viernes, 6 de junio de 2014

Mirando al sudeste (en el ICHTF)

- “Dr., a mi lo que me duele es  alma, la gente me habla y me dice lo que tengo que hacer, pero a mi me cuesta mucho.... no sé cómo salir de este cascarón.  
-“Yo no sabía lo que me pasaba hasta que el Dr. me dijo que yo era bipolar. En mi familia saben de mi historial  clínico y se dieron cuenta que no me podían exigir mucho porque me puedo descompensar.

Este relato no solo no da cuenta de un dolor psíquico intenso. También nos habla de las implicancias en las relaciones familiares y de cómo un diagnóstico mental puede organizar, aliviar y al mismo tiempo puede entrampar a las personas.

Hace 60 años los precursores de la terapia familiar comenzaron a  observar y reflexionar en torno a personas y familias en que a uno de los miembros se le había diagnosticado un trastorno psiquiátrico grave. En parte, por allí se construyen  los conceptos de doble vínculo y madre esquizofrenógena que aunque no tiene la misma validez etiológica inicial, dieron el fuerte puntapié a la terapia familiar en Estado Unidos. También con enfermedades psiquiátricas lo hicieron Wynne, Bowen, Stierling, Selvini Palazzoli, Leff y tantos otros importantes en el desarrollo de teorías y prácticas de la terapia familiar.

Y no es que queramos seguir esa brillante trayectoria de tan destacados pensadores o clínico,  sino que nos conmovimos con estos relatos que se nos vuelven frecuentes, por trabajar en instituciones psiquiátricas o en el ejercicio de la psiquiatría convencional.

Aquello que llamamos “enfermedad psiquiátrica” afecta también a otros miembros de la familia en múltiples dimensiones intensidades y tiempos. Puede ser muy devastador pues interrumpe la continuidad biográfica de la persona afectada y genera  mucha incertidumbre, especialmente aquellas en que la conducta es disruptiva o incomprensible. Por esta última razón, a veces el diagnóstico realizado por un médico,  puede resultar aparentemente aliviador pues disminuye esa incertidumbre. Puede tener algunas ventajas porque puede liberar de responsabilidades por las conductas que dañan a otros. Puede tener desventajas porque se mantiene en control y restringe la libertad y autonomía de la persona.

Siguiendo los modelos para una enfermedad crónica en la familia, hay consenso  acerca de la función que cumple la familia en cuanto a la mejor adaptación a la enfermedad. La familia puede llegar a ser mantenedora de síntomas o por otro lado ser excesivamente protectora alterando más de lo necesario el desarrollo del proceso de individuación de sus distintos miembros.

¿Qué es lo que sugerimos tomar en cuenta a la hora de atender a estas familias?

Considerar que es común un extenso tratamiento previo a la derivación: Algunas veces las familias tienen un largo trayecto de tratamientos e intervenciones terapéuticas del más diverso tipo. Esto se traduce en un agotamiento y desesperanza. Otras veces puede traducirse en agresión debido a las repetidas experiencias de fracaso anteriores. Algunas veces la agresión puede tocar a los terapeutas, ya sea por tener expectativas demasiado altas para ese proceso terapéutico, o porque en la terapia se demanda un cambio que la familia no puede realizar.

Considerar que son familias con una fuerte homeóstasis en las relaciones familiares: Asociado al párrafo anterior, las familias han logrado una estabilidad luego de muchos pasajes y dificultades. Una estabilidad que es mayormente incomoda, por eso solicitan ayuda. Pero esa estabilidad la cuidan mucho por el temor a volver a estados anteriores de mayor sufrimiento. Puede ser que por esta razón diversos autores las describan como familias resistentes, familias difíciles o familias rígidas.

Considerar que frecuentemente se dan interacciones negativas o criticas: El criticismo, la hostilidad y el sobreinvolucramiento ,  forman parte del constructo EE (Expresed Emotion) del Británico Jullian Leff. Esta variable ha mostrado ser de la mayor importancia en la evolución de la enfermedad mental. Ha de tenerse en cuenta en el lenguaje y las formas de decir las intervenciones, pues los miembros de la familia suelen ser muy sensibles a percibir crítica y hostilidad. También sugerimos buscar formas, en el dialogo familiar, para que sea posible expresar distintas emociones en la familia, reduciendo lo más posible la crítica o la hostilidad.   

