTF,
junio 2014.
UNA IChTF,
junio 2014.
viernes, 6 de junio de 2014
Mirando al sudeste (en el ICHTF)

-“Yo
no sabía lo que me pasaba hasta que el Dr. me dijo que yo era bipolar. En mi
familia saben de mi historial clínico y se dieron cuenta que no me podían
exigir mucho porque me puedo descompensar.
Este relato no solo no da cuenta de un dolor psíquico intenso. También nos habla de las implicancias en las relaciones familiares y de cómo un diagnóstico mental puede organizar, aliviar y al mismo tiempo puede entrampar a las personas.
Hace 60 años los precursores de la terapia familiar comenzaron a observar y reflexionar en torno a personas y familias en que a uno de los miembros se le había diagnosticado un trastorno psiquiátrico grave. En parte, por allí se construyen los conceptos de doble vínculo y madre esquizofrenógena que aunque no tiene la misma validez etiológica inicial, dieron el fuerte puntapié a la terapia familiar en Estado Unidos. También con enfermedades psiquiátricas lo hicieron Wynne, Bowen, Stierling, Selvini Palazzoli, Leff y tantos otros importantes en el desarrollo de teorías y prácticas de la terapia familiar.
Este relato no solo no da cuenta de un dolor psíquico intenso. También nos habla de las implicancias en las relaciones familiares y de cómo un diagnóstico mental puede organizar, aliviar y al mismo tiempo puede entrampar a las personas.
Hace 60 años los precursores de la terapia familiar comenzaron a observar y reflexionar en torno a personas y familias en que a uno de los miembros se le había diagnosticado un trastorno psiquiátrico grave. En parte, por allí se construyen los conceptos de doble vínculo y madre esquizofrenógena que aunque no tiene la misma validez etiológica inicial, dieron el fuerte puntapié a la terapia familiar en Estado Unidos. También con enfermedades psiquiátricas lo hicieron Wynne, Bowen, Stierling, Selvini Palazzoli, Leff y tantos otros importantes en el desarrollo de teorías y prácticas de la terapia familiar.
Y
no es que queramos seguir esa brillante trayectoria de tan destacados
pensadores o clínico, sino que nos
conmovimos con estos relatos que se nos vuelven frecuentes, por trabajar en
instituciones psiquiátricas o en el ejercicio de la psiquiatría convencional.
Aquello que llamamos “enfermedad psiquiátrica” afecta también a otros miembros de la familia en múltiples dimensiones intensidades y tiempos. Puede ser muy devastador pues interrumpe la continuidad biográfica de la persona afectada y genera mucha incertidumbre, especialmente aquellas en que la conducta es disruptiva o incomprensible. Por esta última razón, a veces el diagnóstico realizado por un médico, puede resultar aparentemente aliviador pues disminuye esa incertidumbre. Puede tener algunas ventajas porque puede liberar de responsabilidades por las conductas que dañan a otros. Puede tener desventajas porque se mantiene en control y restringe la libertad y autonomía de la persona.
Siguiendo los modelos para una enfermedad crónica en la familia, hay consenso acerca de la función que cumple la familia en cuanto a la mejor adaptación a la enfermedad. La familia puede llegar a ser mantenedora de síntomas o por otro lado ser excesivamente protectora alterando más de lo necesario el desarrollo del proceso de individuación de sus distintos miembros.
¿Qué es lo que sugerimos tomar en cuenta a la hora de atender a estas familias?
Considerar que es común un extenso tratamiento previo a la derivación: Algunas veces las familias tienen un largo trayecto de tratamientos e intervenciones terapéuticas del más diverso tipo. Esto se traduce en un agotamiento y desesperanza. Otras veces puede traducirse en agresión debido a las repetidas experiencias de fracaso anteriores. Algunas veces la agresión puede tocar a los terapeutas, ya sea por tener expectativas demasiado altas para ese proceso terapéutico, o porque en la terapia se demanda un cambio que la familia no puede realizar.