Considerar, en el dialogo con la familia, poder diferenciar conductas NO asociadas a la enfermedad, de aquéllas propias de la enfermedad. Este es un gran capítulo en muchas familias. Algunos miembros de la familia tienden a interpretar todas las conductas como derivadas de enfermedad y otros,  en la misma familia,  pueden  hacerlo  a la inversa y rechazar toda conducta en referencia a ella, muchas veces definiéndolas como manipulación o exageración de los síntomas. Si se incluyen demasiadas conductas dentro la enfermedad, la persona puede quedar con liberación de responsabilidad o de funciones en las interacciones. Si se incluyen demasiadas conductas como manipulativas, tiende a invalidarse aspectos que pueden generar gran reactividad emocional y aumento de la hostilidad.

Considerar “darle un lugar a la enfermedad y colocar la enfermedad en su lugar”. Esta frase muy común y muy valiosa, resume bastante los puntos anteriores. Es necesario que la familia no quede organizada por la enfermedad sino que deberá buscar un equilibrio entre los requerimientos de la enfermedad y los requerimientos de los distintos miembros de la familia. Nuestra mejor tarea de terapeutas será participar con la familia  en identificar mejor estos dos aspectos: Por un lado reconocer en donde puedo influir por lo tanto ser más efectivo v/s reconocer aquéllo que no se puede cambiar y aceptarlo.

Rodrigo Rivera G.
Unidad de terapia Familiar y Enfermedad Psiquiátrica UFEP.
Instituto Chileno de Terapia Familiar


martes, 6 de mayo de 2014

Las pérdidas públicas y privadas

En tiempos de catástrofe, como los que hemos presenciado en el último período en Chile por el terremoto en el Norte y el incendio en Valparaíso, nos vemos expuestos al horror crudo de la tragedia masiva, sea ésta causada por obra de la naturaleza o por la mano del hombre. Y frente a la cobertura mediática, miramos escandalizados las imágenes escalofriantes de una realidad social que apela a nuestras conciencias y a nuestro sentido más profundo de solidaridad.  De manera genuina e intuitiva, multitudes de jóvenes parten a remover escombros y a otras tareas de emergencia; se movilizan en camiones repletos de enseres y vestimentas y organizan albergues desorganizados. Surgen de forma espontánea ¨animadores¨ que con sus músicas, risas y alegría buscan dar aliento a los que perdieron todo.  Las instituciones nacionales se ponen en alerta y generan recursos; las internacionales envían cooperación.  Los ¨temas sociales¨ abren debate en los medios escritos, radiales y televisivos sobre qué medidas debieran tomarse para mitigar o erradicar la pobreza de los cerros: no importa si en el Norte, en el Centro o en el Sur.

La prensa, en su afán por cumplir con el objetivo de informar, ingresa a la intimidad de los hogares y a la vida de los que perdieron todo y sin el menor pudor, escudriña el dolor ajeno, que termina por perder su calidad de ¨rostro sufriente¨, haciendo alusión a Levinas (en Orange, 2010), y se cosifica la imagen de la tragedia.

En una especie de ¨festín frenético¨, todos nos sentimos interpelados a participar de alguna u otra manera en la reconstrucción y reparación del desastre causado por la naturaleza y amplificado por una sociedad tan desigual como la nuestra. Pero esta respuesta solidaria, conmovedora, frenética en un primer momento, que como espectadores, nos alivia de la culpa y responde a una necesidad imperiosa y urgente de aplacar las carencias más básicas de los afectados por las catástrofes, esconde otros matices.  O al menos, no logra abarcar la complejidad del fenómeno que se vivencia tras esa experiencia de pérdida. Desde el lugar en que nos toca presenciar estos acontecimientos y desde lo que somos - o soy, prefiero arriesgarme y asumir mis palabras - me pregunto: ¿el ¨festín frenético¨ de estos días es sólo una respuesta solidaria, altruista y honesta o es una manera de alejarnos del dolor, de la vulnerabilidad, de la angustia que nos provoca la fragilidad humana, nuestra propia fragilidad? Quizá se trate de una mezcla de los dos.  Pienso que al tratar de reemplazar rápidamente la angustia y la tristeza por manifestaciones de entusiasmo desbordante y esperanza en un mejor porvenir, estamos evitando contactarnos con sentimientos dolorosos, abrumadores,  angustiantes y opresores, propios de situaciones de pérdidas.  Los que han vivido pérdidas devastadoras, saben que el mundo se divide en dos: los normales y los traumatizados, como tan bien lo describe Stolorow en su libro, Los Contextos del Ser (2004).  

Las familias damnificadas perdieron mucho: perdieron la casa, local de trabajo, las pertenencia atesoradas a través de años de esfuerzos, las entrañables fotografías de sus seres queridos, sus fieles mascotas, algunos perdieron amigos, vecinos o incluso a un familiar. Esas familias están en duelo.  Esas familias necesitan del frenesí pragmático para levantar sus viviendas, conseguir nuevos puestos de trabajo, reconstruir escuelas, carreteras, centros de salud emplazados en mejores sitios. Pero también necesitan tiempo y recogimiento para masticar y digerir el horror que sufrieron.   El duelo implica un trabajo de elaboración psíquica, desde el impacto emocional causado por la tragedia -en estos casos abrupta, inesperada y carente de sentido- hasta la aceptación e integración de la realidad de la pérdida sufrida. Pero ese trabajo de duelo, en el mejor de los casos, facilitado por colegas,  no se puede apurar.  No es compatible con el ímpetu de los jóvenes ni con la furia de los medios de prensa.  La elaboración del duelo tiene su tiempo, su ritmo, su propio devenir y nos demanda respeto, compasión y disponibilidad emocional para ser testigos de la inmensa tragedia que viven.  La literatura al respecto nos da pautas, nos habla de tareas e incluso algunos autores se arriesgan dando plazos normativos respecto del tiempo que debe transcurrir para que el duelo no se transforme en patológico.  ¿Habrá un tiempo correcto, apropiado, aséptico y oportuno para llorar hasta las entrañas, enrabiarse con Dios y con el diablo, sentir envidia del que no fue tocado por ¨nuestra desgracia¨, creer que no hay justicia en el mundo y ser incitado a pensar, sentir y hablar días, meses y años del ser amado, con tal que su rostro no se desdibuje en la memoria?

¿Estaremos dispuestos, como sociedad, a escuchar el lamento de los que sufren? ¿Por cuánto tiempo y de qué forma, antes de clasificarlo como complicado, exagerado, crónico, patológico? Creo que es tarea nuestra, como ¨expertos¨ en el sufrimiento humano, especialistas o no en duelo, decir a la comunidad y a los que están en la tarea de acompañar el sufrimiento humano, que el incendio en Valparaíso tiene rostro, nombre y apellido. En esas familias se instaló la incertidumbre el día 12 de abril.  Y eso significa la rutina interrumpida, pautas de interacción familiar rotas por días, semanas, meses,  proyectos aplazados por las necesidades inmediatas de sobrevivencia, lazos afectivos amenazados por los sentimientos paranoicos, niños sin colegio, dueñas de casa sin sus casas. La seguridad del cotidiano volatilizada en algunas horas, hace aún más penoso el dolor de la pérdida y obliga a esas familias a reorganizarse emocionalmente para enfrentar desafíos que se presentarán. Y no me refiero al desafío práctico; esa es tarea del Estado y del ciudadano consciente y solidario.  Me refiero al que tenemos los que nos dedicamos a ayudar a los que sufren.  

Hay pérdidas públicas que todos podemos ayudar a mitigar y a reconstruir.  Y privadas, a las cuales los medios no tienen acceso, que sólo se viven y comparten en la intimidad, en el interior de vínculos afectivos que son capaces de sostener el dolor, la humillación, la ignominia de haber perdido todo inesperadamente. Estos sentimientos abrumadores estarán presentes aún después de reconstruidas sus casas, reunidas sus familias y organizadas en nuevas rutinas de vida.  Debemos dar cabida y tolerar que se expresen, a que se duelan y se desgarren o que se recojan y se callen. Nuestro trabajo como especialistas, es acompañar y validar la realidad de la pérdida y de los distintos procesos de duelo, dentro de una misma familia y de la sociedad. Es ayudar a colocar palabras en la experiencia traumática, conmovernos con el sufrimiento del que somos testigos, sin dejar de identificar los mecanismos protectores individuales, familiares y grupales  que promueven la búsqueda de recursos sanadores.

En cualquier proceso de duelo, permitirnos quedarnos en el dolor, en la desesperanza, en el sin sentido y en el vacío por un rato, no es sinónimo de paralizarnos o inmovilizarnos. Más bien es necesario. Seamos capaces de tolerar el malestar y sostener la angustia y el horror en nosotros mismos, antes de dar vuelta a la hoja y pretender que otros lo hagan.   El proceso de duelo, es como preparar la masa del pan.  Hay que amasarla, mezclarla, manosearla hasta que esté lista; y sólo el panadero conoce el punto en que está lista para el horno. Como terapeutas, podemos acompañar y guiar a amasar la mezcla a quienes están en proceso de elaborar el dolor, pero no podemos incitarlos a que la metan al horno antes del tiempo. 