Aquello que llamamos “enfermedad psiquiátrica” afecta también a otros miembros de la familia en múltiples dimensiones intensidades y tiempos. Puede ser muy devastador pues interrumpe la continuidad biográfica de la persona afectada y genera mucha incertidumbre, especialmente aquellas en que la conducta es disruptiva o incomprensible. Por esta última razón, a veces el diagnóstico realizado por un médico, puede resultar aparentemente aliviador pues disminuye esa incertidumbre. Puede tener algunas ventajas porque puede liberar de responsabilidades por las conductas que dañan a otros. Puede tener desventajas porque se mantiene en control y restringe la libertad y autonomía de la persona.
Siguiendo los modelos para una enfermedad crónica en la familia, hay consenso acerca de la función que cumple la familia en cuanto a la mejor adaptación a la enfermedad. La familia puede llegar a ser mantenedora de síntomas o por otro lado ser excesivamente protectora alterando más de lo necesario el desarrollo del proceso de individuación de sus distintos miembros.
¿Qué es lo que sugerimos tomar en cuenta a la hora de atender a estas familias?
Considerar que es común un extenso tratamiento previo a la derivación: Algunas veces las familias tienen un largo trayecto de tratamientos e intervenciones terapéuticas del más diverso tipo. Esto se traduce en un agotamiento y desesperanza. Otras veces puede traducirse en agresión debido a las repetidas experiencias de fracaso anteriores. Algunas veces la agresión puede tocar a los terapeutas, ya sea por tener expectativas demasiado altas para ese proceso terapéutico, o porque en la terapia se demanda un cambio que la familia no puede realizar.
Considerar que son familias con una fuerte homeóstasis en las relaciones familiares: Asociado al párrafo anterior, las familias han logrado una estabilidad luego de muchos pasajes y dificultades. Una estabilidad que es mayormente incomoda, por eso solicitan ayuda. Pero esa estabilidad la cuidan mucho por el temor a volver a estados anteriores de mayor sufrimiento. Puede ser que por esta razón diversos autores las describan como familias resistentes, familias difíciles o familias rígidas.
Considerar que frecuentemente se dan interacciones negativas o criticas: El criticismo, la hostilidad y el sobreinvolucramiento , forman parte del constructo EE (Expresed Emotion) del Británico Jullian Leff. Esta variable ha mostrado ser de la mayor importancia en la evolución de la enfermedad mental. Ha de tenerse en cuenta en el lenguaje y las formas de decir las intervenciones, pues los miembros de la familia suelen ser muy sensibles a percibir crítica y hostilidad. También sugerimos buscar formas, en el dialogo familiar, para que sea posible expresar distintas emociones en la familia, reduciendo lo más posible la crítica o la hostilidad.
Considerar, en el dialogo con la familia, poder diferenciar conductas NO asociadas a la enfermedad, de aquéllas propias de la enfermedad. Este es un gran capítulo en muchas familias. Algunos miembros de la familia tienden a interpretar todas las conductas como derivadas de enfermedad y otros, en la misma familia, pueden hacerlo a la inversa y rechazar toda conducta en referencia a ella, muchas veces definiéndolas como manipulación o exageración de los síntomas. Si se incluyen demasiadas conductas dentro la enfermedad, la persona puede quedar con liberación de responsabilidad o de funciones en las interacciones. Si se incluyen demasiadas conductas como manipulativas, tiende a invalidarse aspectos que pueden generar gran reactividad emocional y aumento de la hostilidad.
Considerar “darle un lugar a la enfermedad y colocar la enfermedad en su lugar”. Esta frase muy común y muy valiosa, resume bastante los puntos anteriores. Es necesario que la familia no quede organizada por la enfermedad sino que deberá buscar un equilibrio entre los requerimientos de la enfermedad y los requerimientos de los distintos miembros de la familia. Nuestra mejor tarea de terapeutas será participar con la familia en identificar mejor estos dos aspectos: Por un lado reconocer en donde puedo influir por lo tanto ser más efectivo v/s reconocer aquéllo que no se puede cambiar y aceptarlo.
Rodrigo
Rivera G.
Unidad
de terapia Familiar y Enfermedad Psiquiátrica UFEP.