Ps. Claudia Ferreira Da Cunha

jueves, 27 de marzo de 2014

Magíster en Estudios Sistémicos Relacionales de la Familia y la Pareja

Muy contentos con la alianza IChTF-UAH para el Magíster Estudios Sistémicos Relacionales de la Familia y la Pareja que se encuentra en los últimos días de postulación para esta nueva y remozada versión. Compartimos una pequeña entrevista en que la Directora del programa, la Psicóloga Soledad Larraín contesta algunas de las preguntas más frecuentes acerca de nuestro Magíster.


¿Cuál es la particularidad de este Magíster respecto de otros en el área de la psicología?


La organización familiar y los modelos de familia han sufrido importantes cambios en las últimas décadas. Estos cambios deben permear el análisis teórico sobre el tema, como también las políticas sociales que se implementan en el país, las que están basadas en un concepto de familia, muchas veces ajena a su realidad actual. El Magister y Diplomado en Estudios Sistémicos Relacionales de la Familia y la Pareja, tiene por finalidad desarrollar una reflexión crítica respecto del desarrollo teórico de los estudios relativos a la Familia y la Pareja; desarrollar habilidades metodológicas para llevar a cabo investigación en las políticas sociales que hoy se están implementado en los temas relacionados con familia y las parejas y, por último, generar conocimiento que refleje la realidad de las estructuras familiares en Chile. 


¿Cuál es la relación que tiene el Magíster con el Post-Título de Terapia Sistémica de Familias y parejas del IChTF?
El Magíster es un proyecto conjunto entre el Instituto Chileno de Terapia Familiar (IChTF) y la Facultad de Psicología de la Universidad Alberto Hurtado (UAH). En este proyecto se pretende rescatar la amplia experiencia del ICHTF en la formación de terapeutas y la UAH aporta su experiencia y conocimientos en metodologías de la investigación social. Entre ambas instituciones se ha formado un espacio académico que profundiza el estudio de las temáticas vinculadas a la familia y la pareja actual. 

¿Qué aporta a los profesionales que ya se formaron como terapeutas familiares?
Les aporta un espacio de reflexión sobre la realidad familiar actual, como también habilidades metodológicas para generar conocimiento que se origine en la realidad familiar de nuestro país y en la propia práctica de los terapeutas. 

¿Y a los terapeutas familiares formados en el IChTF?
El Instituto Chileno de Terapia Familiar ha tomado la opción de diferenciar la formación terapéutica y dirigirla a través de su Post-Titulo de Terapia Sistémica de Familias y Parejas, a quienes están esencialmente interesados en el desarrollo de la psicoterapia y de habilidades clínicas. El Título de terapeuta del IChTF conduce a la acreditación como Especialista en Psicoterapia. Con la alianza con la UAH, los terapeutas ya formados, o en formación en el ICHTF, pueden complementar su formación ampliándola al campo de las políticas sociales, la evaluación de proyectos y la adquisición de herramientas de investigación. Con esto, pueden enriquecer sus conocimientos y prácticas y aportar en el campo de las políticas públicas y 
obtener el grado académico de Magíster.

¿Qué profesionales pueden optar a esta formación de post-grado?
Pueden optar todos los profesionales vinculados al trabajo con familias y parejas, como psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales, abogados, etc. Todos los profesionales que quieren incorporar o profundizar en sus miradas y prácticas el modelo sistémico relacional. 






Preguntas al correo magisterfamilia@uahurtado.cl dirigidos a la Coordinadora Académica Ps. Francisca Puga.

martes, 7 de enero de 2014

“Patrimonio histórico y emocional del Instituto Chileno de Terapia Familiar: La Historia después de la primera década"

2013 fue el año de la celebración de los 30 años del Instituto Chileno de Terapia Familiar y aún cuando vamos dejando atrás lo vivido como parte de los festejos, quedarán en nuestros recuerdos los momentos especiales de cada una de las actividades.
Queremos terminar esta etapa compartiendo la historia narrada por la Presidenta del Instituto en el encuentro Institucional de La Leonera. Porque toda institución que crece y se renueva necesita conocer y hacer suya la historia que funda el presente. La historia a partir de los 10  años de fundación del IChTF, vivida y contada en primera persona, para que cada uno recuerde su propia historia institucional y para que sea conocida por quienes se han unido más tarde.

A los amigos y amigas que han estado cerca o por momentos han sido parte de esta historia, nuestro abrazo fraterno y gratitud.



lunes, 2 de diciembre de 2013

Ceremonia Titulación Terapeutas Familiares y de Pareja 2013

Terapeutas Familiares y de Pareja IChTF 2013
32 nuevos psicólogos y psiquiatras recibieron su título de Terapeutas Familiares y de Parejas del IChTF. La ceremonia de titulación 2013 permitió celebrar el enorme esfuerzo que este grupo de profesionales realizó tanto en Santiago como en las diferentes regiones en las que hemos formado terapeutas. Los felicitamos de corazón por llegar hasta este momento tan esperado. Sabemos que serán grandes embajadores del Instituto Chileno de Terapia Familiar.

Se titularon el 22 de Noviembre:

Antofagasta:

Carolina Alday M.; Ingrid Alfaro M.; Susana Díaz A.; Mariela Flores B.; Karla Gaete T.; Mónica Guzmán G.; Norma Molina M.; Patricio Ramírez N.;
Talca:
Gicela Cáceres A.; Cecilia Cisternas I.; Carolina Mora R.; María Ignacia Sepúlveda R.;
Valparaíso:
Loreto Lillo A. 
La Serena
Hugo Rojas J.; Claudia Valladares V.
Santiago:
Paulina Álvarez Z.; Cristián Anuch J.; Álvaro Campos M.; Alejandra Cobos, S.; Constanza Contreras N.; Cristián Dacaret Z.; María José García R.; Ester Hasson C.; Isabel Jarpa M.; Valerie Jeanneret M.; Alejandra Kuthe F.; María de la Luz Mesa M.; Paulina Peña F.; Alejandra Pérez S.; M. Alejandra Rivera S.; Cecilia Sostín R.; M. Gabriela S.

Compartimos con Ustedes el discurso con que la Presidenta del IChTF recibió a los terapeutas titulados y sus familias.

Estamos llegando al fin de un ciclo y con él, al comienzo de otro, para cada uno de quienes se titulan hoy  como terapeutas familiares y de pareja del Instituto Chileno de Terapia Familiar. También es un final para sus familias, que inevitablemente ven interferidas durante algo más de dos años sus rutinas y sus vidas. También es el fin de un nuevo ciclo para nosotros.