Instituto
Chileno de Terapia Familiar
martes, 6 de mayo de 2014
Las pérdidas públicas y privadas
En tiempos de catástrofe, como los que
hemos presenciado en el último período en Chile por el terremoto en el Norte y
el incendio en Valparaíso, nos vemos expuestos al horror crudo de la tragedia masiva, sea ésta causada por obra de
la naturaleza o por la mano del hombre. Y frente a la cobertura mediática,
miramos escandalizados las imágenes escalofriantes de una realidad social que
apela a nuestras conciencias y a nuestro sentido más profundo de solidaridad. De manera genuina e intuitiva, multitudes de
jóvenes parten a remover escombros y a otras tareas de emergencia; se movilizan
en camiones repletos de enseres y vestimentas y organizan albergues desorganizados.
Surgen de forma espontánea ¨animadores¨ que con sus músicas, risas y alegría
buscan dar aliento a los que perdieron todo.
Las instituciones nacionales se ponen en alerta y generan recursos; las internacionales
envían cooperación. Los ¨temas sociales¨ abren debate en los
medios escritos, radiales y televisivos sobre qué medidas debieran tomarse para
mitigar o erradicar la pobreza de los cerros: no importa si en el Norte, en el
Centro o en el Sur.
La prensa, en su afán por cumplir con el
objetivo de informar, ingresa a la intimidad de los hogares y a la vida de los
que perdieron todo y sin el menor pudor, escudriña el dolor ajeno, que termina
por perder su calidad de ¨rostro sufriente¨, haciendo alusión a Levinas (en
Orange, 2010), y se cosifica la imagen de la tragedia.
En una especie de ¨festín frenético¨,
todos nos sentimos interpelados a participar de alguna u otra manera en la
reconstrucción y reparación del desastre causado por la naturaleza y
amplificado por una sociedad tan desigual como la nuestra. Pero esta respuesta
solidaria, conmovedora, frenética en un primer momento, que como espectadores, nos
alivia de la culpa y responde a una necesidad imperiosa y urgente de aplacar
las carencias más básicas de los afectados por las catástrofes, esconde otros
matices. O al menos, no logra abarcar la
complejidad del fenómeno que se vivencia tras esa experiencia de pérdida. Desde
el lugar en que nos toca presenciar estos acontecimientos y desde lo que somos
- o soy, prefiero arriesgarme y asumir mis palabras - me pregunto: ¿el ¨festín
frenético¨ de estos días es sólo una respuesta solidaria, altruista y honesta o
es una manera de alejarnos del dolor, de la vulnerabilidad, de la angustia que
nos provoca la fragilidad humana, nuestra propia fragilidad? Quizá se trate de
una mezcla de los dos. Pienso que al
tratar de reemplazar rápidamente la angustia y la tristeza por manifestaciones
de entusiasmo desbordante y esperanza en un mejor porvenir, estamos evitando
contactarnos con sentimientos dolorosos, abrumadores, angustiantes y opresores, propios de
situaciones de pérdidas. Los que han
vivido pérdidas devastadoras, saben que el mundo se divide en dos: los normales
y los traumatizados, como tan bien lo describe Stolorow en su libro, Los
Contextos del Ser (2004).
Las familias damnificadas perdieron mucho:
perdieron la casa, local de trabajo, las pertenencia atesoradas a través de
años de esfuerzos, las entrañables fotografías de sus seres queridos, sus
fieles mascotas, algunos perdieron amigos, vecinos o incluso a un familiar.
Esas familias están en duelo. Esas
familias necesitan del frenesí pragmático para levantar sus viviendas,
conseguir nuevos puestos de trabajo, reconstruir escuelas, carreteras, centros
de salud emplazados en mejores sitios. Pero también necesitan tiempo y
recogimiento para masticar y digerir el horror que
sufrieron. El duelo implica un trabajo de elaboración
psíquica, desde el impacto emocional causado por la tragedia -en estos casos
abrupta, inesperada y carente de sentido- hasta la aceptación e integración de
la realidad de la pérdida sufrida. Pero ese trabajo de duelo, en el mejor de
los casos, facilitado por colegas, no se
puede apurar. No es compatible con el
ímpetu de los jóvenes ni con la furia de los medios de prensa. La elaboración del duelo tiene su tiempo, su
ritmo, su propio devenir y nos demanda respeto, compasión y disponibilidad
emocional para ser testigos de la inmensa tragedia que viven. La literatura al respecto
nos da pautas, nos habla de tareas e incluso algunos autores se arriesgan dando
plazos normativos respecto del tiempo que debe transcurrir para que el duelo no
se transforme en patológico. ¿Habrá un
tiempo correcto, apropiado, aséptico y oportuno para llorar hasta las entrañas,
enrabiarse con Dios y con el diablo, sentir envidia del que no fue tocado por
¨nuestra desgracia¨, creer que no hay justicia en el mundo y ser incitado a
pensar, sentir y hablar días, meses y años del ser amado, con tal que su rostro
no se desdibuje en la memoria?