Están reunidos acá terapeutas que se formaron en distintos momentos, algunos hace muchos años ya,  que con perseverancia han logrado que el esfuerzo se materialice en el título que hoy recibirán. Otros, recién hasta hace pocos  meses   eran alumnos regulares de nuestro programa. También hay terapeutas que se formaron y viven  en diferentes ciudades de nuestro país –Valparaíso, Talca, La Serena  y Antofagasta- Psicólogos y psiquiatras, que  se desempeñan laboralmente en diferentes ámbitos, pero todos con la experiencia común de haber vivido un proceso de formación como terapeutas de familias y parejas en nuestro instituto.
Todos ustedes, algunos desde hace algún tiempo y otros, a partir de hoy, recorrerán  diferentes caminos y llevarán lo que han aprendido y vivido con nosotros a los lugares por lo que pasen, a los lugares a los que lleguen, y por supuesto, a los lugares en que se queden.
Esos lugares que habitarán con lo adquirido acá, no son sólo sus lugares de trabajo y, aquello que se llevan, no son sólo herramientas profesionales. Al menos, eso es lo que esperamos. Hemos pensado y nos involucramos en el programa de formación pensando en que persona y terapeuta son una unidad indisoluble y confiamos en que se llevan una particular manera de entender y participar de las relaciones humanas, más allá de la relación terapeuta- paciente y más allá de la práctica clínica.
Confiamos en que les hemos logrado transmitir una ética de las relaciones que los invita a ver el modo en que participan en ellas y no sólo lo que los otros hacen en ellas. Una ética que los - y nos -hace responsables de lo que aportamos a las relaciones tanto en sus dificultades y sufrimiento como en el crecimiento y en los aspectos amorosos de ellas. Una ética que surge de mirarnos como participantes y no sólo como observadores de realidades que ocurren independientemente de nosotros.
Desde esta perspectiva, aquello que se llevan, lo construimos juntos. Aquello que se llevan, fue posible porque estábamos nosotros y estaban ustedes en un tiempo y en un lugar que nos acogió. La formación que tuvieron fue el resultado de la danza que danzamos juntos. Danza que como la vida, tuvo momentos de encuentro, felicidad, satisfacción, armonía y gratitud y otros de desencuentro, de frustraciones, de penas y de más de algún tropezón por ahí. Alguien podría decir “a pesar de eso, construimos”. A nosotros nos gusta pensar: Con todo eso construimos”. “A partir de eso construimos”.
Con lo construido, todos aprendimos. Crecieron ustedes y crecimos nosotros. Ustedes aprendieron modos de mirar, modos de hacer, modos de estar en las relaciones. Nosotros también, pero además, aprendimos cómo construir aprendizajes para los tiempos actuales y una vez más nos sentimos  interpelados a repensarnos y a ir ajustando nuestra formación y nuestra acción como docentes y supervisores a las necesidades formativas de los terapeutas de hoy. Ustedes, no son los terapeutas de antes. Como dijo Neruda….”nosotros los de entonces, ya no somos los mismos”
Sin duda, también aprendimos para nuestras propias prácticas como terapeutas y como supervisores. Aprendimos de las familias y parejas que supervisamos y también de los terapeutas que las atendieron. Aprendimos de sus aciertos y desaciertos. Incorporamos ideas nuevas y prácticas que sin duda enriquecieron el bagaje con que llegamos cada año a encontrarnos con los nuevos grupos.
Es impresionante como cada año es un nuevo desafío. Desde hace  tres décadas  formamos terapeutas familiares y de pareja. Durante todo este año hemos celebrado los 30 años desde la fundación de esta institución. Por eso esta ceremonia es especial,  es la ceremonia de titulación de los 30 años y eso los hace a ustedes también titulados especiales.
Durante estos 30 años muchas cosas han cambiado en el Instituto, pero  la esencia, sigue siendo la misma. Cada año se incorporan 20 terapeutas en formación en Santiago y más o menos la misma cantidad en regiones. El equipo de docentes y supervisores tiene una gran estabilidad y quienes se incorporan a él comparten el sello de los que ya estamos. Cada año los programas tienen variaciones, pero la esencia es la misma.  Entonces, es lo mismo, pero nunca es lo mismo. Como Marguerite Yourcenar  dice en  Una vuelta por mi cárcel, "No vemos dos veces el mismo cerezo ni la misma luna sobre la que se recorta un pino. Todo momento es el último porque es único”.
Así es, cada grupo que pasa por este instituto es único, cada uno de ustedes es único y con ustedes hemos establecido una relación que no se repetirá. No al menos de la manera que fue con ustedes. Yo, y creo que cada uno de los docentes y supervisores involucrados en su formación, atesoramos momentos y recuerdos que son parte constitutiva de lo que vamos siendo como supervisoras y supervisores. Mi ser supervisora se ha ido constituyendo en la relación con cada uno de mis supervisados. Así creo, ha sido para todos nosotros.
Esto  está al centro de nuestro modelo formativo, y se expresa en distintos planos: por una parte, en el modelo de supervisión centrado en la persona del terapeuta, y, a la vez, en la idea que el profesor y el supervisor también están incluidos como personas en el trabajo formativo.”

Pensamos que el encuentro docente-alumno, supervisor-alumno es antes que nada un encuentro humano, luego, un encuentro profesional. Lo mismo pensamos de la relación terapeuta-consultante. Antes que nada, un  encuentro humano, un encuentro de personas que entran en una conexión que es emocional y racional. Que se conectan como cada uno de ustedes se conectó en los grupos de los cuales formaron parte y con los supervisores que guiaron su formación.

Nos gusta la idea de partes interconectadas formando un todo que a su vez, es más que la suma de las partes. Idea tan antigua como fresca cuando la llevamos a la realidad de las relaciones y de la comprensión del mundo y de sus acontecimientos como eventos todos interconectados. Queremos que sigan sus caminos con conciencia de esta conexión infinita, con la idea de  que somos parte del mundo en que vivimos y que lo que logren hacer en sus espacios de trabajo va a influir mucho más allá del espacio de sus consultas u oficinas.
En esta especie de “envío”…los despedimos para que salgan a contribuir a  través de sus trabajos y a poner sus esfuerzos en la construcción de relaciones más fraternas, más solidarias, más responsables con los otros. A hacer esto con cada persona, con cada pareja, con cada familia, con cada grupo con los que tengan la oportunidad de encontrarse. Porque de este modo, nuestro trabajo y nuestro esfuerzo también tiene sentido.
Estamos en ustedes y ustedes en nosotros
Muchas gracias por la confianza en que podríamos aportarles a ser mejores profesionales y mejores personas.
Me despido con la frase del increíble pintor uruguayo Carlos Páez Vilaró, cuya vida y obra son tan hermosas como emocionantes y con quien tuve un encuentro de esos que nos conectan con el sentido profundo de estar en este mundo: “ La vida es una excusa para encontrar la manera de vivirla.”
Ojalá cada uno de ustedes encuentre cada día una mejor manera de vivir  sus vidas. Ojalá en su paso por el Instituto Chileno de Terapia Familiar hayan encontrado ideas, personas, valores, reflexiones y otros  que los ayuden en ese camino.

Gracias por ser parte de esta historia y mucho éxito en sus vidas.

Ps. Claudia Cáceres Pérez
Presidenta
Instituto Chileno de Terapia Familiar

jueves, 21 de noviembre de 2013

Cuando el camino a la fertilidad es a alta velocidad


La tecnología actual ha impactado nuestras vidas, permitiendo llegar a lugares nunca antes pensados, y lo que es más sorprendente, con una velocidad asombrosa. En este marco, las autopistas urbanas han marcado una diferencia notable, ya que permiten atravesar una ciudad compleja en pocos minutos, sin necesidad de ir deteniéndose en semáforos, cruces y en definitiva, sin necesidad de mirar la ciudad. 

Así sucede con las parejas que se involucran en tratamientos para la infertilidad: abordan un tratamiento que los conduce rápidamente por un camino, sin detenerse a mirar y a veces sin conocer el entorno por el cual circulan. En este proceso se agradece a la ciencia que ha permitido avanzar tanto y tan rápido, pero al igual que en las autopistas, a veces se necesita información clara y oportuna, que les permita a las parejas conocer cuáles son los posibles caminos a seguir y decidir cuánto trayecto de este camino realmente desean recorrer. 

Porque en el caso de los automóviles, cuando se enfilan por una autopista de alta velocidad, se hace difícil reconocer a tiempo los desvíos necesarios para salir. A esto se le suma que miles de automóviles ejercen presión sobre el que quiere circular a un ritmo más lento. Es que la presión social por la búsqueda del anhelado hijo biológico no permite hacer detenciones en el camino.

Siguiendo con la analogía planteada en un principio, se trataría de un automóvil que es conducido por un miembro de la pareja, mientras el otro generalmente es el copiloto. A veces se alternan, a veces es siempre el mismo[1].

El piloto es quien asume la conducción del tratamiento y quien se responsabiliza por seguir las instrucciones del camino y llegar a destino. El copiloto por su parte, puede adoptar distintas actitudes: ir atento a las señales colaborando con el piloto; descansar al lado del conductor relajadamente; o dar instrucciones irritantes, entre otras, pudiendo intercambiarse la pareja sus roles.

En nuestra experiencia, nos hemos encontrado con parejas que han hecho una serie de fertilizaciones asistidas y que pueden llevar incluso hasta 18 fertilizaciones in vitro; otras que han tenido numerosos abortos espontáneos; otras que a veces llevan más de 10 años en tratamiento, y sin embargo, muchas de ellas aún continúan, a pesar del desgaste físico, emocional y económico que esto les pueda significar. 

Cada camino es único para cada pareja. Nuestro trabajo es ayudarlos a visualizar en qué camino están, como es y ha sido y cuáles son los desafíos que implica. En nuestro rol de terapeutas vemos la necesidad de acompañarlos en su recorrido y para ello es necesario detenerse. En palabras de una pareja atendida en nuestra unidad: “nos subieron a un carro y no tuvimos oportunidad para conversar y reflexionar”. Aquí aparece la “berma” como alternativa en el trayecto, que sería el equivalente al espacio terapéutico. ¿Cómo entra entonces un terapeuta a apoyar en estos casos? ¿Qué rol debería tener?

Como Unidad de Familia, Fertilidad y Adopción, pensamos que nuestro rol principal es ayudar a las parejas a reflexionar sobre lo que están viviendo, cada uno y en conjunto; empoderarse sobre sí mismos y sobre lo que quieren hacer. El desafío es aliarse con la esperanza y el deseo de un hijo biológico sin dejar de lado su experiencia, y sus proyectos a futuro. Es así como el terapeuta adopta una postura de validar la experiencia de la pareja y también mostrar las dificultades que han tenido en este proceso. 

En este sentido, la terapia se convierte en un espacio de contención, de apoyo, de comunicación, de abordar las experiencias fallidas de fertilidad, y de qué le ocurre a cada uno de ellos en este proceso. Es importante reconocer y abordar la atribución de significados y creencias que tienen cada uno respecto a los tratamientos y a la paternidad, a objeto de favorecer en ellos mayor intimidad emocional y una comprensión común y favorable del proceso vivido para que puedan ir tomando decisiones en conjunto, decisiones en las que el sentir de cada uno pueda ser tomado en cuenta.