¿Estaremos dispuestos, como sociedad, a
escuchar el lamento de los que sufren? ¿Por cuánto tiempo y de qué forma, antes
de clasificarlo como complicado, exagerado, crónico, patológico? Creo que es
tarea nuestra, como ¨expertos¨ en el sufrimiento humano, especialistas o no en
duelo, decir a la comunidad y a los que están en la tarea de acompañar el
sufrimiento humano, que el incendio en Valparaíso tiene rostro, nombre y
apellido. En esas familias se instaló la incertidumbre el día 12 de abril. Y eso significa la rutina interrumpida, pautas
de interacción familiar rotas por días, semanas, meses, proyectos aplazados por las necesidades
inmediatas de sobrevivencia, lazos afectivos amenazados por los sentimientos
paranoicos, niños sin colegio, dueñas de casa sin sus casas. La seguridad del
cotidiano volatilizada en algunas horas, hace aún más penoso el dolor de la
pérdida y obliga a esas familias a reorganizarse emocionalmente para enfrentar
desafíos que se presentarán. Y no me refiero al desafío práctico; esa es tarea
del Estado y del ciudadano consciente y solidario. Me refiero al que tenemos los que nos
dedicamos a ayudar a los que sufren.
Hay pérdidas públicas que todos podemos ayudar
a mitigar y a reconstruir. Y privadas, a
las cuales los medios no tienen acceso, que sólo se viven y comparten en la intimidad, en el interior de vínculos afectivos
que son capaces de sostener el dolor, la humillación, la ignominia de haber
perdido todo inesperadamente. Estos sentimientos abrumadores estarán presentes aún
después de reconstruidas sus casas, reunidas sus familias y organizadas en
nuevas rutinas de vida. Debemos dar cabida
y tolerar que se expresen, a que se duelan y se desgarren o que se recojan y se
callen. Nuestro trabajo como especialistas, es acompañar y validar la realidad
de la pérdida y de los distintos procesos de duelo, dentro de una misma familia
y de la sociedad. Es ayudar a colocar palabras en la experiencia traumática,
conmovernos con el sufrimiento del que somos testigos, sin dejar de identificar
los mecanismos protectores individuales, familiares y grupales que promueven la búsqueda de recursos
sanadores.
En cualquier proceso de duelo, permitirnos
quedarnos en el dolor, en la desesperanza, en el sin sentido y en el vacío por
un rato, no es sinónimo de paralizarnos o inmovilizarnos. Más bien es
necesario. Seamos capaces de tolerar el malestar y sostener la angustia y el
horror en nosotros mismos, antes de dar vuelta a la hoja y pretender que otros
lo hagan. El proceso de duelo, es como preparar la masa
del pan. Hay que amasarla, mezclarla,
manosearla hasta que esté lista; y sólo el panadero conoce el punto en que está
lista para el horno. Como terapeutas, podemos acompañar y guiar a amasar la
mezcla a quienes están en proceso de elaborar el dolor, pero no podemos incitarlos
a que la metan al horno antes del tiempo.
Ps. Claudia Ferreira Da Cunha
Ps. Claudia Ferreira Da Cunha
jueves, 27 de marzo de 2014
Magíster en Estudios Sistémicos Relacionales de la Familia y la Pareja
Muy contentos con la
alianza IChTF-UAH para el Magíster Estudios Sistémicos Relacionales de la
Familia y la Pareja que se encuentra en los últimos días de postulación para
esta nueva y remozada versión. Compartimos una pequeña entrevista en que la Directora del
programa, la Psicóloga Soledad Larraín contesta algunas de las preguntas más
frecuentes acerca de nuestro Magíster.