Podemos visualizar como logro terapéutico cuando la pareja integra la infertilidad como parte de la vida y no como un todo, la infertilidad no los define como personas ni como pareja, sino que se transforma en una experiencia más de la vida en conjunto. Para ello se hace necesario que la pareja logre empoderarse en relación a si desea o no continuar con los tratamientos médicos, y si finalmente la paternidad es una forma de vida para ellos.

Nuestro rol también es introducir elementos de psicoeducación que favorezcan el que la pareja pueda tomar decisiones informadas, y normalicen conductas que puedan ser evaluadas como extrañas, entre las que se encuentran no querer visitar amigas embarazadas o sentir celos por el nacimiento de hijos de amigos.

Desde la berma se pueden visualizar las alternativas posibles: seguir o no por la autopista; mirar y entender el mapa, ver donde están las salidas y acordar cuál tomar. 

Afortunadamente las autopistas siempre tienen una berma al costado del camino o zonas seguras donde poder detenerse y hacer una llamada….




Unidad de Familia, Fertilidad y Adopción

Ps. María Inés Castro

Ps. Soledad Cifuentes

Ps. Valentina Iacobelli

Ps. Alejandra Martinez

Ps. Yvette Yunis

Ps. Astrid Villouta



[1] La sociedad y la ciencia, en forma emergente, se han abierto a la posibilidad de un camino a la fertilidad que puede ser abordado por una sola persona. En esta oportunidad nos referiremos a los tratamientos que realizan parejas heterosexuales.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Seminario Internacional Lo de siempre y lo emergente: Pensar lo sistémico 30 años después

Algunos días después, aún resuenan ecos de la experiencia vivida en el seminario y en los talleres.  Desde muy diferentes lugares hemos recibido impresiones de lo que fue, incluso de personas que no estuvieron ahí. Es impresionante cómo las ondas que produjo han llegado tan lejos….y tan cerca.


H. Anderson y Ps. M. Becerra (UAH)
Siempre pensamos que iba a ser una actividad diferente. La organizamos pensando en que hubiera  presentación de posturas, que hubiera reflexión, que hubiera diálogo. Sabíamos que  podríamos sorprendernos, sabíamos que nuestros invitados internacionales  se paraban desde lugares extraordinariamente diferentes en su mirada y comprensión de la  terapia. Tal como  se dijo  en el discurso  de inicio....  “En medio de la vida agitada en que vivimos, todos los que aquí estamos, nos hemos dado un espacio para detenernos hoy, mañana y algunos también, pasado mañana…. Para pensar, para descubrir, para renovar ideas, para experimentar emociones, para confundirnos, para sorprendernos.   Nos hemos dado un tiempo para salir de los automatismos en los que nos sumergimos y para abrirnos a la novedad y a la perturbación.

Brad & Hillary Keeney
Y, así fue. Por distintas razones y de diferentes modos, quienes estuvimos ahí, quedamos perturbados, interpelados, emocionados, revolucionados. Queríamos que surgieran espacios de reflexión a partir de las diferencias. Y, así fue.  Queríamos que la experiencia no fuera posible encontrar en los libros. Y, así fue. Queríamos mostrar la excelencia de los desarrollos que hacemos en nuestro Instituto a través de nuestros docentes. Y, así fue. Queríamos que fuese una actividad que honrara los 30 años del Instituto Chileno de Terapia Familiar en su espíritu, abierto, diverso, involucrado, comprometido. Y, así fue.

Dr. S. Bernales (IChTF)
Quienes ahí estuvimos, tuvimos el privilegio de, más allá de modelos y teorías, ver transitar ante nuestros ojos y sentir la experiencia de la evolución de la terapia sistémica en voz y actos de algunos de sus protagonistas más destacados.

Ya dimos las gracias a todos quienes hicieron que esta celebración fuera posible. Con el fondo de “Gracias a la vida” cantado por Sergio Barroilhet, agradecimos a los  asistentes, a los invitados nacionales e internacionales, a los panelistas, a quienes organizaron, a los amigos y amigas de siempre y a aquellos y aquellas que a partir de ese día se incorporan también a nuestra familia.

Dr. E. Carrasco (IChTF)
Nos vemos  en 2018, cuando celebremos los 35 años del Instituto Chileno de Terapia Familiar.

Discurso inaugural completo 



Departamento de Extensión