¿Cuál es la particularidad de este Magíster
respecto de otros en el área de la psicología?
La organización familiar y los modelos de familia
han sufrido importantes cambios en las últimas décadas. Estos cambios deben
permear el análisis teórico sobre el tema, como también las políticas sociales
que se implementan en el país, las que están basadas en un concepto de familia,
muchas veces ajena a su realidad actual. El Magister y Diplomado en Estudios
Sistémicos Relacionales de la Familia y la Pareja, tiene por finalidad
desarrollar una reflexión crítica respecto del desarrollo teórico de los
estudios relativos a la Familia y la Pareja; desarrollar habilidades
metodológicas para llevar a cabo investigación en las políticas sociales que
hoy se están implementado en los temas relacionados con familia y las parejas
y, por último, generar conocimiento que refleje la realidad de las estructuras
familiares en Chile.
¿Cuál es la relación que tiene el Magíster con el
Post-Título de Terapia Sistémica de Familias y parejas del IChTF?
El Magíster es un proyecto conjunto entre el
Instituto Chileno de Terapia Familiar (IChTF) y la Facultad de Psicología de la
Universidad Alberto Hurtado (UAH). En este proyecto se pretende rescatar la
amplia experiencia del ICHTF en la formación de terapeutas y la UAH aporta su
experiencia y conocimientos en metodologías de la investigación social. Entre ambas
instituciones se ha formado un espacio académico que profundiza el estudio de
las temáticas vinculadas a la familia y la pareja actual.
¿Qué aporta a los profesionales que ya se formaron
como terapeutas familiares?
Les aporta un espacio de reflexión sobre la
realidad familiar actual, como también habilidades metodológicas para generar
conocimiento que se origine en la realidad familiar de nuestro país y en la
propia práctica de los terapeutas.
¿Y a los terapeutas familiares formados en el
IChTF?
El Instituto Chileno de Terapia Familiar ha tomado
la opción de diferenciar la formación terapéutica y dirigirla a través de su
Post-Titulo de Terapia Sistémica de Familias y Parejas, a quienes están
esencialmente interesados en el desarrollo de la psicoterapia y de habilidades
clínicas. El Título de terapeuta del IChTF conduce a la acreditación como
Especialista en Psicoterapia. Con la alianza con la UAH, los terapeutas ya
formados, o en formación en el ICHTF, pueden complementar su formación
ampliándola al campo de las políticas sociales, la evaluación de proyectos y la
adquisición de herramientas de investigación. Con esto, pueden enriquecer sus
conocimientos y prácticas y aportar en el campo de las políticas públicas y
obtener el grado académico de Magíster.
¿Qué profesionales pueden optar a esta formación de
post-grado?
Pueden optar todos los profesionales vinculados al
trabajo con familias y parejas, como psicólogos, psiquiatras, trabajadores
sociales, abogados, etc. Todos los profesionales que quieren incorporar o
profundizar en sus miradas y prácticas el modelo sistémico relacional.
Preguntas al correo magisterfamilia@uahurtado.cl
dirigidos a la Coordinadora Académica Ps. Francisca Puga.
martes, 7 de enero de 2014
“Patrimonio histórico y emocional del Instituto Chileno de Terapia Familiar: La Historia después de la primera década"
2013 fue el
año de la celebración de los 30 años del Instituto Chileno de Terapia Familiar
y aún cuando vamos dejando atrás lo vivido como parte de los festejos, quedarán
en nuestros recuerdos los momentos especiales de cada una de las
actividades.
Queremos
terminar esta etapa compartiendo la historia narrada por la Presidenta del
Instituto en el encuentro Institucional de La Leonera. Porque toda institución
que crece y se renueva necesita conocer y hacer suya la historia que funda el
presente. La historia a partir de los 10 años de fundación del IChTF,
vivida y contada en primera persona, para que cada uno recuerde su propia
historia institucional y para que sea conocida por quienes se han unido más
tarde.
A los
amigos y amigas que han estado cerca o por momentos han sido parte de esta
historia, nuestro abrazo fraterno y gratitud.
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